Críticas

The Fall: caer como robot, ascender como humano

El primer juego de la desarrolladora independiente Over The Moon nos pone en la piel de ARID, la inteligencia artificial de un traje robótico en cuyo interior se encuentra un piloto inconsciente. En The Fall, que llega hoy, 14 de julio, a PlayStation 4, nuestra misión es conseguir salvar a ese ser humano.

La premisa de The Fall es ciertamente interesante: controlas a la inteligencia artificial de un traje en cuyo interior yace un humano aún con vida, aunque inconsciente. Tú, como robot, tienes el objetivo  de conseguir curar a la persona que llevas dentro. De entrada, como he dicho, la historia es atractiva, pero con un mal tratamiento la experiencia podría convertirla en algo tan corriente que ni siquiera te dieras cuenta de que llevas a un humano dentro de ti durante el juego. Afortunadamente, en The Fall no es así; Over The Moon, la empresa desarrolladora, ha conseguido de forma excelsa que en todo momento percibas que eres un robot.

The Fall te hace sentir continuamente que eres una máquina.

The Fall te hace sentir continuamente que eres una máquina.

Puede sonar baladí, pero desde el menú hasta los diálogos el juego se empeña en recordarte lo que eres: una inteligencia artificial. En las conversaciones el sistema se intenta alejar de todo lo que se suele ver en los videojuegos, de tal modo que en vez de tener una opción con la frase que quieres que diga el personaje, el juego te mostrará un comando que activará una acción (en este caso la de hablar). Eres un robot, hablando con robots, usando la lógica de los robots.

Esa lógica será muy importante en la historia, así como en la mejora de habilidades, la cual se basa en la primera ley robótica de Asimov: “Un robot no hará daño a un ser humano, o por inacción, permitir que un humano sufra daño”. Nos quedamos con la palabra “inacción” y es que la inteligencia artificial por sí misma no podría tomar decisiones sobre sí misma a menos que un humano se lo permitiese, pero cuando el juego pone al robot en una situación extrema, es el propio robot el que desbloquea esa característica para la que antes hacía falta un humano, cumpliendo así con la primera ley robótica de Asimov y demostrando lo bien implementado que está el sistema de progresión en la historia.

Sin embargo The Fall también nos permite acudir a una evolución de esa lógica: ARID, la inteligencia artificial, se ve envuelta en una oscura trama de la que prefiero no detallar nada, pero que es estremecedora en algunos puntos. A causa de esto, el propio robot entrará en conflicto consigo mismo, llegando incluso a desobedecerse para completar el objetivo de salvar a su humano. Esta colisión moral no se da sólo internamente, sino también con otros personajes, sobre todo con aquel que nos guía durante una buena parte del recorrido y que recuerda inevitablemente a Wheatley, de Portal 2.

"He encontrado cuerpos humanos y de máquinas".

“He encontrado cuerpos humanos y de máquinas”.

Como consecuencia directa de esos conflictos tenemos la humanización de los robots, pero a varios niveles: en un primer nivel de humanización tenemos a ARID, que descubre ahora una nueva forma de pensar, en un segundo nivel está el guía, que se esfuerza por ser humano y prácticamente lo consigue, y en un último nivel está el cuidador (‘the caretaker’) una inteligencia artificial que ha llegado a un nivel tan alto de humanización que se ha deshumanizado; es frío, calculador y sólo tiene un objetivo, si no fuera porque ha aprendido a pensar por sí mismo estaríamos ante un completo robot. Este personaje sirve tanto para dar sustento, como antagonista, a esa oscura trama que antes comentaba, como para demostrar la frialdad que pueden llegar a tener algunos seres humanos.

Todo esto lo vamos descubriendo conforme avanzamos en la historia a través de unos muy difíciles puzzles, para los que se usa un sistema de objetos muy parecido a los de las aventuras gráficas clásicas, otorgándole una función (normalmente de un solo uso) a aquellos objetos especiales que encontremos. La dificultad reside en que no todos los objetos se comportan igual, ni siquiera un mismo objeto responde de la misma forma si no posees otro objeto, a veces con relaciones entre ellos poco esperables. Así, el juego consigue que no descartes ninguna opción y que tengas que explorar las zonas, que por otra parte no son demasiado grandes, una y otra vez.

Durante esa exploración también habrá tiempo para los enfrentamientos directos con enemigos, lo que le habría dado un poco de ligereza al juego si no fuera por la tosquedad de su sistema. Aunque ese aspecto no es exclusivo del combate, y es que el manejo del juego es lo más reprochable, ya que todos los controles están concentrados en los mismos botones, desaprovechando el resto del DualShock 4 y dando lugar a una jugabilidad nada fluida.

El combate en The Fall es tosco y lento.

El combate en The Fall es tosco y lento.

Para terminar, hay que destacar el aspecto artístico de The Fall. Su ambientación le viene de perlas, ese contraluz semi-heredado de Limbo se conjuga a la perfección con unos escenarios infinitos (algo difícil de conseguir en un juego de scroll lateral) que consigue transmitir dos sensaciones que acompañan muy bien a la historia principal: soledad y terror.

En definitiva, Over The Moon ha conseguido un juego muy bien acabado, con un tratamiento envidiable de un tema difícil, puesto que se ha tocado en muchas ocasiones.

The Fall: caer como robot, ascender como humano
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