Artículos de opinión

Let’s player, la respuesta a una pregunta que nadie hizo

Tal vez no nos lo hayamos planteado, pero es este un fenómeno a tener en cuenta como fiel reflejo que es de una sociedad que tiene como último reducto de evasión el espacio que proporcionan sus videos en YouTube.

Siguiendo un planteamiento existencialista de la vida, una de las mayores plagas de la humanidad radica en el vacío que existe tras la fachada que un individuo refleja a diario, en el hecho de que tras el uniforme que una persona viste cotidianamente, en jornada laboral por ejemplo, en realidad no hay nada. El ser humano vendría a ser un cascarón vacío que se mueve por pura inercia, al son de los vientos divinos. El animal al que genéticamente más nos parecemos no es el chimpancé. De hecho, no existe especie viva con la cual compararnos, ya que (siguiendo este planteamiento existencialista) no somos más que el fiel reflejo de esas esferas enanas surgidas de alguna ruina dwemer del universo de Skyrim. Solo que en vez de piedras de almas, nuestra energía vital surge de objetos menos poéticos y legendarios, de cosillas un poco más cutres y modernas, como por ejemplo las drogas de laboratorio o una lata de Monster.

Bleach... esa crítica social hacia este mundo hueco | Ed. Shūeisha

Bleach… esa crítica social hacia este mundo hueco. | Ed. Shūeisha.

No es de extrañar, pues, el recogimiento solitario al que más de uno huimos en esa retirada hacia delante, o ese avance hacia atrás. No sé. En fin, que nos evadimos para escapar de una nada absurda y sin sentido que nos asfixia como si de una soga de nailon al cuello de un fetichista se tratase. Lo digo porque también sentimos placer en ese sufrimiento transmundano, porque lo único que podemos hacer ante esta desdicha es poner buena cara y disfrutar del orgasmo miserable provocado por las depresiones que nos asaltan porque sí, porque a falta de pan bueno es montarnos una película. Siguiendo un planteamiento existencialista, somos una generación de fantasmas.  Y no, no de los que dan miedo. El caso, y retomando la línea, es que en esta soledad a veces solemos encontrar oro. No hay otra, que todas las horas del día no van a ser para lamentarnos de tener sangre en las venas. Así pues, y en raras ocasiones, gracias a un aislamiento indeseado nos topamos con grupos de música, libros, películas, actrices porno, series o videojuegos que nos marcan profundamente. En definitiva, nos encontramos a nosotros mismos. Nos conocemos. Lo que descubramos nos podrá sorprender incluso, ya que somos nuestro mayor misterio. Es fantástica esta paradoja que nos muestra que la nada se llena a si misma por aburrimiento.

De este modo, y siguiendo con un planteamiento existencialista, todo vacío interior debería acabar en este punto en el que debido a un impulso negativo previo conseguimos alcanzar un conocimiento, más o menos pleno, de nuestros más profundos deseos e intereses a través de la meditación en la más estricta soledad. Un nirvana materialista y egocéntrico en todos sus sentidos, ya que lo que nos llena ese vacío, seamos honestos, no es precisamente el alcanzar un estado de armonía con la madre naturaleza sino, por ejemplo, que nos alcance la pasta para comprar el último Metal Gear, o descubrir cómo piratearlo en dos sencillos pasos vía tutorial de Youtube. O también pudiera suceder que somos demasiado perros para mover el dedo por el teclado más veces de las que exige escribir “equilateral”, o bien demasiado pobres para permitirnos el lujo de comer salchichón todas las noches. En estos casos, al menos, disponemos de los sucedáneos. Me refiero a los Let’s players.

Captura de pantalla de un let's play de Destiny | richar1979BetaCode

Captura de pantalla de un let’s play de Destiny. | richar1979BetaCode

Sí, todo iba encaminado a esto. Y es que, siguiendo un planteamiento existencialista, resulta muy útil la habilidad de escribir una gran introducción para camuflar otro gran vacío, el de contenido. Pero como venía diciendo, los Let’s player son la respuesta a una doble necesidad imperante de muchos que, como yo, exigimos por una parte el poder disfrutar de los videojuegos que más nos gustan sin tener que pagar un duro (o gorronear a un colega) y por otro lado de un poco de compañía y calor humano en este mundo tan frio y hostil que hemos heredado del imperio Facebook. En resumidas cuentas, son las meretrices del mundo de los videojuegos, dicho esto como un halago (que por otra parte, ¿por qué iba a ser un insulto?). Admiro a estas personas que han dejado de ser cascarones vacios y, además, han hecho negocio con ello, materializando el particular sueño americano del friki.

Tarantino explicaba a su manera, mejor que nadie, la valía de Superman por encima de demás superhéroes. Sus argumentos no se basaban en la fuerza o en la invulnerabilidad. Según su visión, Bruce Wayne no era más que un multimillonario atormentado y con brotes psicopáticos que pretendía vengar la muerte de su familia castigando a todo malhechor a su alcance para lo cual se transforma en Batman, dada las carencias de sí mismo como individuo. Superman, al contrario, nace siendo Superman, un ser perfecto que se esfuerza por convertirse en Clark Kent, un patético periodista incapaz de abandonar la friendzone (…). Pero, ¿por qué? Tal vez este kriptoniano comprendió mejor que nadie que en un mundo existencialista son más necesarias las putas que los héroes.

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