Artículos de opinión

Por qué jugar online no me enamora

Trevor al estilo Battlefield. | Soumyabratapaul15

Jugar online es una práctica en la que están poniendo especial énfasis desde la generación de PlayStation 3. Pero, ¿es tan sobresaliente como dicen? A mí no me convence.

Es cierto que durante la época de PlayStation 2 existían algunos títulos, como Socom 3 y Metal Gear Solid 3, que daban al jugador la posibilidad de jugar online. Sin embargo, a pesar de que a la videoconsola de Sony se podía conectar un cable Ethernet, el sistema no estaba preparado para jugar en línea. Por aquel entonces, los que amaban el online encontraban en el PC la plataforma ideal para ello, una tradición que los más puritanos todavía defienden.

Sin embargo, jugar online cambió cuando llegó la generación de PlayStation 3 y Xbox 360. Ahora existían sistemas con plataformas dedicadas, tales como PSN y Xbox Live. La experiencia en red no era la misma, o al menos es lo que se pretendía. La infraestructura de aquellas videoconsolas se preparó específicamente para ello, nuestros amigos ahora eran conscientes de a qué título le dedicábamos más horas o de cuántos trofeos habíamos conseguido. Incluso se intentó crear (sin demasiado éxito) una especie de Second Life para PS3 llamado Home.

Home | PlayStation

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Es difícil negar que las redes sociales forman parte de nuestra vida. Un fragmento de lo que somos es lo que está en Facebook o Twitter, aunque la importancia otorgada dependerá de cada individuo. Hay personas que repelen todo aquello relacionado con las redes sociales, pero eso no elimina la influencia que éstas ejercen sobre todo su entorno e incluso sobre ellas. Por esta razón, en PS4 han añadido un botón Share en el propio mando. Compartir qué hacemos nunca había sido tan fácil, pero tampoco había tenido tanta importancia hasta ahora.

Vincularse a la red está a la orden del día, y eso no es algo que pueda criticar. Del mismo modo que subimos fotos a Instagram o publicamos un tweet, también puede ser igual de ético mostrar un vídeo o una imagen de Bloodborne. No tengo nada que objetar en contra de eso, estamos conectados en un ecosistema cibernético en donde solo nos hace falta un click o un gesto para, por ejemplo, difundir al mundo aquella canción que escuchamos.

Para mí, el problema llega cuando intento buscar algo más lejos que esa mera experiencia interactiva entre todos mis contactos. Es decir, esperaba que todo aquello relacionado con jugar en línea adquiriese más importancia que meterte en una sala esperando a empezar una partida de capturar la bandera o un deathmatch por equipos. Y sí, hay títulos que intentan escapar de esa tónica, pero el principal problema es que jugar online sigue siendo un complemento de otra experiencia, más rica y completa, la historia offline.  Existen excepciones, pero la mayoría de ellas no usan las videoconsolas como plataformas por antonomasia.

En la mayoría de títulos que juego online, éste parece ser un mero añadido a la historia principal, como un parche realizado con el presupuesto restante de lo que queda tras crear la obra prima. No estoy diciendo que se deba trasladar la experiencia de un solo jugador a la red, eso es imposible y ya tenemos ejemplos como Assassin’s Creed Unity, donde una misión se podía convertir en un caos si un jugador decidía hacer el loco en la partida.

Lo que no me termina de convencer son los diferentes esquemas que se han utilizado para intentar adaptar el juego online a nuestras consolas. Por un lado encontramos el clásico título que opta por un online basado en aquello que los jugadores de PC añoran de Counter Strike, solo que quizá con un entorno mejorado que nos propicie a engancharnos para subir al personaje de nivel. Y por otro, tenemos aquellos que intentan hacernos participar en la historia con otro compañero, algo que ya habríamos hecho con anterioridad en el modo offline. Eso me aburre. No me divierte pasarme individualmente Resident Evil 5 y luego hacerlo con otra persona, lo que quiero es vivir una experiencia única, al margen de haya disfrutado, o no, reventando cabezas de zombis sin que nadie estuviera para verlo.

Lo que defiendo entonces es un sistema que bajo la premisa de “juego en red” nos permita también disfrutar de algo diferente. Splinter Cell Double Agent mostraba muy bien eso en su modo cooperativo, no se premiaba al que más tipos matase o el que llegase antes al final, sino la cooperación entre los dos agentes para conseguir la misión. Si uno de ellos no ayudaba, sería imposible. Y no solo hablo de bajar un puente para que pase un compañero, llegaba un poco más lejos. Estoy seguro que Splinter Cell tampoco es un ejemplo exacto de cómo deberían crear un buen juego online cambiando los esquemas y llevando la interacción entre los jugadores a otro nivel, pero ya es más de lo que en muchas ocasiones tenemos ahora.

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