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Yo no soy gamer

Yo no soy gamer. | Anónimo
Yo no soy gamer. | Anónimo

Gamer, esa palabra que vemos a día de hoy en el noventa por ciento de los vídeos de YouTube y cada vez más en los medios especializados en videojuegos. Y a todo esto, ¿qué demonios es un gamer? Porque yo no lo soy, ¿y tú? Sea cual sea la respuesta, me vas a permitir que te presente a mi amigo Alberto. Esta es su historia.

Alberto es un chico normal al que le gustan los videojuegos. Le gustan bastante además. Lleva casi toda su vida jugando, intenta jugar a la mayoría de los títulos actuales y tiene incluso su propia lista de juegos favoritos. Pero un día, hablando con una amiga suya sobre videojuegos, salió el tema de Half-Life 3. Alberto tuvo que decir que él no había jugado a la saga Half-Life, y que por lo tanto no esperaba tanto esa tercera parte. Su amiga quedó consternada ante estas declaraciones. “¿Cómo es posible que no hayas jugado a Half-Life? ¡Sí es una de las mejores sagas de videojuegos de todos los tiempos! ¿Y no esperas a que llegue Half-Life 3 como si fuera la segunda venida de GabeN (lo que la amiga de Alberto entendía como Cristo)?”.

Entonces fue cuando llegó la pregunta clave: “¿Cómo puedes llamarte a ti mismo gamer?”.

Alberto estuvo atormentándose durante el día entero a causa de lo que su amiga le había dicho. “Es cierto, no soy un verdadero gamer si no he jugado a Half-Life y automáticamente lo catapulto al olimpo de los videojuegos cada vez que hablo sobre él”. Así que Alberto decidió, de una vez por todas, jugar a Half-Life.

Jugó al primero, jugó al primero en su versión con Source, y también jugó al segundo y a los dos episodios del segundo. Incluso empezó este remake en early access llamado Black Mesa y lo dejó a medias porque ya era la tercera vez que se pasaba el mismo juego. Pero ya estaba listo, ya había jugado a todos los Half-Life y se estaba haciendo las mejores ilusiones de las que era capaz con la llegada de una posible tercera entrega. Alberto ya era un verdadero gamer.

Imágenes exclusivas de Alberto jugando a Half-Life en modo True Gamer | Blogofmanly

Imágenes exclusivas de Alberto jugando a Half-Life en modo True Gamer. | Blogofmanly

Entonces, de vuelta a su vida social, se encontró a sí mismo hablando sobre videojuegos con otro amigo suyo. Esta vez surgió el tema del remake de Final Fantasy VII. Alberto, una vez más, no podía decir mucho sobre el tema porque no había jugado a Final Fantasy VII. De hecho, no había jugado a casi ningún título de la saga. Su amigo entornó una mueca que mezclaba extrañeza y sorpresa: “¿Cómo que no has jugado a Final Fantasy VII? ¡Si es el mejor videojuego de todos los tiempos! ¡Si eres un auténtico gamer debes esperar su remake como agua de mayo!”.

A causa de esto, Alberto volvió a cuestionarse su integridad como gamer y decidió jugar a Final Fantasy VII para solucionarlo. El juego le resultó algo pesado, ya que era muy largo y él tenía ganas de jugar a otras cosas en ese momento, pero necesitaba jugarlo para ser un gamer de verdad. Y así lo hizo, se lo pasó entero. Consiguió el Omnilátigo de Cloud e incluso derrotó a las armas Rubí y Esmeralda. Hasta probó todos los trucos que había en internet para resucitar a Aeris a sabiendas de que eran mentira. Ahora ya no iba a ningún sitio sin decir antes “allé voy”. El remake de Final Fantasy VII había sido anunciado y él estallaba de euforia cada vez que alguien lo mencionaba.

Ya constituido como verdadero gamer entre los que más, Alberto quedó con un grupo de amigos para dar una vuelta. Sus amigos no paraban de hablar de League of Legends, o LoL, como ellos lo llamaban. Que si “feedear” por aquí, “carrilear” por allá, “bronza” por otro lado (normalmente acompañado de algún “noob” o un insulto similar). Una vez más, Alberto no podía hablar porque no jugaba a LoL y no entendía nada de lo que estaban diciendo. “Tío, deberías jugar al LoL” le solían decir sus amigos. Ellos se consideraban a sí mismos gamers así que, tendría que jugar.

Cuando lo probó no solo se encontró con que le era casi imposible resultar medianamente bueno jugando, sino que sus amigos no paraban de insultarle a él y de insultarse entre ellos. Resulta que para ser un auténtico gamer de pro, no solo basta con jugar a LoL, además tienes que subir como mínimo a la liga platino y hacer como un pentakill en cada partida (y eso que Alberto ni siquiera sabía lo que era eso). De lo contrario, serías un noob y merecías desinstalar el juego. Y eso mismo acabó haciendo Alberto.

Se dio cuenta de que, no solo le era imposible llegar a un nivel de habilidad aceptable en un plazo de tiempo corto, sino de que tampoco disfrutaba nada jugando a ese juego. Y por supuesto, no quería pelearse con sus amigos por culpa de eso. Así que, en fin, igual no era tan gamer, pensó.

Más imágenes en primicia de los amigos de Alberto jugando a LoL | Popsci

Más imágenes en primicia de los amigos de Alberto jugando a League of Legends | Popsci

Igual tampoco necesitaba serlo. Él también había jugado a muchos juegos que sus amigos ni conocían y a él le encantaban. ¿Le hacía eso más gamer que ellos? ¿Qué es lo que te hace ser gamer exactamente? ¿Que te gusten los videojuegos? Si es así, entonces todo el mundo debería serlo ¿no? Y aun así, ¿qué pasaría con la gente que no juega a videojuegos? ¿Merece un trato inferior por parte de los gamers?

Tras mucho pensar sobre ello, Alberto llegó a la conclusión de que no había necesidad para nadie de ser gamer, ni siquiera de que existieran. Es algo que ha ido degenerando prácticamente en una etiqueta más, algo que supedita tu personalidad a un concepto abstracto y casi indefinido y que lleva una simple afición al extremo del rechazo social. Está muy bien que la gente comparta gustos y pasiones tan fervientes. Pocas cosas hay más gratificantes que descubrir a alguien a quien le gusta lo mismo que a ti. Pero, ¿por qué tiene que llegar hasta el punto de sesgar a las personas entre sí? ¿No debería ser algo que nos una a todos aquellos a los que nos gustan los videojuegos?

Y ni siquiera eso. Los videojuegos están abriéndose cada vez más camino entre el gran público. Están pensados para que todo el mundo, independiente de su condición o aficiones, pueda jugarlos y pasarlo bien. Cualquiera puede ser gamer. O mejor dicho, cualquiera puede jugar a un videojuego y disfrutar con él.

Entonces Alberto decidió que ya nunca más sería gamer. Nunca más sería una persona que jugaría a juegos por conseguir el reconocimiento ajeno. Solo sería un chico al que le gustan mucho los videojuegos, que los disfrutaba a diario, y que los seguiría disfrutando siempre que le fuera posible.

Y de repente, Alberto empezó a ver el mundo de otro modo. Todo ahora parecía mejor, más abierto, libre y agradable. Y él se sentía mejor consigo mismo y con los videojuegos que tanto le gustaban.

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