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Bloodborne, o cómo rechacé a la chica más guapa del pub

Nadie podrá negar que Bloodborne es una maravilla, pero al igual que una chica guapa que rechacé en un pub, jamás terminó de enamorarme.

Pongamos que son las 6 de la mañana un sábado cualquiera de mi existencia. El estado físico-mental en el que me encuentro es bastante obvio. Instantes previos llegaba tambaleándome a casa, incapaz de explicar cómo he ingerido ciertas sustancias alimenticias o etílicas sin devolverlas a la naturaleza, pero sobradamente preparado para impartir una ponencia científica versada en el surgimiento circunstancial del amor humano a raíz del nimio detalle que es la mirada de una mujer en un oscuro pub donde no alcanzas a verte ni los zapatos. Un estado en el que es obligatorio dormir la mona cuanto antes, objetivo que cumpliría gustoso si mi vecino no tuviera complejo de Bloodborne. Este sujeto se despierta puntual como un metrónomo a las 6 de la mañana, casi que puedo escuchar a su muñeca de trapo dándole los buenos días con un bienvenido a Yharnam querido cazador. Y podría ser un hecho mágico, que aceptaría con una sonrisa, si la actividad de trasladar su oronda figura al coto a matar conejos con una vieja escopeta no estuviera rodeada de esa aura de caspa española. El antimorbo. Por ello, si queréis quedaros con un comentario fácil y no leer más, algo que no os reprocharía nunca  malditos bastardos, que Bloodborne consiga ser un gran juego basándose en la premisa de un cazador suelto en la ciudad para, si, matar bestias, convierte automáticamente a sus desarrolladores en genios.

Bienvenido a Yharnam querido cazador

Bienvenido a Yharnam querido cazador

Pero en fin, peco de inocente pidiendo un poco de épica a mi vecino en la realización de sus actividades cotidianas. Tal vez ayudaría que la ambientación no fuera tan cutre como es el panorama visual de mi pueblo. Los arquitectos encargados de diseñar mi vecindario jamás podrán competir con la imaginativa de From Software. Hay temáticas que dependen de gustos y hablar de ellas supone hacer un ejercicio de valoración tan subjetivo que acabaría perdiéndose en lo abstracto, algo así como parar a discutir con el mejorado modelo Cani-2015 acerca del tipo de música que se debe pinchar en las discotecas. Pero este no es el caso.

Bloodborne se recrea hasta quedar extasiado en la bella Yharnam, una ciudad tan cautivadora como tétrica, o en ese Bosque Prohibido que deja en pañales el cartón piedra del homónimo paraje de la saga Harry Potter. Toda edificación de Yharnam se desarrolla dentro de un estilo arquitectónico gótico que une características tan propias de la Inglaterra victoriana como de cualquier ciudad europea de la Baja Edad Media, no equiparables a un barrio de clase media español pero, vaya, que tampoco está tan mal. Es un objetivo ambicioso, y muy arriesgado, que cumple con creces la compañía japonesa From Software, lo que me hace sonreír al pensar en la autopromoción que se dedica Ubisoft por la multiculturalidad del equipo de realización de Assassin’s Creed. La influencia de autores de literatura fantástica y de terror como H.P. Lovecraft o Washington Irving, ambos norteamericanos pero marcados por historias de brujas surgidas en el viejo continente, se palpa en los ambientes de Bloodborne. Hasta el punto de que esperas en cualquier momento la aparición de un jinete decapitado cuando paseas con el cazador por Hemwick, como si de la villa de Sleepy Hollow se tratase. Y esto mola, si, pero no todo va a ser rosas a sus pies señora.

Bloodborne escenarios

La atracción sexual es una reacción química que aparece en cuestión de segundos, basta con un simple vistazo a una persona para decidir si quieres o no arrancarle gemidos en tu estrecha cama de solitario pajillero. En el caso de Bloodborne esa primera mirada te atrapa hasta el punto de que distrae de su trasfondo. En un principio te crees el amo por haberte ligado a la más guapa de la discoteca, pero con el tiempo te planteas si no hubiera sido mejor que todo hubiera quedado en sexo loco y salvaje, pero de una sola noche. Quiero decir, el juego es muy entretenido, es una chica muy guapa y que además parece saber moverse. Pero el sentimiento… Eso son palabras mayores y, aunque me duele admitirlo, Bloodborne no es un juego del que me haya enamorado. ¿El motivo? Que una primera, y seductora, mirada no basta si la historia no está a la altura. Por esto (y por mi careto) no consigo ligar nunca en una discoteca.

Como es una característica habitual en un videojuego de From Software, la historia está llena de demasiadas ambigüedades y la falta de respuestas para los interrogantes que continuamente se van abriendo da la sensación de que el producto final no está acabado. Quizás habría sido más sencillo, no sé, contar las vivencias de un cazador al que se le ha encomendado la tarea de, valga la redundancia, cazar toda bestia maldita que asola en esta noche la antigua ciudad de Yharnam, un cazador cuyo mayor vínculo sentimental lo tiene con una muñeca de trapo que llega a ser emocionalmente más compleja que él mismo… Amsss, si… Que esto es Bloodborne. Bueno, pues solucionémoslo con tres posibles finales. Listo, ¡somos unos genios!

Querido cazador, soy más alta que tu

Querido cazador, soy más alta que tu y lo sabes

Va a ser que no. Me impiden en todo momento sentir empatía por un protagonista del que no sé mucho pero por el que tampoco tengo ganas de conocer más. Tal vez esta sea la clave. Por comparar con otro gran producto, The Last of Us también sigue las características de horror survival que presenta Bloodborne, pero tiene algo más. Ese trasfondo que echo en falta en el último lanzamiento de From Software, ese vínculo que establece el jugador tanto con Joel como con Ellie que hace que busques suministros como un condenado loco con el fin de poder cuidar a tus personajes y no con el objetivo de matar al siguiente monstruo. A fin y al cabo, las cosas que nos hacen humanos son aquellas que no son necesarias para la supervivencia. Y en Bloodborne la humanidad brilla por su ausencia. Seré un bicho raro, pero por esta misma causa me intereso más por mi vecino que por la chica del pub. En fin, va siendo hora de ir a dormir…

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