Indiespaña

Edu Verzinsky, creador de videomierdas

Edu Verzinsky, creador de videomierdas. | Mad Verz
Edu Verzinsky, creador de videomierdas. | Mad Verz

En un punto intermedio entre apreciar lo que hace y pensar que en realidad todo es una mierda, cercano al realismo sucio de Bukowski, ahí se encuentra Verzinsky.

Cuidado con aquellos que buscan constantes

multitudes; no son nada

solos.

Mientras la mayoría de invitados tenían un horario estipulado para entrevistas en Granada Gaming, el madrileño Edu Verzinsky había plantado un monumental “me la pela” en la tabla Excel de la organización. Esa tendría que haber sido la primera pista que me hubiera hecho entender qué clase de desarrollador era Verzinsky, pero en realidad no me di cuenta hasta que hablé con él, hasta que probé su juego. Carlos Gurpegui, de Akihabara Blues, me lo definió como “el punk hecho juego” y tiene toda la razón, pues le rodea un halo de apatía e independencia cruda que no sólo recuerda a ese movimiento cultural, sino a autores del realismo sucio como Bukowski: “Decir que hago videojuegos es mucho, porque considero que son un poco mierda, así que se podría decir que son videomierdas”.

RimorD es una de las videomierdas más profundas de Verzinsky. | Mad Verz

RimorD es una de las videomierdas más profundas de Verzinsky. | Mad Verz

Antes de que yo pudiera sentarme a su lado y dejar que me explicase los juegos que había llevado a Granada Gaming, un par de compañeros de la prensa daban a Edu Verzinsky algunos consejos sobre el mundo de los videojuegos. Decían algo así como “me gustan tus ideas, pero quizás así no tienen futuro” o “no digo que sea aburrido, pero puede ser que no venda”, un discurso que el autor oía, pero no escuchaba. La seguridad de saber que sus juegos son buenos y que por eso encontrarán un público que los compre hace que Verzinsky no necesite ese tipo de advertencias, y le acerca un poco más a Bukowski:

Si primero tienes que leerlo a tu esposa

o a tu novia o a tu novio

o a tus padres o a cualquiera,

no estás preparado.

Verzinsky parece no necesitar la aceptación de los demás para continuar creando juegos. Cuando estos periodistas abandonan su stand y llega mi turno, todo lo que le habían dicho se desvanece y me explica su juego sin ningún tipo de complejo. Me dice como si nada que lleva trabajando en él un mes, a pesar de que el juego luce prácticamente acabado. Este proyecto se llama I’m nothing, un nombre que decidió hace tres días, poco antes de llegar a Granada Gaming. Trata sobre un castor poeta que está en libertad vigilada, tiene una pulsera en el tobillo y no puede alejarse mucho de su casa, por lo que toda la inspiración que necesita para crear poesía tendrá que encontrarla en su hogar. Es más, tendremos que dársela nosotros: dependiendo de la emisora que pongamos el poema será alegre o triste, el tema lo marcará el canal de televisión que le hagamos ver o algunos de los eventos aleatorios que sucedan, y además tendremos que estar pendientes de su vejiga y de su estómago.

Ejemplo del pixel art de Verzinsky. | Mad Verz

Ejemplo del pixel art de Verzinsky. | Mad Verz

En realidad I’m nothing es como un tamagotchi cargado de decadencia y autodestrucción. Tener que escribir para ganar dinero, ganar dinero para comer, comer para sobrevivir, sobrevivir para escribir. Un ciclo sin fin, como el propio juego, que trata más sobre el camino, sobre experimentar cómo los poemas varían según las influencias del autor, que sobre el final: “Considero que el público es lo suficientemente maduro como para tener que ponerle una zanahoria delante y que vayan a por ella”, asegura Verzinsky. Estuve poco tiempo a los mandos de I’m nothing pero intenté buscar las máximas combinaciones posibles: un poema feliz sobre la guerra, uno melancólico sobre hacer el amor… Todos me sorprendieron, porque es que además las poesías que escribe el castor han sido creadas por autores reales, por poetas que han realizado estas obras exclusivamente para el juego. “Podrían haber escrito un libro con ellas” comentaba Verzinsky. Pero no, la poesía puede encontrar en los videojuegos un gran medio en el que manifestarse; lo vimos en Child of Light, lo vemos en I’m nothing.

Volviendo a Bukowski, Verzinsky es también un autor prolífico. Tiene 25 años, pero empezó a hacer videojuegos con 22. En tres años, más o menos, ha realizado 14 de esas videomierdas tal y como él las llama (la mayoría en game jams), sin contar con las que enseñó en Granada Gaming. En casi todas se puede ver un aspecto común, una intención por contar algo, por hacer reflexionar al jugador, y casi todas están protagonizadas por animales antropomórficos. Todo comenzó, como cuenta en este vídeo, cuando cambió un curso de dibujo por tardes de parque y litro con los amigos: “Pintaba lo que me decían; una polla con ojos, una piedra de porros con ojos…”. Después de un tiempo pintando, decidió probar suerte con los videojuegos, primero buscando ayuda de programadores y, ante la negativa de estos, se lanzó a la piscina y comenzó a desarrollar por sí mismo.

Verzinsky reconoce que cuando empezó en el mundillo pensó que todo iba a ser muy fácil, que sacaría su primer juego y que sería el definitivo, por lo que la prensa “le comería la polla”. Sin embargo pronto se dio cuenta de lo equivocado de ese pensamiento y fue buscando sinergias con otras personas del sector. Tras algún que otro tropezón, encontró un publisher que como si fuera un mecenas renacentista prometió pagarle “una mierda por sus mierdas” (mierdas que, por otra parte, no se avergüenza de enseñar). De ese modo Verzinsky se aseguró una independencia económica y creativa que muchos estudios indies envidiarían. Es por eso que en ocasiones el autor se ha mostrado en ocasiones distante con la prensa, ya que parece que considera no necesitarnos para conseguir beneficios con sus videojuegos. Esta tendencia de alejamiento parece estar cambiando, y Verzinsky parece estar más abierto a charlar con los periodistas para dar a conocer sus juegos.

Ser capaz de rascarte y

mostrar indiferencia es victoria

suficiente.

Esas mentes estreñidas que buscan

un sentido más alto

serán despachadas con el resto

de la basura.

Nunca viene mal tener aprecio por lo que uno hace, pero es difícil encontrar personas tan seguras de sí mismas en este submundo del desarrollo independiente de videojuegos. Quizás eso te pueda jugar malas pasadas, quizás cualquier desarrollador que deje un poco de lado la humildad se vea condenado al más absoluto fracaso. Sin embargo Verzinsky es uno entre un millón, un desarrollador que ha encontrado la forma de expresarse, ganar dinero y no depender de nadie. Un Toby Fox punk, un Kojima underground, un Bukowski de los videojuegos.

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