Artículos de opinión

Child of Light: una OST de cuento

Fanart de Aurora. | Aliphelps

Me van a permitir que empiece este artículo recordando un episodio de mi infancia.

No mediría yo más de dos palmos, los pantaloncillos vaqueros desgastados de caerme al correr, las mejillas coloradas, el pelo revuelto. En la mano, una espada. Hecha a mi pequeño tamaño. De madera. Tuve muchas, porque las partía sin miramientos durante mis batallas imaginarias, y mi abuelo, con la paciencia infinita que dan los años, me fabricaba siempre una nueva. Una y otra vez. Él era herrero y yo, aprendiz de caballero, torpe y desaliñada. Tampoco he cambiado tanto, después de todo.

Con los años, me he dado cuenta de que a las niñas hay que darles espadas de madera, para que aprendan desde pequeñas a pelear. A luchar sin necesidad de esperar que aparezca alguien que lo haga por ellas.

Así empieza la historia de Aurora, la odisea de la pequeña princesa que despierta en el mágico e imaginario continente de Lemuria. Arrastrando una gigantesca espada tras de sí, y una corona que le viene grande, la pequeña se ve envuelta en una lucha contra las criaturas de la Reina de la Oscuridad para poder regresar a Austria junto a su padre. Pero no temáis, Aurora es la Niña de la Luz, la del pelo revuelto, rojo y ondeante, la que aprendió a volar sin alas.

Aurora en el bosque de Lemuria. | Gamersyde

Aurora en el bosque de Lemuria. | Gamersyde

Justo en el momento en el que Aurora abre los ojos, empieza la magia. Es como desempolvar un viejo libro, y leerlo a través de una pantalla. La poesía, la música y el trabajo artístico de Child of Light llega a nuestros sentidos como una voz arrulladora, lectora de cuentos. No adormece, tranquiliza; no aburre, relaja; no amodorra, emociona.

Pero sin lugar a dudas, es la música lo que nos hace adentrarnos de cabeza en ese bosque de Lemuria, ese manto de hojas sobre el que despierta nuestra princesa. Una banda sonora compuesta por el grupo francés Coeur de Pirate, y que eleva al piano a la categoría de protagonista. Una música que consigue que sientas las briznas de hierbas entre tus pies descalzos, el viento suave de la magia revoloteándote el pelo y removiéndote el vestido.

Las primeras notas de Pilgrim on a Long Journey o la delicadeza de Off to Sleep, hacen que me pare a reflexionar sobre a dónde estamos yendo con los videojuegos. Quien es capaz de decirme que no tiene un hueco en el mundo del arte, es porque la estupidez le ha dejado ciego y sordo. No puedes permanecer impasible ante diálogos que, al estar escritos en lírica forma, invitan a que sean leídos a la par que cantados. No puedes ignorar el pincel de Yoshitaka Amano, fiel acompañante visual que ayuda a que la imaginación se tome un descanso de buena gana.

Es la música también esencial para la misma Aurora: gracias a la melodía que le enseñó su madre, la pequeña espanta todos sus temores al tocarla con su flauta de madera. Porque para eso está esa canción, para recordarnos el respiro que hay que tomar antes de continuar luchando.

Hace ya un año que conocí a Aurora. Muchos hay que se quejan de lo corta que es su aventura, y no les culpo, porque yo misma me quedé hambrienta de más paseos por Lemuria. Sin embargo, he aprendido a tomar prestado un rato a la rutina, para tumbarme en la cama y dejar que sea el piano de Child of Light el que me haga olvidar las batallas del día a día.

Una y otra vez, vuelvo a ese bosque mágico donde comenzó la hazaña de Aurora, aunque esas veces que os digo que me puedo escapar del tedio, soy yo la que lleva una espada y reanuda la aventura.

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