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Receta para cocinar un buen videojuego

desarrollo de un videojuego
Breaking Bad. | AMC

Del mismo modo que para cocinar no es suficiente con unir una serie de ingredientes, para el desarrollo de un videojuego único no basta con reunir un conjunto de cualidades que, en teoría, deberían ser sabrosas para el paladar.

“Aquí hay cristales de cinco y ocho centímetros. Esto es cristal puro. ¡Eres un maldito artista! Esto es arte Sr. White”. Conseguir metanfetamina con un nivel de pureza del 99.1% es lo que convirtió a Walter White en el narcotraficante más reconocido de Nuevo México. Nadie pudo igualarle. Ni siquiera Jesse Pinkman, el cual solo era capaz de conseguir un 96.2% de pureza en tan preciada sustancia. Precisamente, en Coca Cola bromean con la composición de sus ingredientes como si ahí estuviera el secreto que le convierte en la droga más poderosa sobre la Tierra. Pero no es cierto. Y claro, “¿De verdad quieres vivir en un mundo sin Coca Cola?”.

Con la comida ocurre algo parecido, por eso un excelente cocinero podría considerarse también un gran químico del paladar. Al igual que ocurre con la metanfetamina del narcotraficante más conocido de Albuquerque, para confeccionar un plato exquisito no es suficiente con seguir los pasos de una receta universal. De hecho, Ferran Adrià introdujo la técnica de la deconstrucción mediante la cual consiguió descomponer los ingredientes de un plato típico. Eso fue lo que, entre otras cosas, permitió al chef catalán servir una tortilla de patatas en una copa de champán y reinventar la cocina. Era el mismo sabor, pero con una textura y presentación diferente. Sencillo, pero no fácil.

Toda esa verborrea pseudocultural puede ser igualmente aplicada a mundos como el del séptimo arte o al que nos atañe en esta ocasión: el de los videojuegos. Dicen que el cine es la unión de todas las artes y en el que, por ende, podemos aglutinar formas de expresión relacionadas con la escultura, pintura, música o literatura. Pero el concepto de lo que debe ser arte varía según la cultura, el contexto o el autor. Aun así, si Aristóteles definió el arte como “actividad humana de producción consciente basada en el conocimiento”, el filósofo griego estaría orgulloso de que en nuestros días exista un producto como el del videojuego. Sin embargo, como con la metanfetamina del 99.1%, la Coca Cola o  la tortilla deconstruida de Ferran Adrià, el desarrollo de un videojuego único no está constituido por la unión de lo que en teoría es necesario para un buen producto artístico. No basta con una excelente banda sonora o diseño de niveles envidiable, y es por eso que resulta casi tan imposible imitar una receta de El Bulli como un título de Naughty Dog.

La mayoría de analistas están de acuerdo en que obras como Hotline Miami hacen un uso ejemplar de su banda sonora. Y aunque los temas creados por Scattle o M.O.O.N. son muy culpables del chute de adrenalina que supone completar un nivel en el juego de Dennaton Games, la importancia no solo reside en incorporar unos acordes atractivos. Eso es solo añadirle sal a nuestro plato. Reventar cabezas con un bate y una chaqueta blanca no basta para que nos sintamos como el protagonista de Drive. Hotline Miami supo captar la esencia del largometraje para terminar creando un producto propio y con identidad original, esa es la diferencia entre imitar la metanfetamina de Heisenberg y basarte en ella para crear una droga igual de potente.

Nuestro paladar no espera obtener el regusto de Drive en Hotline Miami o de Indiana Jones en Uncharted. Es cierto que ciertos sabores pueden recordarnos a la receta original, pero cuando nos sentamos delante del plato no estamos esperando un sustitutivo del mismo entrecot de ternera que nos encantó en épocas pasadas. Pero también existen ejemplos de platos que, de forma insatisfactoria, intentan imitar el sabor de ese glorioso filete. Un ejemplo de ello podría ser Bloodbath Kavkaz, un juego originado a partir de la obra de Jonatan Söderström y Dennis Wedin. Incluso hay menús que en su momento fueron principales y que ahora pretenden imitar el éxito del restaurante vecino, algo que podemos ver reflejado en el nuevo Tomb Raider de Square Enix. Que sigue teniendo buen sabor, pero no deja de ser una metanfetamina al 96.2%.

 

 

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