Críticas

Even the Ocean y la profundidad del ser humano

Aliph, protagonista de Even the Ocean. | Analgesic Productions

Un plataformas en dos dimensiones que trata sobre el papel del ser humano en el mundo a través de una gran historia protagonizada por pequeñas personas. Ecologismo, industrialización y conciencia de clase. Así es Even the Ocean.

En el mundo en el que vive Aliph, la protagonista de Even the Ocean, hay dos tipos de energía, una verde y una morada: la energía verde fluye verticalmente, de arriba hacia abajo, mientras que la morada lo hace de forma horizontal. Una es llamada luz, la otra oscuridad. Al contrario que en muchas otras obras de ficción la energía -o las energías- de Even the Ocean no son exclusivas de elegidos, sabios o iluminados, aquí ambas son palpables e influyen en el día a día de los habitantes de este curioso mundo. La metrópolis principal, Whiteforge, es una buena muestra de ello: mientras que las clases altas viven en un barrio central que se alza hasta más allá de las nubes, las familias más humildes se acomodan en las zonas bajas de la ciudad, rodeados de energía morada, de oscuridad.

Whiteforge, la gran ciudad de la luz. | Analgesic Productions

Whiteforge, la gran ciudad de la luz. | Analgesic Productions

Aquí, como en el mundo real, los ricos son ricos y los pobres son pobres porque, como en el mundo real, los ricos han aprendido a explotar la energía para vendérsela a los pobres, que son quienes la explotan, y así amasar fortunas que le permitan mantener su lujoso puestos en el statu quo. Es un mundo industrializado, un mundo que acapara los recursos naturales para sus propios beneficios. Pero en Whiteforge no parecen darse cuenta -o no quieren darse cuenta- de que esta sobreexplotación de la naturaleza sólo puede acarrear efectos negativos. Aliph es una obrera, una técnico de una de esas plantas de energía que convierte lo natural en capital. Ella sí comienza a darse cuenta de lo que pasa.

Un juego sobre ecologismo y conciencia de clase. Sobre oprimidos y opresores

Se respira hostilidad en un ambiente que hasta ahora estaba bajo control. Algo está despertando. Aliph va a ser testigo en primera persona de ello, pero no está preparada. Even the Ocean es una introspección, la historia de una chica conociéndose a sí misma, buscando su lugar en un mundo que tiembla, que protesta por la avaricia de unos pocos. Even the Ocean es un juego sobre ecologismo, sobre conciencia de clase, sobre racismo, sobre oprimidos y opresores. Even the Ocean es un juego que representa minorías sin hacer un mundo de ello (estuve un tiempo sin saber si Aliph era chico o chica), pero que también se pasa a veces tirando de tropos demasiado caricaturescos. Even the Ocean es un juego con mensaje, con algo que contar, pero también es un plataformas, y eso le pesa.

¿Qué significa que le pesa ser un plataformas? Bueno, antes de explicar eso quiero adentrarme un poco más en sus mecánicas. Podría parecer que después de tantos años explorando las dos dimensiones los videojuegos no pueden aportar nada más a ese escenario, sin embargo Joni y Sean (los desarrolladores del juego) han conseguido que Ever the Ocean sea uno de esos títulos que aparecen de la nada y le dan un toque fresco al medio, de esos que te hacen pensar que es imposible que a nadie se le haya ocurrido antes. Y es que lo que más llama la atención aquí es que no existe barra de vida, o mejor dicho, la vida no se acaba, sino que se desequilibra. Las energías son tóxicas al contacto directo, por lo que cada vez que te acerques a una de ellas, da igual la forma en la que esté, la barra se llenará un poco más de ese color. Si la barra se llena por completo de un sólo color, si se desequilibra tu energía, mueres.

Cúbrete... o no. | Analgesic Productions

Cúbrete… o no. | Analgesic Productions

No sé si ha quedado demasiado fría esta explicación, pero el sistema de vida me ha parecido jodidamente bueno. Ya no sólo porque abra un mundo de posibilidades en lo que a diseño de niveles se refiere, sino porque supone un elemento jugable que va de la mano de la narrativa del juego, de su historia, de su mundo y de su lore. El equilibrio lo es todo en Even the Ocean, pero también lo es el desequilibrio; cuando tienes más energía verde que morada saltas más alto, pero corres más lento, y si tienes más morada que verde serás más rápido, pero también saltarás menos. Esto significa que vas a tenerte que autoinflingir daño para llegar a zonas más altas o para sortear obstáculos más fácilmente. Hacerte daño para alcanzar metas. Aplausos.

Cualquier experimento que se te ocurra hacer en base a este sistema de energías duales va a tener su correspondiente nivel en Even the Ocean. Todas esas posibilidades de las que hablaba antes están exploradas con creces y, aunque el juego peca en ocasiones de facilitar demasiado las cosas, cada nivel se siente nuevo, refrescante… Hasta la segunda mitad.

Aliph, la nieve y el Sol. | Analgesic Productions

Aliph, la nieve y el Sol. | Analgesic Productions

Durante todo el juego Even the Ocean presenta un tono calmado en su narrativa. Pausado, intimista. Las escenas de plataformeo representan el trabajo duro de cada día, pero después toca la vuelta a casa (con una exploración del mapa al estilo de RPG tradicionales como Final Fantasy VII) y la charla con amigos, el relax del cuerpo y el estrés, ahora sí, del alma. Conversaciones profundas, paseos por la ciudad, rellenar páginas de un diario… Cuando toca salir a trabajar se echa de menos eso, y desgraciadamente Even the Ocean te hace salir mucho a trabajar. Es una suerte de Metal Gear Solid V, un juego que no sabe cuándo parar de repetirse. Y claro, Metal Gear Solid V se podía permitir ser repetitivo gracias a sus deliciosas mecánicas, pero en este caso la jugabilidad no es tan variada como para alargar tanto el título. Llega un momento en el que los niveles se hacen absurdamente repetitivos, todo por intentar seguir probando todas esas posibilidades que brindaba el innovador sistema de vida.

Se nota que sus creadores han trabajado en él de forma muy personal, cuidando al detalle su diseño tanto artístico como jugable. Es casi imposible no hacerlo así cuando se desarrolla un juego entre dos personas, pero aquí parece que cada uno ha dejado un trocito de sí mismo. Sinceramente ese repetitivo arreón final casi no molesta, exceptuando algún que otro momento de hastío causado por verte haciendo lo mismo una vez más, pero al fin y al cabo estamos ante un juego lento, que quiere detenerse a contarte una historia pero sobre todo quiere que tú te detengas a escucharla. De hecho hay varios modos y uno de ellos sólo se centra en la trama, dejando a un lado las secciones de plataformeo.

Historias personales mientras el mundo se derrumba. | Analgesic Productions

Historias personales mientras el mundo se derrumba. | Analgesic Productions

Even the Ocean es un juego de los que cala hondo, con personajes bien construidos y desarrollados, con un universo muy curioso que se adapta increíblemente bien a la jugabilidad. El que sea un plataformas en dos dimensiones le pesa, sí, pero también le da valor: conseguir contar una historia tan profunda con un juego así no lo puede hacer cualquiera. Joni y Sean lo han logrado.

Even the Ocean y la profundidad del ser humano
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