Valtameri aguarda. | Equilateral
Críticas

Amar en tiempos de Cibele

Valtameri aguarda. | Equilateral

Este juego me ha hecho sentir incómodo. En cada uno de los cerca de 100 minutos que dura no podía pensar en otra cosa que no fuera eso. No es que prefiriera estar jugando a otra cosa ni mucho menos, pero sentía que no era correcto por mi parte el estar presenciando todo eso. Y no, a pesar de todo, Cibele no trata sobre sexo.

O al menos no de la forma en la que el resto de obras, no solo videojuegos, tratan sobre sexo. No hay desnudos explícitos, no gira en torno a la fantasía del placer carnal. El juego de Star Maid Games es uno que explora todas las implicaciones sentimentales que giran al rededor de las relaciones sexuales. No se despersonalizan en pos de un intento de excitar al personal (¿para qué?), sino todo lo contrario. El sentirse tan emocionalmente ligado a una persona hasta el punto de necesitar que esa conexión sea lo más física posible, o las inseguridades inherentes a los amoríos a distancia, amén de muchas otras complejidades derivadas de las relaciones humanas; eso es Cibele.

Me sentí incómodo al jugarlo pero no porque fuera un juego que tratara la temática del sexo. Creo que ya somos todos un poco mayorcitos para dejar de considerar eso como una especie de tabú. Fue porque sabía que estaba inmiscuyéndome en la vida íntima de otra persona. Después de todo, su creadora Nina Freeman lo basó en una experiencia personal que vivió jugando al MMO Final Fantasy XI. Pero en fin, si ella decidió hacer esto es porque quería que lo viviéramos por nosotros mismos. Es una de esas pocas ocasiones en las que un autor quiere abrirse a su público a través de su juego, sirviendo este como una especie de ventana emocional a su mente. No es el único que hemos visto en estos últimos meses, de hecho. El más reciente ejemplo de eso que se me viene a la cabeza podrían ser Davey Wreden y su The Beginner’s Guide.

La propia Nina aparece de vez en cuando como ella misma en su habitación. | Equilateral

Nina se muestra a sí misma en los distintos vídeos que se suceden a lo largo del juego. | Equilateral

En Cibele nosotros controlamos a la propia Nina, o al menos a su representación informática. Navegamos por un lugar que en los tiempos en los que vivimos se podría considerar perfectamente como el santuario personal de cada uno, aquel que solo visitamos nosotros y en el que confiamos para soltarnos tal y como somos sin las máscaras que nos vemos obligados a llevar en presencia de otros: el escritorio de nuestro ordenador. O del ordenador de Nina, más bien. Desde ahí podemos ver los poemas que escribe, entradas de su blog, mensajes que se envía con sus amigos, fotos que ella misma se hace o incluso fan arts suyos. Todo ello aderezado con un fondo de pantalla de lo que me atrevería a decir que es una suerte de imitación de Sailor Moon. En resumen, nada fuera de lo normal dentro de lo que vendría siendo una chica de casi 20 años a la que le gustan los videojuegos y el anime.

El escritorio del PC de Nina es su carta de presentación, su manera de contarnos cómo es la vida de una chica cualquiera como ella. Quiere que antes de nada, la conozcamos.

La verdad es que aquí yo no me sentía como si fuera Nina. Era más bien como si estuviera cotilleando por su escritorio, mirando conversaciones con amigas suyas sobre lo mono que era este u otro chico y demás. Sin embargo, esta parte es sobre todo una introducción a cada capítulo, una manera de ponernos en contexto antes de lanzarnos a jugar a Valtameri, el MMO alrededor del cual gira todo el juego y que hace las veces del Final Fantasy XI de la experiencia real de Nina. Esa sesión de fisgoneo inicial depende completamente de nosotros. Podemos saltar directamente a Valtameri sí, pero estaríamos perdiéndonos una parte importante. Después de todo, esta es la historia de Nina, de sus inquietudes, deseos y, en general, de las cosas que le hacen ser ella misma. Y qué mejor manera de averiguar todo eso que a través del escritorio de su ordenador.

Pero tarde o temprano acabaremos saltando a ese metajuego que es el MMO en el que se desarrolla la parte principal del juego y donde nos logearemos como Cibele, el personaje de Nina en dicho mundo. En Valtameri tenemos muchos amigos, compañeros de guild y demás personas que nos envían mensajes nada más conectarnos al mundo. Casi como si fuera una especie de red social, ignoramos todo lo relacionado con el juego per se. Vagar por ahí grindeando enemigos, por mucha ambientación de fantasía que haya de por medio, se convierte en una experiencia automatizada y banal, un cero a la izquierda al lado de la mera experiencia social. Sobre el juego solo hay un par de comentarios puntuales acerca de si alguien va a comprar o no la última expansión o si hacer tal o cual mazmorra. Lo que priman aquí son las discusiones entre amigos, las conversaciones sobre aspectos de la vida cotidiana o incluso los celos.

