Críticas

La contemplación sin complejos de The Vanishing of Ethan Carter

Después de haber causado sensación en PC el pasado año, The Vanishing of Ethan Carter, desarrollado por el estudio The Astronauts, llega a PS4 para ofrecernos una aventura narrativa que está lejos de ser el típico juego contemplativo con un camino lineal. Toca ponernos en la piel del detective Paul Prospero para averiguar qué es lo que ha sucedido con el pequeño Ethan Carter.

Hace mucho tiempo, cuando yo era pequeño, vi una película. No la recuerdo muy bien, ni siquiera su nombre, pero era muy pausada, con muchos diálogos y esas cosas. La película, lejos de aburrirme, me mantuvo intrigado durante el tiempo que la estuve viendo. Por aquel entonces yo ya estaba obsesionado con esto de los marcianitos, algo lógico teniendo en cuenta que me acababan de regalar una PS2, y mientras veía la susodicha película me preguntaba cómo sería posible trasladar toda esa intriga y esa trama a un videojuego .

“No tendría sentido” me decía a mi mismo. Me resultaba inverosímil que un juego pudiera dignarse a contar una historia de ese estilo y prescindir de los combates, los enemigos o las plataformas. “Sería muy aburrido, no lo harían nunca” pensaba. Pues bien, parece que hay ocasiones en las que uno se tiene que alegrar de estar equivocado.

Durante los años siguientes, cuando ya concebía al videojuego como algo serio y me propuse dedicarme a ello de alguna manera en un futuro, no hacía más que debatirme sobre su viabilidad como medio artístico y cultural. ¿Cómo podría competir este medio con el tipo de historias que son capaces de contar el cine o los libros si está más enfocado en entretener a través de sus mecánicas jugables que en transmitir algo? Por suerte, no tuve que buscar mucho más. Fue el propio medio el que me dio la respuesta.

The Vanishing of Ethan Carter | Equilateral

Y es precisamente eso lo que representa The Vanishing of Ethan Carter, pero antes de empezar a meternos en faena con él, ¿de qué trata el juego exactamente?. Pues, básicamente, aquí controlamos a un detective especializado en lo paranormal llamado Paul Prospero, que ha recibido una carta pidiéndole ayuda de un chico cuyo nombre es Ethan Carter y que le tiene verdaderamente intrigado. Con esta premisa, el juego nos pone desde el minuto uno a explorar a nuestro libre albedrío la zona de Red Creek Valley mientras vamos desentrañando los misterios que rodean a este sitio y al pequeño Ethan.

Poco más puedo decir, pues el juego es, ante todo, una experiencia narrativa, y desvelar cualquier detalle podría fastidiarlo completamente. De hecho, The Vanishing of Ethan Carter comienza con la siguiente advertencia: “Este juego es una experiencia narrativa donde todo queda en tus manos”. Antes de nada quiero aclarar que este probablemente sea un error de traducción, ya que en este título no tenemos ninguna capacidad de decisión sobre la historia. Lo que se dice realmente en la versión en inglés es que es una experiencia narrativa “que no te lleva de la mano”, y ahí no le falta razón.

Comenzamos pues, saliendo de un túnel que da a un bosque tras escuchar el monólogo introductorio del detective protagonista. Inmediatamente ya podemos movernos en primera persona por el bosque y al instante nos damos cuenta de lo que más llama la atención a simple vista: su apartado gráfico. No solo es bello a más no poder, sino que además es técnicamente impecable ( y para demostrarlo, todas las capturas de esta crítica fueron hechas por un servidor completamente ingame). Todo un logro visual que deja prácticamente en pañales a la anterior generación.

The Vanishing of Ethan Carter | Equilateral

Según vamos saliendo del bosque no solo nos damos cuenta de que hay más camino por delante, sino de que este es inmenso, y ahí es dónde radica la magia de este juego. “No te lleva de la mano”, en efecto. Aquí no hay ningún tipo de indicación ni tampoco un procedimiento lineal a seguir. Es un juego basado en la exploración, y desde el primer momento en el que ganamos el control de nuestro protagonista tenemos acceso a todas las zonas del juego. Podemos perdernos entre sus increíbles paisajes durante un buen rato mientras buscamos pistas o sencillamente, algo que hacer. Y cuando nos damos cuenta, el puente por el que pasamos al principio de la partida queda ahora lejísimos, pero lo podemos seguir viendo. Como si se tratara de un simple decorado de fondo, aunque sabemos de sobra que no lo es.

