Sufre. | DevilDaggers.com
Críticas

Devil Daggers juega contra ti

Sufre. | Página oficial de Devil Daggers

Y con toda seguridad va a ganar, esa es la única afirmación total que puedo hacer aquí. Otra cosa es lo que hagas entre el momento en el que empiezas y en el que mueres. Intervalo que, basándome en mis experiencias personales, durará una media de unos 20 segundos. Pero no te asustes, prueba a intentarlo otra vez. Y otra. Y otra. Y otra…

El estudio que desarrolla Devil Daggers se llama Sorath, un nombre que gracias a una rápida búsqueda en Google (porque así me las gasto yo) sé que pertenece al llamado “Demonio del Sol”, o algo así. Uno de los tantísimos príncipes demoníacos que existen en el infierno, según parece. Muchos sitios afirman que su número es el 666, mientras que en otros he llegado a ver que es el 7. Unos dicen que es más poderoso que el mismísimo Lucifer, y otros que ni de coña llega a tanto. La verdad, no sé casi nada de mitología satánica ni de sus figuras importantes, así que he cogido con pinzas todo lo que he encontrado sobre este ser. Además, los resultados de mi búsqueda han sido mucho más escasos de lo que esperaba, pero eso es precisamente lo que me ha llamado la atención. Lo sutil que resulta todo.

A qué no sabes quién viene a por ti. | Devildaggers.com

A qué no sabes quién viene a por ti. | Página oficial de Devil Daggers

Devil Daggers es un juego inspirado por una imaginería infernal, pero salvo por su nombre y los enemigos que encontramos en él (cráneos de carnero son solo un ejemplo), no resulta algo tan claro, o al menos no para mí. El fuego, que es un elemento prácticamente omnipresente sea cual sea la representación del inframundo que lo cobije, aquí es casi inapreciable al reducirse solo a los proyectiles que lanzamos. Sorath podría haber ido en plan malote darks y haberse llamado “666” o algún postureo de similar calibre que fuera reconocido por todo el mundo al instante y relacionado con Satán y sus compinches. Pero se llama Sorath, ¿y quién demonios sabe algo acerca de Sorath? ¿Quién va a buscar alguna simbología en ese nombre para con el título que nos ocupa? Y no solo eso, ni siquiera el propio juego se promociona a sí mismo de tal forma. Dejando a un lado la imagen promocional que acompaña a este texto y que sí que resulta bastante esclarecedora, su pantalla de inicio consiste solo en una mano y una daga sobre fondo negro. Alguna calavera sale luego, pero es raro reparar en ellas. Y por supuesto, no vas a ver ni oír ninguna palabra que te explique de qué va todo ni por qué es así.

No deja de parecerme todo muy místico, muy alejado del clásico tópico de videojuegos de temática satánica que tienen a la carnicería más visceral como principal estandarte. El juego de Sorath, a pesar de ser el shooter más frenético que he probado en muchísimo tiempo, se aleja bastante de eso. Todas estas señales que comentaba antes parecen indicar que a Devil Daggers no le importa lo que pienses de él, y tal vez esto sea así porque confía plenamente en sí mismo a la hora de hacer su trabajo. Sabe que haga lo que haga, igualmente vas a pensar que es el mayor hijo de puta al que te has enfrentado nunca.

Lo que pensarás tras pasar unos minutos en Devil Daggers es que no puede ser más hijo de puta

Desprende sutileza a la hora de mostrarse a los demás, pero eso sí, cuando lo pruebas es todo tan directo que asusta. Entras, ves la pantalla de inicio de la que hablaba antes y que te indica que estás conectado a la leaderboard, le das a “play”, te mueves en primera persona para recoger una daga flotante rodeado de absoluta oscuridad, y en pocos segundos una marea de calaveras flotantes acaba contigo de un solo golpe mientras probabas a disparar. Todo ello mientras caes en la cuenta de que tu arma es una mano y que lo que disparas son dagas ardientes.

Tras el primer intento (puede que se den varios más), te vas coscando de todo el percal. Básicamente, te mueves en un escenario circular flotante y rodeado de oscuridad. Si te sales de él, caes al vacío y mueres. Si te quedas, tendrás que enfrentar a enemigos que te matan de un solo golpe. ¿El objetivo? Aguanta todo lo que puedas. Cuánto más, mejor. Y esto solo lo vamos a conseguir mediante el movimiento y el disparo constante que acompañan nuestros cada vez más entrenados reflejos dentro del juego.

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Vale, muy bien. Parece todo muy seguro. | Gamekult

Nuestra puntuación en él se mide por los segundos que conseguimos resistir, no hay ninguna meta más allá de esa. Bueno sí, hay un solo logro: aguantar 500 segundos. La última vez que miré, solo 9 personas en Steam habían alcanzado semejante proeza. ¿Y después de eso? Pues a seguir aguantando toca. Ya lo he dicho, Devil Daggers no espera que ganes, no quiere que ganes. Me atrevería a decir que el 99% de los videojuegos, por muy difíciles que sean, están pensados para que el jugador se haga con la victoria o los supere de alguna forma, sea o no a través de sudores y horribles sufrimientos. Alguna excepción habrá, pero ahora mismo no se me ocurre ninguna tan basta como esta. Aquí no hay ningún win state, tú mismo sabes que vas a morir tarde o temprano, lo único que tienes que hacer es aplazarlo lo máximo posible. Y que me parta un rayo si eso no me parece la hostia.

