Artículos de opinión

Exprimiendo a la gallina de los píxeles de oro

La gallina de los píxeles de oro estropea toda aquella saga que toca.

La gallina de los píxeles de oro cacarea e hipnotiza directivos que, cegados por el dinero, estropean sagas con DLC’s, entregas innecesarias y más DLC’s.

Hubo un tiempo en el que los amantes de los videojuegos esperábamos con expectación que saliese el siguiente capítulo de nuestra saga favorita tanto como para vivir nuevas historias dentro de un mismo universo como para observar cómo se había adaptado el juego a los cambios de tecnología pertinentes. Se tenía esperanza en saber qué novedades traería un juego. Desafortunadamente esa época quedó muy lejos. No es que no se espere un nuevo juego con las ganas que se esperaba antes, quizás incluso más por toda la evolución técnica y comunicativa que hemos vivido, pero siempre existirá un cierto temor a que sea este el capítulo en el que, definitivamente, la caguen.

"Soy Batman". | Intenso Blog (Manuel Delgado)

“Soy Batman”. | Intenso Blog (Manuel Delgado)

Quizás no me esté explicando, quizás lo haga mejor si utilizo un ejemplo: os sitúo en 2009, el 28 de agosto concretamente, fecha de lanzamiento de Batman: Arkham Asylum, el héroe de Gotham vivía un gran momento en el cine y era la ocasión perfecta para honrarlo con un videojuego a su altura (afortunadamente independiente del film). Este juego fue alabado por jugadores y crítica, sobre todo por su aspecto jugable, algo en lo que parece difícil innovar hoy en día. Su gran aceptación animó al estudio desarrollador, Rocksteady, a hacer una segunda parte mucho más trabajada y completa. El lanzamiento de Batman: Arkham City fue en 2011, 3 años después, que bastaron para que el juego obtuviese más halagos que críticas, al igual que su predecesor, gracias a la nueva concepción de mundo abierto, su historia más densa y oscura, y sus mejoras jugables.

No cabe lugar a dudas que entre el primer y el segundo juego de la saga Arkham de Batman existe un salto cualitativo, sea más o menos grande, que posicionó a esta saga en el punto de mira de muchos jugadores que ni tan siquiera se habían parado a probar el primero. En ese momento de exitación social Warner Bros. vio la sombra de la gallina de los píxeles de oro y decidió saltarse cualquier tipo de código moral para comenzar a sobreexplotar la saga, ofreciéndole su desarrollo a un estudio independiente, que usaría las bases de los anteriores juegos sin añadirle más que algún que otro artilugio, mientras que Rocksteady preparaba un Arkham más grande y con más innovación, siguiendo así con el modelo que Ubisoft adoptó para Assassin’s Creed.

Llegados a este punto quiero aclarar, no digo que el juego en sí sea malo; cuando lo jugué, lo disfruté (aunque haciendo un gran esfuerzo por obviar que un Batman amateur era más poderoso que el visto en los juegos cronológicamente posteriores), pero en mi opinión si tienes una saga que gusta a la gente es preferible mimarla y aprovechar al máximo los buenos resultados que pueda dar, al estilo de Rockstar y Bethesda, que hacer un capítulo por año, estirándola a más no poder, convirtiéndola en un FIFA, y llenándolo de DLC’s.

Un juego por año provoca muchos bugs. Aunque eso no siempre es malo. | Kenshima15

Un juego por año provoca muchos bugs. Aunque eso no siempre es malo. | Kenshima15

Asimismo, el paradigma de concepción de un videojuego ha cambiado mucho; ahora no se lanza un juego como producto acabado, sino que se comercializa una versión del juego que posteriormente será modificada bien con actualizaciones gratuitas para corregir fallos, bien con DLC’s que alarguen o finalicen la historia del juego principal… o incluso un extraño híbrido entre ambas.

Este proceso ha dado lugar a que un jugador que adquiera un juego en cuanto salga tenga una versión menos completa que otro que espere un determinado tiempo, normalmente un año, y compre la versión GOTY, Anniversary, o como quiera llamarla la compañía de turno. Pero claro, es necesario que un juego sea rentable desde el mismo día en el que se coloca en las tiendas, o incluso antes, por lo que hay que hacer que el comprador se olvide de que en un año sacarán la versión completa de ese juego, ¿cómo? Ofreciéndole contenido adicional sólo accesible a través de reservas, que ni siquiera estarán en la versión final.

"Es el mismo juego... ¡Pero el sombrero es nuevo!"

“Es el mismo juego… ¡Pero el sombrero es nuevo!”

Al final de este entramado lo que resulta es un juego descuartizado: yo tengo tal paquete con tal misión porque lo reservé entre tal día y tal día, tú, sin embargo, tienes otro traje porque la tienda en la que compraste el juego llegó a un acuerdo con la compañía para que sólo ella pudiese ofrecerlo…

¿Quién es el perjudicado aquí? El jugador medio. Aquel que con trabajo logra reunir 50€ para comprar un juego meses después de que salga, cuando ya está un poco más rebajado pero sigue siendo nuevo, y que lo compra solo, un disco, un manual y una caja, sin códigos ni florituras, sabiendo que raramente podrá acceder a ese contenido que cierre la historia del juego por lo que, probablemente, no consiga llegar a conocer algunos detalles de la saga, más o menos relevantes en según qué caso. Además, si no posees una conexión a Internet en tu consola puede que te pierdas actualizaciones para corregir fallos de fábrica o bugs, por lo que jugarás a una versión peor de un juego que ya has comprado.

Por no hablar de aquellos que venden DLC’s en formato físico bajo la etiqueta de “nuevo juego”. Pero eso lo publicaré en un artículo independiente sólo accesible previo pago de 3’99€.

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