Esto puede resultar extremadamente confuso al principio. Estamos acostumbrados a que los juegos nos indiquen cuál es el objetivo, sus mecánicas o, al menos, sus limitaciones. Sin embargo, en The Vanishing of Ethan Carter no existe nada de eso, lo cual juega poderosamente a su favor. Es un juego que busca la inmersión total del jugador, y que mejor forma de ponernos en la piel de un detective que soltarle en un lugar enorme y desconocido sin saber siquiera por dónde empezar a buscar. Si a eso le añadimos que todo lo que rodea a la trama y a su desarrollo tiene al misterio por bandera, sus mecánicas consiguen transmitir esa sensación perfectamente.

Aquí solo somos un observador. Todo ha pasado ya. Ahora bien, lo que importa es el qué y el cómo ha pasado. Nuestro protagonista no tiene una implicación real en la trama. Más bien a través de lo que vamos encontrando es cómo vamos descubriendo a los personajes y a lo que pasó con ellos. Es por eso que el juego no presenta, como ya he comentado anteriormente, ninguna capacidad de decisión por parte del jugador. Este no puede implicarse, solo observar. Ciertamente, le habría venido como anillo al dedo una característica así para conseguir una historia aún más inmersiva, ya que el mero hecho de limitarnos solo a observarla nos recuerda en cierto modo que solo somos una persona que está jugando a un juego y viendo lo que pasa en él.

The Vanishing of Ethan Carter | Equilateral

No obstante, el título sabe jugar bien sus cartas. Al fin y al cabo, esta es una historia en la que todo ha pasado ya, así que no tendría mucho sentido decidir nada. Nuestro cometido es simplemente averiguar lo que pasó. Y a través de los retazos que vamos descubriendo es como se nos implica. Es una forma de jugar con el misterio realmente bien llevada, y que en ciertos momentos utiliza una serie de recursos magistrales para ponernos en situaciones verdaderamente desconcertantes y que nos hacen dudar de la veracidad de lo que estamos contemplando (y hasta aquí puedo decir).

Pero va siendo hora de hablar sobre cómo se juega. Por mucho que se trate de una aventura narrativa, no es ni mucho menos algo tipo Dear Esther. Sí, somos un observador en lo que se refiere al desarrollo de la trama, pero no es así a la hora de jugar. Aquí se le exige al jugador algo más que mirar lo que pasa, debe actuar. Lo primero y más importante es la exploración, ya que la historia no se nos va a contar sola, sino que tenemos que investigar por nuestra cuenta y encontrarla. Explorar en busca de puntos de interés es crucial no solo para progresar en el juego, sino para sumergirse en él como el detective al que encarnamos.

La exploración es el núcleo de la jugabilidad. El juego quiere que nos perdamos buscando pistas. Y luego, claro está, llega cuando las encontramos. Al encontrarnos algo, normalmente significa que hemos llegado hasta uno de los puzles. Estos suelen seguir unas mecánicas de razonamiento  bastante simples y que nos cuentan, a modo de flashback, lo que sucedió con los personajes en ese mismo sitio a través de las herramientas que usamos para resolverlo. Antes mencioné que las indicaciones en este juego brillan por su ausencia, pero esto cambia completamente durante estos puzles, donde las encontramos a patadas.

Una de las mecánicas más habituales es la de inspeccionar. Cuando lo hacemos, comienzan a surgir palabras delante nuestra que forman la deducción que saca nuestro personaje a la hora de examinar lo sucedido. Algo que, tristemente, se contradice bastante con esa filosofía del juego de “no llevarte de la mano”. Sí, no nos dice nada a la hora de averiguar qué hacer y a dónde ir, pero sin embargo deduce y saca conclusiones por nosotros.

The Vanishing of Ethan Carter | Equilateral

Este era uno de los puntos fuertes de las aventuras gráficas clásicas. Vale sí, la mayoría de puzles eran completo relleno que no aportaban nada narrativamente hablando, pero requerían de un esfuerzo de razonamiento por parte del jugador, de examinar todo cuanto tenemos a nuestro alcance y, a raíz de eso, establecer conexiones lógicas. En The Vanishing of Ethan Carter rara vez pasa eso, y la dificultad de estos puzles suele estar en encontrar algún objeto que nos falta y del que el propio juego nos indica su ubicación. Aunque, todo sea dicho, esto lo hace de forma cada vez más enrevesada, obligándonos a buscar otros métodos haciendo uso precisamente de eso, de la lógica en relación a lo que tenemos alrededor.