Su apartado gráfico recuerda a los shooters de los noventa en los que se inspira su jugabilidad

El récord actual lo ostenta el usuario DraQu con 612 segundos, una bestialidad que aquí mismo podéis ver, aunque no os lo recomiendo si apreciáis vuestra cordura o simplemente no tenéis ganas de marearos porque sí. Yo lo he visto, y me ha llamado infinitamente la atención cómo Devil Daggers llega a cambiar en sus compases más tardíos (porque tampoco puedo decir que sean los “finales”). Hay mucha más variedad de enemigos de la que imaginaba en un principio, y se presencia cómo son los últimos power ups o incluso lo que parece ser una especie de jefe “final” que surge poco antes de llegar a los 500 segundos. Con esto quiero decir que me parece increíble que el juego se guarde estas sorpresas solo para la reducidísima cantidad de personas lo suficientemente habilidosas como para llegar ahí. Es genial, refuerza muchísimo ese misticismo tan enigmático que rodea al juego. Recuerda mucho a la época en la que no contábamos con internet y se creaban leyendas alrededor de aquellos logros sumamente raros en títulos como los primeros Mortal Kombat o Pokémon (a veces llegando al nivel de leyendas urbanas, muchas de las cuáles todos conocemos ya).

Es cierto que en Devil Daggers ahora cualquiera puede ver la partida de DraQu o el mismo trailer y flipar en colores, pero ahora en serio, reto a cualquiera que lo vea a que sea capaz de llegar hasta ahí, o al menos quedarse medianamente cerca. Por no hablar de que, al fin y al cabo, la suya es solo una puntuación más. Quién sabe lo que vendrá después. Tal vez el juego se rija por una serie de algoritmos que generan patrones de enemigos indefinidamente y no acabe nunca. O quizás sí que lo haga llegado a un muy lejano y determinado punto pensado por su desarrollador para que sea alcanzado dentro de muchos años. Personalmente, me decanto más por lo primero, ya que ahora mismo hay vídeos que muestran cómo es el juego más allá de los 1.000 segundos gracias a trucos. Pero bueno, es bonito soñar.

El juego real es infinitamente más rápido que este gif. | Página oficial de Devil Daggers

El juego real es infinitamente más rápido que este gif. | Página oficial de Devil Daggers

Dicho todo esto, puede parecer que Devil Daggers es la cosa más cruel del mundo. Dominarlo no solo requiere que aprendamos a movernos correctamente y a reaccionar lo más rápido posible, sino también a usar bien los dos tipos de disparo que hay. Muchas de las reglas del juego son triquiñuelas o trampas un tanto jodidas porque, al menos en mi caso, cuesta verlas; y conocerlas es esencial para mejorar nuestra forma de jugar y nuestra puntuación en última instancia. No considero que el juego sea un cabrón por no decirte nada de esto o por matarte sin piedad una y otra vez sin esperanza de llegar a ganar. Más bien al contrario, creo que Devil Daggers, además de en sí mismo cómo decía antes, confía también en el jugador, en que puede llegar más allá si se lo propone. No hay más que ver la cantidad de elementos nuevos que aparecen después de llevar un buen rato aguantando y a los que solo se puede llegar tras muchísima práctica. El titulo de Sorath sabe que tú, como jugador, te irás dando cuenta de toda la movida, y empezarás a actuar en consecuencia. Y, si no te rindes, llegar cada vez más lejos para ver las sorpresas que te tiene preparadas.

Es pura progresión significativa. Lo mismo que hacen títulos como Downwell, Nuclear ThroneThe Witnesseducar al jugador para que sienta que es él quien aprende y mejora, y no el juego el que le obliga de forma artificial. Tal vez en el caso de este Devil Daggers resulta un poco menos logrado por el hecho de que, después de todo, los enemigos que se van sucediendo durante la oleada son siempre los mismos y en el mismo orden, no hay aleatoriedad que te impida recurrir al ensayo y error de automatizar tus acciones en base a la prevención de las del enemigo. No existe ese componente procedural, pero sí que hay una velocidad endiablada e imprevisible que rara vez te mantendrá tranquilo y que, desde luego, va a dificultar bastante el ponerte a pensar dónde viste cada cosa la última vez y cómo podrías evitarlo ahora.

Siempre que inicias y seleccionas “play” tienes que recoger la daga para entrar en faena. Es el único momento de tranquilidad, y también el único en el que el juego te da alguna esperanza. Esa esperanza es la de “vas a disparar con esto y vas a poder matar a los que intentan matarte a ti”. Con eso, Devil Daggers te está empoderando, y lo hace porque confía en que puedes hacerlo. En el momento en el que la coges y acto seguido te encuentras corriendo y disparando a hordas de enemigos horripilantes es cuando te fundes en uno con el juego. No estás tan solo como crees, le tienes a él, habéis hecho un pacto de confianza. Aunque claro, el problema de hacer pactos con el diablo, es que nunca van a terminar bien.

Por cierto, si alguien se lo pregunta, mi récord está en 123 segundos. Ya, ya lo sé, déjame en paz.

Devil Daggers juega contra ti
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