Artículos de opinión

Desmitificando a Nathan Drake

Nathan Drake es el protagonista principal de la saga Uncharted, uno de los buques insignia de Naughty Dog (The Last of Us, Crash Bandicoot), y como tal un personaje idolatrado por muchos fans. Sin embargo, en Equilateral nos proponemos analizar su figura desde una óptica distinta y muy esclarecedora. Comencemos.

El joven despertó con los músculos agarrotados esa mañana. Como la anterior. Como todas las que recordaba en mucho tiempo. Siempre era así desde que dormía en las calles de aquella ciudad pestilente, donde la luz diurna aventajaba en mucho a la nocturna. Otro inconveniente ya que la oscuridad siempre se encargó de resguardar a los ladrones. Hacía calor, el sudor lo impregnaba todo. La ropa se había adherido a su piel como las escamas a un lagarto. Y por si no lo parecía, dado el bullicio existente, aún era muy temprano. Debía ponerse en marcha cuanto antes, el trabajo tenía que hacerse. Avanzó a hurtadillas entre los puestos ambulantes, haciendo caso omiso del hedor de la carne de perro en mal estado, aplastando con sus pies desnudos la fruta desparramada por el adoquinado, sorteando a la multitud que comenzaba la mañana con tibio entusiasmo. Se apresuró.

Los vigilantes nunca permitirían el paso a un muchacho vestido con harapos y con la cara tan tiznada por la mugre, que resultaba imposible especificar su raza. Pero él siempre encontraba alternativas. Si la puerta principal estaba vedada, improvisaría. Para algo en aquella ciudad todos los edificios tenían amplios balcones. Trepó como un primate, rápido y silencioso. Tener el estómago vacío no afectaba en absoluto a su fortaleza. Y destreza le sobraba. Pero, a su pesar, siempre le escaseo la suerte. Hasta ese día, Nathan Drake nunca fue un afortunado. Para mí, ojalá nunca lo hubiera sido.

Un joven Nathan Drake | Deviantart

Un joven Nathan Drake | Deviantart

El individuo es la suma de sus consecuencias, de todas y cada una de sus contradicciones. Así que a lo hecho, pecho. No hay más. Asumir nuestros actos tal y como son, tal y como nos retratan a los ojos de la sociedad, nos hace ser alguien. Para bien o para mal, desde luego. Ello no implica que siempre nos aceptemos, no ya por las cosas malas que hagamos, sino a veces también por las buenas. Ya sea por temor o yo qué sé. Y es triste que orgullosos nos miremos al espejo por haber cometido un acto de maldad no voluntario, que a presencia de cualquier otro nos haya hecho héroes por un instante, mientras que por el contrario llegamos a avergonzarnos en determinadas ocasiones de ser nosotros mismos. Por eso puedo llegar a admirar más a un malvado reconocido que a un benevolente impostor. Pero, de entre todos, los que siempre ganaron mi corazón fueron aquellos a los que no les importaba cometer las más tenebrosas maldades con tal de hacer cumplir su ideal del bien. Nathan Drake no pertenece a esta categoría. Él siempre ha sido un iluso farsante.

Ese chaval marginado que malvivía en las calles de Cartagena de Indias antes de conocer a su mentor, que robaba todo lo que se ponía a su alcance con afán de sobrevivir o de esclarecer hechos olvidados del pasado, poco o nada concuerda con su bravucón “yo del futuro”, todo un niñato encerrado en el cuerpo de un madurito todoterreno. Que el personaje principal de una historia esté diseñado para ser un héroe simpático, bueno en lo más profundo de su ser, generoso hacía sus compañeros, protector con sus amigos, me parecería perfecto. Lo juraría si eso sirviera de algo. Pero si en el trayecto de toda la trama Drake mata a centenares de personas y continúa manteniendo la misma sonrisa de amable seductor, una de dos. O bien es imbécil o, tal vez, en lo más profundo es todo un psicópata, giro argumental arriesgado pero que podría quedar bien en la próxima entrega de Uncharted. Quién sabe, pero en principio me decanto más por la primera hipótesis.

Se ha comparado mucho a Nathan Drake con Indiana Jones, y es una comparación que apoyo con ganas. Ambos son dos genocidas, dos criminales de guerra. Incluso se les podría catalogar de terroristas. Terroristas atractivos y occidentales, que también los hay. Capaces de encandilar con la mirada cualquier corazón necesitado para que los ayude en sus actos, con el pretexto de que hacer el bien implica dejar por el camino a todo el que se interponga. Si al menos asumieran sus acciones, con el dolor emocional que les implicaría y que borraría toda felicidad de sus rostros, no tendría queja. De esto ha aprendido hasta la saga James Bond, fácil es decirlo. Pero como no ocurre algo así, no son más que unos impostores. Me explico.

Emiya Kiritsugu | Bangin

Emiya Kiritsugu | Bangin

En el lado opuesto de la balanza, para ejemplificar, podríamos situar al protagonista del anime Fate/Zero, Emiya Kiritsugu. Kiritsugu es un asesino, un criminal sin escrúpulos reconocido por todos, y por sí mismo el primero. La meta que guía sus pasos es la de imponer su ideal de bien en la sociedad, pero es consciente de que ese camino implica cometer actos terribles que mancharán sus manos para siempre. Y lo acepta. ¿Es un personaje torturado? Sí, pero también es auténtico. Te lo crees y lo comprendes. Lo que resulta difícil de entender es que Nathan Drake, después de todas sus aventuras, aún no se haya volado la cabeza por los remordimientos que debiera tener, al menos si en realidad es un ser tan bondadoso como nos lo venden. En fin, ese niño que malvivía en las calles de Cartagena empezó a ser afortunado cuando conoció a su mentor, pero también perdió toda la sustancia que lo hacía atractivo.

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