Esta es la jugabilidad que rodea a los puzles importantes y que desvelan toda la trama principal. Solo basta con hacer un par de ellos para darnos cuenta de que todos siguen un patrón muy simple en sus mecánicas jugables. Sin embargo, existen otros retos que a priori oarecen ser algo secundario pero que resultan algo más interesantes a nivel jugable. No voy a desvelar de qué tratan estos retos, solo que la mayoría de veces los encontraremos de casualidad, mientras estamos explorando y entonces, de repente, nos vemos inmersos en uno de ellos. Estos ofrecen mecánicas más variadas que los puzles principales y además resultan increiblemente más espectaculares. Antes hablé de que el juego hace uso de recursos magistrales para sorprendernos, y es a estos desafíos a los que me refería. Si bien es cierto que en un principio puede parecer que no forman parte de la trama principal, sí que son relevantes a nivel narrativo. Personalmente, disfruté mucho más con estos retos “opcionales” (entrecomillado porque al final acaban siendo obligatorios) que ofrecen mecánicas más interesantes, no sacan conclusiones por ti, y resultan absolutamente sorprendentes. Además de que, dado que llegan sin previo aviso, consiguen meterte en el juego hasta el fondo.

The Vanishing of Ethan Carter | Equilateral

Y es que si algo consigue este juego es inmersión. Inmersión narrativa. Ya sea a través de sus puzles principales u opcionales, o a través de la exploración, el juego consigue transmitirnos todo lo que quiere y más. Pasear por esos escenarios preciosistas, acompañados de la melancólica banda sonora, sin saber a dónde ir, siendo guiados solamente por nuestro afán investigador, y vernos abordados por un misterio cuyas piezas están desperdigadas y que requieren de nuestra pesquisa para conectarlas entre sí, es sencillamente sobrecogedor. No hay un camino lineal o cronológico a seguir en este juego. Todos los puzles se pueden resolver en cualquier orden.

Prescindir de la linealidad es un recurso que está muy poco aprovechado en los videojuegos. Y no me refiero a linealidad solo en el diseño de niveles. Por mucho mundo abierto y libertad de acción que ofrezca Skyrim, su trama principal se completa de forma lineal, sigue un orden. No es algo malo, por supuesto, pero sí algo que resulta un aspecto verdaderamente interesante de explorar, y The Vanishing of Ethan Cartar lo hace de una forma genial. Sentirse guiado es parte de saber que, al fin y al cabo, solo estamos jugando a un juego y este nos dice lo que se puede o hay que hacer. El juego de The Astronauts comete ese error a la hora de guiarnos en las conclusiones que debemos sacar, pero en el resto de aspectos mantiene una ejecución soberbia.

The Vanishing of Ethan Carter | Equilateral

Esta, señoras y señores, es la evolución de los videojuegos como medio narrativo que yo esperaba en mis años mozos. Y es sobre todo una evolución en el género de las aventuras gráficas, juegos que tradicionalmente parecían los más indicados para contar historias sin tener que recurrir a combates con enemigos cada dos por tres, pero que entorpecían su narrativa con la absurda necesidad de poner retos irrelevantes constantemente en forma de puzles. The Vanishing of Ethan Carter se libra de todo eso y, además, de las convenciones de que los juegos narrativos son exclusivamente contemplativos al estilo del ya mencionado Dear Esther. Sabe que se puede ir más allá, que se puede ofrecer una experiencia inmersiva en la que el jugador pueda tomar parte de alguna forma y, aunque es cierto que tiene sus altibajos a nivel de mecánicas jugables, esto lo consigue de sobra.

La industria se encuentra ahora mismo en un estado de cambio constante, de autodescubrimiento. Y me atrevería a decir que todo esto se debe al apogeo indie. Fueron los proyectos atrevidos, con ideas originales y que no necesitaban el respaldo de una editora que los limitara los que han conseguido que el medio evolucione hasta unas cotas narrativas y artísticas impensables hace 15 o incluso 10 años. The Vanishing of Ethan Carter es el producto de este proceso de autodescubrimiento de la industria. Juegos de autor que van más allá de las convenciones clásicas y que nos enseñan que el videojuego aspira a muchos más que a ser un mero mata-mata. Aunque, por suerte, eso es algo que algunos optimistas ya sabíamos.

 

La contemplación sin complejos de The Vanishing of Ethan Carter
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