Hasta la ortografía y el estilo de escritura son propios de una joven normal. | Equilateral

Hasta la ortografía y el estilo de escritura son propios de una joven cualquiera. | Equilateral

Esto es algo totalmente verídico. Yo también tuve mis años de jugar muchísimo a MMO’s, en concreto a World of Warcraft. Aunque, todo sea dicho, mi ejemplo no es el mejor, porque la verdad es que yo prefería jugar solo y viajar por el mundo haciendo las típicas misiones PvE. Pero llegué a hacer algunos amigos y montamos nuestra propia guild incluso. Todos los días nos conectábamos y hablábamos por el chat de esa misma guild de nuestras tonterías hasta que en un determinado momento varios de los miembros de la misma se pelearon entre sí. Los siguientes días que me conectaba al juego lo hacía solo para hablar con unos y con otros e intentar que se volvieran a llevar bien. El juego en realidad había dejado de importarme. Solo me preocupaban los amigos que había hecho en ese mundo. Y como este, muchísimos casos más que se dan día a día en este tipo de títulos, y mucho más intrincados. Es un fenómeno curioso: nos adentramos en mundos de fantasía con el objetivo de evadirnos de lo conocido y al final acabamos desechando esa ilusión y tendiendo a las mismas situaciones que se pueden dar en nuestro día a día con nuestros conocidos más cercanos. Podría ser porque estos juegos acaban haciéndose tan repetitivos y tediosos que al final lo único que mantiene nuestro interés son las relaciones sociales que forjamos en ellos, o bien porque las personas siguen siendo las mismas incluso cuando se intentan hacer pasar por un personaje de fantasía. O tal vez ambas cosas, quién sabe.

Cibele retrata la experiencia más social e intimista de los MMO. Los monstruos, las misiones y las mazmorras quedan relegados a un segundo plano en pos de las relaciones interpersonales

Entonces es cuando entra en escena Ichi, nuestro compañero de grindeo, y también nuestro primer amor. Ambos somos tímidos y tenemos poca autoestima, pero nos encantan los videojuegos. O al menos nos encanta Valtameri. Eso nos hace conectar entre nosotros a un nivel mucho mayor que con el resto de personas con las que jugamos. Estas hasta llegan a enfadarse con nosotros por pasar más tiempo con Ichi que con ellos. Nos sentimos mal claro, pero qué le vamos a hacer. Queremos estar con él, matar enemigos y jefes finales con él, hablar por chat de voz con él. Cibele transmite esa sensación a la perfección. Es justo de lo que hablaba antes: nosotros en el juego solo tenemos que dedicarnos a hacer click en los enemigos para hacerles daño y matarlos. Ellos ni siquiera pueden hacernos daño a nosotros. Se convierte en una experiencia rutinaria y de la que rápidamente nos olvidamos porque lo que importa es que en ese momento estamos hablando con Ichi sobre si le parecemos o no atractivos, o sobre la posibilidad de vernos algún día.

Un día más, masacrando enemigos insustanciales, pero con él. | Equilateral

Un día más, masacrando enemigos insustanciales, pero con él. | Equilateral

Aunque en fin, esto era una crítica, ¿no? Se supone que tengo que valorar aspectos negativos y positivos del juego y hablar de todos y cada uno de sus apartados. Si me presionas entonces te diré que bueno, tiene una nula posibilidad de decisión, por lo que el juego no exige casi nada por nuestra parte más allá de echar un vistazo a las cosas personales de Nina en el escritorio de su ordenador. ¿Quiere esto decir que sea un mal juego porque no aproveche las posibilidades de un medio interactivo como el suyo o algo similar? En absoluto. No quiero ponerme a analizar Cibele como si fuera un videojuego convencional, pero bueno. Lo que quiere transmitir lo hace a través de sus mecánicas y lo hace a la perfección. De hecho, las hace aburridas a propósito para canalizar mejor su mensaje. Y voy a dejarlo aquí ya porque hasta yo me estoy empezando a resultar insoportable.

Cibele me resultó incómodo de jugar. Porque sentía que lo que estaba contemplando era la vida privada de otra persona, pero también porque me era difícil no identificarme con ciertos aspectos de lo que me contaba. En parte porque como alguien nacido a mediados de los 90 que ha pasado su adolescencia en internet, viendo anime y jugando a videojuegos del estilo no me costó acercarme y comprender a su creadora; pero especialmente porque su juego ahonda en el amor y en las relaciones personales de una forma natural, sin ese aire de altanería que destilan la mayoría de producciones que se vanaglorian de tratar estos temas y ofrecer un mensaje completamente idealizado. Me sentía identificado con Cibele no porque tuviera cosas en común con Nina, sino porque me podía creer todo lo que me estaba transmitiendo. Es algo que solo una obra sin pretensiones y con el único objetivo de resultar personal, abierta y sincera consigo misma puede lograr. Una vez más, el título de Star Maid no trata sobre sexo. Es un juego sobre las relaciones humanas. El sexo es solo una parte de ellas. Y me alegro mucho de que comprendiera eso.

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