Darkest Dungeon, una crónica. | Equilateral
Críticas

Crónica de vida y muerte en Darkest Dungeon

Darkest Dungeon, una crónica. | Equilateral

Darkest Dungeon recoge la esencia de todo el lore de Lovecraft y nos ofrece lo mejor de los juegos de mesa y rol inspirados en su obra. Es un juego especial y difícil, y por la clara relación que tiene con los Mitos de Cthulhu y su gran capacidad para envolver al jugador y desafiarlo, le hemos querido rendir un homenaje especial.

La luz de la antorcha comenzaba a consumirse. Nuestros corazones latían con fuerza retumbando en los pasadizos del laberinto, esperando el ataque sorpresa de cualquier criatura que emergiera de las tinieblas. Habíamos visto los destellos de las llamas reflejados en las paredes de piedra, en la espesura de los bosques, donde las abatidas sombras del grupo nos castigaban con desánimo y pesadumbre… Pero era mejor que andar casi a oscuras en la mazmorra.

Las constantes incursiones a los tenebrosos alrededores del feudo nos han aportado experiencia, oscuros conocimientos que nos acercaban a este destino, pero también nos han conducido a la muerte y la pérdida. En diversas exploraciones, tanto mi grupo principal como otros que habíamos ido formando, debíamos huir para poder salvar lo poco que había conseguido, y a veces, incluso no regresaba ninguno de los cuatro camaradas que había marchado a investigar.

La tensión del combate nos afecta constantemente | Equilateral

La tensión del combate nos afecta constantemente | Equilateral

Sin embargo, hemos tenido suerte en el feudo donde descansamos cada semana, ya que es fuente inagotable de viajeros que llegan a la caravana nómada y que se unen a nuestra búsqueda en pos del conocimiento de mis ancestros. Mis antepasados habían dejado escritas advertencias y avisos de lo que encontraríamos en la mazmorra, pero a los viajeros poco les importaba, algunos se creían fuertes y otros ya se unían a nosotros con poca cordura. Hombres de armas, médicos de la peste, vestales, templarios…Cada uno disponía de habilidades distintas a los demás y proporcionaba su apoyo al grupo, algunos con fuertes ataques, otros con mejoras para nosotros y mermas para nuestros enemigos, pero pocos resistían a la locura y el esfuerzo que suponía cada exploración.

Nada importa, el desánimo me puede. Hemos luchado tan duro y nos hemos enfrentado a la adversidad para nada

En los momentos de mayor tensión, mis camaradas y yo reaccionábamos irremediablemente ante la locura y el miedo, traspasando algunas veces los límites de la cordura. En cierta ocasión alguno de los compañeros comenzó a amenazar y a gritar blasfemias al resto, convirtiéndose por momentos en aliado de nuestros enemigos, acrecentando la angustia y agobio que ya sentíamos. Otras veces, al cruzar la línea que nos separaba del manicomio, encontrábamos inexplicablemente el coraje para dar un golpe final que nos quitara de encima las amenazas.

Por suerte, encontramos también alivio en el poblado. A cada semana que pasaba, tras cada exploración, podíamos descansar en la abadía o la taberna, y hacernos más fuertes en el gremio y poner nuestro equipo en manos del herrero. Con el tiempo, y gracias a las reliquias que arrebatábamos de cofres y de las muertas garras de nuestros adversarios, fuimos capaces de pagar mejoras para los edificios y a las gentes que nos ofrecían sus servicios, que nos permitieron progresar y afrontar los diversos peligros.

El feudo no es lo más acogedor, pero nos sirve bien | Equilateral

El feudo no es lo más acogedor, pero nos sirve bien | Equilateral

Así fue que, tras varias semanas de enfrentamientos constantes, nos sentimos capacitados para dejar de explorar las tierras en las que ya nos sentíamos más cómodos, y decidimos adentrarnos al fin en la mazmorra oscura, que custodiaba los secretos de mi familia. Nos pertrechamos con más esmero que para el resto de misiones y descendimos a la desconocida oscuridad.

La luz de la antorcha comenzaba a consumirse. Habíamos realizado un alto en el camino escasas horas atrás, donde con la pericia de algún compañero repusimos cuerpo y espíritu, reduciendo nuestro esfuerzo para poder continuar con lo que nos proponíamos. Pero el hambre nos acuciaba, hostigándonos casi tanto como las criaturas que nos acechaban y a los que a duras penas conseguíamos despachar.

En un momento dado un pequeño altar llamó nuestra atención. La belleza de su piedra nos indujo a pensar que acercarnos y tocarlo sería buena idea, que podría reconstituirnos, pero cuando nos dimos cuenta de nuestro error era demasiado tarde. Nuestro alrededor se desvaneció, convirtiendo todo lo que nos rodeaba en un vasto espacio infinito de extrañas y desconocidas estrellas que danzaban amenazantes. De entre la inmensidad surgió un ser como ninguno otro al que hubiéramos plantado cara con anterioridad: un amasijo de carne y colmillos, un cúmulo de hedor que nos hacía estremecer de terror…

El horror se presenta ante nosotros | Equilateral

El horror se presenta ante nosotros | Equilateral

Henos aquí ahora, ante la perspectiva de las fauces de la criatura que tenemos ante nosotros. No se puede hacer nada más que gritar y enloquecer, la naturaleza de nuestro mundo no puede haber creado tal aberración y no sabría decir si me estremece más su aspecto o su incierto origen. Nada importa, el desánimo me puede. Hemos luchado tan duro y nos hemos enfrentado a la adversidad para nada, para acabar enfrentados a este momento del destino que se traduce en nuestro final.

Oigo los gritos de mis compañeros, y sus armas al caer cuando sus manos inertes las sueltan. Veo que más criaturas siguen llegando a nuestro encuentro… y siento cómo el frío se apodera de mi. ¡No me llevaréis sin más! Me ampara el frío acero de mi mano y si me arrebatáis lo último que me queda, que al menos os traiga dolor. Sí… Que al menos os traiga dolor.

Crónica de vida y muerte en Darkest Dungeon
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