Artículos de opinión

¿Por qué juego? (Sí, incluso a Pokémon GO)

La conspiración del capitalismo en una imagen: Pikachu cabalgando cuellos. | Pawel Kuczynski
La conspiración del capitalismo en una imagen: Pikachu cabalgando cuellos. | Pawel Kuczynski

Frikis, antisociales e inmaduros. Personas que, en definitiva, no se despegan de las pantallas para preocuparse por la vida terrenal. Los jugadores han mutado con el tiempo, los estereotipos no tanto.

Son las tres de la tarde y, como viene siendo habitual, el telediario de Antena 3 es el sermón que protagoniza el ritual del almuerzo. Para no perder la costumbre, mi padre al sentarse sube el volumen de la tele, como si las palabras tuvieran más valor al ser escuchadas más fuerte.  De repente, el presentador lanza una noticia: jugadores de Pokémon GO inundan Central Park y el parque del Retiro. Todo ello, adornado con imágenes de personas corriendo como un ejército de zombis. Mientras, una voz en off advierte sobre los peligros del título de Niantic. “La gente está cada vez más zumbada”, dice mi Padre. Entonces, lo confieso: papá, yo tengo instalada la aplicación. Me miran de reojo, preocupados, pensando quién es esa peligrosa persona que se sienta junto a ellos. Antena 3 vuelve a la carga: “un jugador de Pokémon GO es detenido tras asaltar una propiedad privada”. El aliño que faltaba a mi ensalada.

Con Pokémon GO los medios se han convertido en el padrazo que todos tuvimos alguna vez, aquel que te decía: deja la maquinita y preocúpate por el mundo real. A mis 23 años me he sentido igual que cuando tenía 10, época en la que Game Boy Color era responsable de suspensos en el colegio y de que los niños no salieran a jugar a la calle “como antes”. Ahora los progenitores que velan por la rectitud de mis actos son otras personas. Son periodistas como Antón Losada, quien habla de “colgaos” que han gastado miles de euros persiguiendo a Pikachu en lugar de preocuparse por los refugiados. Gracias a él, somos conscientes de “los millones que va a ganar Nintendo, Apple o Google” y de que los hijos de los refugiados se ven obligados a “dibujar Pokémons en cartulinas y pedir que alguien los rescate”. Pokémon GO es también un problema para los refugiados, si lo dice un profesor titular de ciencia política y doctor europeo en derecho, será verdad.

Pokémon GO ha generado un impacto social que, como Alberto Venegas analiza en Presura, ha sido tratado de diferente forma según el medio. Queramos o no, Pikachu montando cuellos debe estar en la agenda setting: es actual y recibe muchas visitas. Una fuente de oro para el periodismo, también para la demagogia.  El título de Niantic ha puesto en evidencia que, aún hoy, hay quienes contemplan los videojuegos como un espectáculo en la parada de los monstruos. Y peor aún, son periodistas con capacidad para influir en el imaginario social. “La policía multará a los jugadores de Pokémon GO distraídos con el fin de concienciar a la población de que el título de Niantic puede suponer un peligro para nuestras vidas”, recogen en Antena 3. Como si, hasta la llegada del juego, viviéramos en un arcoíris rosado donde todas las personas se miraban a los ojos y nadie sacaba el móvil mientras andaba o incluso conducía. Se critica a Pokémon en lugar de la actitud, como quien culpa al cuchillo en lugar del asesino. La causa de ello son periodistas que, como Antón Losada, hablan del fenómeno desde la lejanía, usan prejuicios y estereotipos como criba para juzgar a quienes, en teoría, miran una pantalla y no se preocupan por problemas reales, como el de los refugiados.

También está la otra postura, igualmente errónea, de creer que Pokémon GO es una aplicación caída del cielo y, como si se tratara de sanar paralíticos, capaz de decirnos “levántate, toma tu camilla y anda” para sacarnos de casa. Ahora son otros expertos quienes hablan de las supuestas bondades que tiene la aplicación. Así, es también la solución para el desempleo o incluso para niños con autismo que llevaban una vida sedentaria y antisocial. Como si hasta entonces no existiera ninguna alternativa. Aquí no se contempla la aplicación como el cáncer de nuestros días de verano, pero son igual de culpables al venderse tan zafiamente por un titular que contenga Pokémon Go en sus entrañas. Al final es lo mismo: periodistas que no tienen criterio de lo que analizan, algo que probablemente sea causa de su insuficiente experiencia en un sector que hasta ahora no le había interesado. Entre otras cosas, eso es lo que convierte en noticia que Paz Padilla juegue a Pokémon Go en el plató de Sálvame.

“Oye, pues instálamela también a mí”, dice mi madre mientras recogemos los platos de la mesa. ¿Por qué juego? Según Antena 3 para asaltar viviendas, según Antón Losada para ignorar la crisis de los refugiados y, según la Vanguardia, para perder peso. Supongo que el problema es ese: definir qué significa jugar sin haber jugado a nada. Es como hacer una crónica de guerra desde el salón de nuestra casa o una crítica de cine sin haber visto más que esos soporíferos dramones domingueros. Como si mi padre, sin tener ni idea, analizara un videojuego solo habiendo visto la televisión, youtubers y titulares como este: “primer accidente mortal en Japón por Pokémon Go”. Por suerte, él tiene ética suficiente para aceptarlo y no trabajar en la redacción de ningún medio.

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