Imagen promocional de Reigns. | Develover Digital
Críticas

Reigns, nuestro propio reino con casinos y furcias

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Hay un terremoto en la ciudad y tienes dos opciones: evitar el saqueo o salvar a las víctimas. La primera elección perjudica al pueblo y te beneficia económicamente, pero con la segunda ocurre justo lo contrario. ¿Qué haces? Tú eliges, esto es Reigns.

La premisa de Reservoir Dogs es muy básica: alguien del grupo es un traidor y no se sabe quién. También la de Funny Games: dos vecinos llaman a la puerta para pedir huevos y no parecen querer irse. A veces, lo simple es lo más efectivo. Para contar una buena historia no siempre es necesario hablar de ciudades sumergidas, ni siquiera de otras que estén en las nubes. Reigns, un juego que parte de un concepto sencillo: somos un rey que debe cuidar su reino para conservar la cabeza sobre los hombros.

Mediante nuestras decisiones debemos mantener en equilibrio cuatro poderes: la iglesia, el pueblo, la nobleza y la economía. Si alguno de ellos se agota, seremos crucificado o lanzado a los perros.  La mecánica es muy básica. Alguno de los personajes nos lanza una pregunta y tenemos dos opciones: deslizar a la derecha o la izquierda. Sí, como en Tinder. Normalmente una de nuestras decisiones beneficia a ciertos grupos y perjudica a otros. Por ejemplo, construir una biblioteca disminuye el poder eclesiástico mientras que aumenta el del pueblo. Permitir esclavizar a niños para obtener dinero puede parecer una buena opción, pero de repente el tercer estado enfurece y nos manda a la hoguera. ¿Ahora qué? Avanzamos en la línea temporal y empezamos de nuevo encarnando a nuestro sucesor.

Que nos quede claro: más tarde o temprano, nuestro destino será la muerte. A grandes rasgos, podríamos decir que Reigns es un roguelike de cartas. De hecho, avanzar por la línea temporal con cada heredero recuerda mucho a lo que ocurre en títulos como Rogue Legacy. La diferencia es que aquí no desbloqueamos nuevas armaduras o habilidades, sino que descubrimos nuevas cartas al encontrarnos con personajes desconocidos hasta entonces. Además, también tenemos eventos que duran varios reinados, como iniciar una cruzada o comerciar usando la Ruta de la Seda. Por ello, jugar a Reigns no es algo que completemos con una sola partida. Tendremos que morir múltiples veces para saber qué decisión tomar y evitar, por ejemplo, que nos quedemos sin brazo tras optar por salir a cazar jabalíes.

Quizá la verdadera gracia del juego es su capacidad para romper la cuarta pared. El título pretende que nos sintamos como un rey a cargo de mantener en equilibrio los poderes de nuestro reino y, precisamente por ello, también responsables de las decisiones que tomamos. Es un juego donde con un solo movimiento elegimos una opción de dudosa moral, lo cual puede ser castigado. Tener una amante podría cumplir nuestro sueño de sexo y lujuria, pero también el de contraer sífilis. Seguir el ejemplo de Felipe IV no parece la vía correcta.  También existen pequeños añadidos que añaden algo de variedad al juego, como la posibilidad de batirnos en combate con mecánicas muy parecidas a las de Monkey Island.

Será imposible escapar de la muerte. | Reigns.

Será imposible escapar de la muerte. | Reigns

Pero Reigns también tiene problemas. La gracia de muchos títulos roguelikes reside en que, a pesar de estar disputando una partida diferente cada vez, notamos progresión en diferentes aspectos. En The Binding of Isaac morimos continuamente, pero el jugador aprende a predecir los movimientos de los enemigos y sabe cómo reaccionar ante ellos cuando los vea por segunda vez. En Reigns no ocurre eso. Sí, es cierto que podemos intuir a qué estamento afectara una decisión que ya hemos tomado anteriormente, pero es muy difícil memorizar todas y que nuestra partida no quede relegada al simple azar. Es muy complicado elaborar una estrategia que permita saber cuándo lo estás haciendo bien y, por ello, en ocasiones el título tiende a volverse algo monótono. No es un reto intelectual o lógico, sino de azar. Precisamente, eso provoca que en ocasiones no nos sintamos tan responsables por tomar la decisión más adecuada, ya que depende más del juego que de nosotros. Asimismo, aunque es cierto que el avance es mostrado descubriendo nuevas cartas, éste no parece suficiente para motivar al jugador a iniciar otra partida y explorar qué ocurre de nuevo. De hecho, cuando desbloqueamos los personajes principales hay un momento en donde el juego se estanca y existen muy pocos cambios entre cada reinado. Quizá, las próximas actualizaciones puedan resolver este inconveniente.

No obstante, Reigns es una de esas aplicaciones que merece la pena tener instalada en nuestro smartphone, uno de esos juegos que debe estar en tu biblioteca de Steam. Su premisa es sencilla, pero por alguna extraña razón queremos intentar mejorar nuestras marcas una y otra vez. Es cierto que se trata de juego que todavía puede ser mejorado, pero lo importante, que es la idea, ya está sembrada.

Reigns, nuestro propio reino con casinos y furcias
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