Artículos de opinión

El placer de jugar, con Downwell

Mi gozo en un pozo. | Moppin
Mi gozo en un pozo. | Kotaku

Jugar por jugar. Por el mero hecho de hacerlo. Por llenar con algo ese tiempo perdido que tenemos. Por cubrir esa sensación de querer ponernos ya a los mandos y olvidarnos de todo con el celestial placer que esto supone. Es un poco triste, algunos solemos olvidarlo bastante a menudo, pero los videojuegos son una forma de entretenimiento. Una jodidamente genial, además.

Supongo que casi todo el mundo estará ya al tanto, pero el fenómeno de masas más reciente que se ha dado en la plataforma para streamings Twitch, ha sido cuando esta inauguró su nueva categoría “creative” con un maratón del programa The Joy of Painting with Bob RossEste es un programa que dura poco más de veinte minutos y en el que solo se ve a un señor con un increíble peinado pintando paisajes naturales y explicando cómo lo hace. Bob Ross murió hace veinte años y su programa, que estuvo más de una década en antena, dejó de emitirse hace veintiuno. Los tiempos han cambiado y hoy en día sería muy difícil que tuviera lugar un show así. Internet y los nuevos intereses que rondan las mentes del gran público tienen parte de la culpa de esto, dirían algunos. Y sin embargo, ha sido en internet donde se han congregado cientos de miles de personas al mismo tiempo para ver al viejo Bob pasárselo pipa haciendo simplemente lo que más le gustaba en el mundo.

“El placer de pintar” es un título muy pero que muy acertado. Lo que hacía especial a este programa no podía ser otra cosa que no fuera su conductor, Bob Ross. Este hombre disfrutaba como nadie mientras pintaba, y transmitía su inmenso placer en cada frase y en cada pincelada. Durante todos los años de su emisión hasta donde tengo entendido, no pintó otra cosa que no fueran, como dije antes, paisajes naturales. Nada de retratos, escenas o alguna obra de expresión profunda y personal; solo paisajes. No necesitaba otra cosa. Lo que a él le gustaba era la naturaleza y sobre todo pintar, y el mero hecho de mojar la brocha en pintura y hacer un “pequeño y feliz árbol” le llenaba de regocijo. Es el simple acto de hacer algo tan solo porque nos gusta hacerlo. Lo mismo que nos pasa con los videojuegos, ¿no? La gran mayoría de las veces jugamos porque, bueno, disfrutamos haciéndolo. Esa es la filosofía que rige a títulos como, por ejemplo, el Downwell de Ojiro Fumoto.

"Some happy little clouds". Gracias por todo, Bob. | Canal oficial de Bob Ross en YouTube

“Some happy little clouds”. Gracias por todo, Bob. | Canal oficial de Bob Ross en YouTube

En este juego controlamos a un monigote que va cayendo a través de un pozo y que tiene unas botas que actúan como pistolas para defenderse de los enemigos que encuentre. No tiene más. No cuenta una gran historia, no tiene personajes memorables en primera instancia. Solo puras mecánicas jugables. Y que me parta un rayo si no me parece genial. Es un juego cuya única pretensión es resultar entretenido. Igual que los cuadros de Bob Ross solo tenían como objetivo resultar agradables de pintar.

A menudo se nos llena la boca, a mi el primero, con que los juegos deben aprovechar su potencial como medio narrativo y transmitir algo más que simple divertimento. Y así es, yo en un videojuego busco una experiencia que me llene y me transmita, y me encanta vivir en un mundo donde esto es posible. Pero no nos engañemos, yo juego porque quiero divertirme, porque me encanta jugar. Y esto se me olvida casi siempre. Seguramente Downwell no me transmita tanto como Every Day The Same Dream, pero estoy bastante seguro de que me lo paso muchísimo mejor con el primero. Entonces, ¿en qué posición me deja eso como crítico? ¿Debo valorar más el segundo a pesar de que no ser el que más he disfrutado? ¿Tiene la crítica de videojuegos que girar en torno a si un producto es válido como entretenimiento o no?

Que un juego solo busque entretener y no ser una experiencia profunda y trascendental no lo hace peor que otro que quiera esto último

Mi respuesta a esa última pregunta es un “no”. Y tampoco considero que un título que no haya sido concebido para ser divertido no lo sea. Experimentar aquello por lo que un juego quiere hacerte pasar me resulta apasionante, y mis videojuegos favoritos son los que consiguen llegarme a través de ello. Pero volvemos a lo de antes, de vez en cuando me gusta desconectar y simplemente pasarlo bien con un juego que solo pretenda eso mismo. Es una experiencia mágica la de disfrutar haciendo lo que te gusta. Uno se siente bien, realizado, agusto y ajeno a otras preocupaciones que puedan rondarle la cabeza; justo como Bob Ross cuando está pintando. Y cuando un título solo quiere hacerme sentir así, yo lo recibo con los brazos abiertos.

Bajar y destruir no podía resultar más increíble. | Equilateral

Bajar y destruir no podía resultar más increíble. | Equilateral

Jugar a videojuegos es genial. Estar deseando llegar a casa para ponerte a jugar y finalmente hacerlo es una sensación deliciosa. En mi opinión, los mejores títulos son aquellos que son capaces de utilizar sus mecánicas jugables para ofrecer una obra profunda y satisfactoria, pero también lo son los que son sinceros consigo mismos y cumplen su propósito sin aspirar a nada más. Pocas cosas hay más bonitas que intentar divertir a alguien y conseguirlo. Como decía antes, a menudo se me olvida lo importante que es que un juego haga que te lo pases bien, y doy gracias a Downwell por recordármelo. Podría estar mucho más tiempo hablando de ello pero, la verdad, hace un rato conseguí llegar al jefe final por primera vez, y aunque acabó conmigo, no puedo esperar a volver a intentarlo. Con eso es con lo único que me conformo, solo con intentarlo. Solo con jugar y divertirme.

Aunque al menos, me gustaría despedirme con este tweet de Toby Fox, el creador de Undertale.

 

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