Protagonista de Four Last Things, creado por Joe Richardson. | Equilateral
Críticas

Four Last Things: el (absurdo) Renacimiento de la aventura gráfica

Protagonista de Four Last Things, creado por Joe Richardson. | Equilateral

Four Last Things rescata lo más característico del género de la aventura gráfica sirviéndose de una mecánica point-and-click decorada con pinceladas de humor, surrealismo y referencias culturales de la modernidad.

Four Last Things introduce su propuesta formal y estética desde el inicio, llevándonos como primer escenario a una versión animada de El Jardín de las Delicias, una de las obras más ilustres de El Bosco. Es una decisión artística apropiada para establecer la experiencia de esta breve (de entre una y dos horas de duración) aunque memorable aventura gráfica en 2D, financiada mediante Kickstarter y creada únicamente por el escocés Joe Richardson, autor de The Preposterous Awesomeness of Everything (2016), del mismo género. Las referencias al humor característicamente británico de los Monty Python son imperdibles, así como las ilustraciones de Terry Gilliam que abundan en su serie Monty Python’s Flying Circus y otras películas del grupo cómico. El humor absurdo de Richardson se apoya también en numerosas ocasiones en las rupturas de la cuarta pared, a menudo sorprendentes.

Four Last Things

El famoso bebé bailón (esquina inferior izquierda) ya danzaba en el Renacimiento. | Equilateral

La característica más notoria de Four Last Things consiste en que cada personaje y escenario del mismo está basado en collages de cuadros de El Bosco, Jan Van Eyck, Pieter Brueghel Junior, Pieter Brueghel Senior y otros pintores, conformando un auténtico all-star de la pintura renacentista (con cameo de Francisco de Goya incluido), haciendo las delicias de los profesores de Historia del Arte por todo el mundo. Cada personaje y elementos de la escena han sido animados de manera minuciosa, un trabajo arduo y complejo que Richardson ha sabido resolver con soltura para poder llevar al juego su original planteamiento. La música también ha sido elegida de manera coherente con respecto a la temática que reside bajo Four Last Things, con obras de Bach, Vivaldi, Toscanini o Erik Satie entre otros. Si tienes que elegir música sin derechos de autor: ¿qué mejor que escoger entre las mejores sinfonías de música clásica?

Four Last Things

En la galería podemos deleitarnos con todos los cuadros que forman parte del juego. | Equilateral

El argumento sirve más como excusa para sostener la elección formal que como base fundamental del juego. En Four Last Things encarnamos a un protagonista sin nombre, aparentemente un viajero mercante del norte de Europa en la época del Renacimiento, que se encuentra en la Iglesia de San Pedro con la intención de confesar sus pecados. En un kafkiano giro de los acontecimientos, los responsables de dicha iglesia se niegan a escuchar su confesión puesto que su jurisdicción se lo impide, pero revelan un pequeño vacío legal con el cual nuestro protagonista sí podría confesarse: tiene que realizar los siete pecados capitales dentro de los límites de la zona a la que pertenece esta congregación. Sin duda un origen absurdo de una trama absurda, un guiño a la burocracia y corrupción que dieron pie a la reforma protestante.

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Una ruleta de pecados nos felicita por cuál acabamos de realizar. | Equilateral

Pese al contexto histórico, no es (estrictamente) necesario haber sacado matrícula de honor en selectividad para disfrutar de este juego. Tampoco es necesario quebrarse demasiado la cabeza con los acertijos que propone, no es una de esas sesudas aventuras gráficas en las que debemos ir probando cada acción posible hasta dar con la tecla. Four Last Things hace hincapié en el humor y en su propuesta formal, y es plenamente consciente de los fundamentos del point-and-click 2D, haciendo mención directa en más de una ocasión a una de sus claras inspiraciones, Monkey Island. Es de la tercera entrega de la mítica saga de Lucas Arts de donde saca su autor la interfaz para este juego, con un intuitivo panel de botones e inventario. Cuenta con un rico arsenal de referencias clásicas, que hace que jugarlo sea una experiencia colorida y pintoresca. Su dificultad y duración pueden saber a poco para los amantes del género point-and-click, pero con potencial para convertirse en una pieza de culto rara y muy especial en la que otros juegos pueden reflejarse.

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El retrato original que sirve de imagen al rostro del protagonista. | Equilateral

Aunque pueda parecer lo contrario, su tono general es leve e ingenioso, siguiendo el precepto británico que dice que “brevity is the soul of wit” (algo así como que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”). Es en lo absurdo donde habita el mensaje del juego, digno de la obra de Kafka, pues ambos orbitan cerca de la irracionalidad del ser humano y del poder de la burocracia, más que de un profundo comentario religioso o una crítica de algún tipo. Mezclar estas absurdas referencias junto a un tono humorístico tan remarcado y con el trasfondo del Renacimiento y el Cristianismo, todo a través de unas animaciones tan particulares, convierte a Four Last Things en un gran éxito para su autor. Tras este proyecto conviene tener el nombre de Joe Richardson en cuenta para ver qué viene después de esto: tanto si se atreve a dar el paso a un juego de mayor duración y complejidad o si prefiere quedarse en este formato más liviano y fresco, esperamos creaciones tan originales y divertidas como esta.

Una última cosa: no olvidéis probar qué pasa al pulsar el clic derecho.

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Incluso los créditos esconden alguna broma. | Equilateral

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