Artículos de opinión

Journey y las Bildungsroman: el conflicto de vivir

Fanart de Journey. | Feannora
Fanart de Journey. | Feannora

Tanto en las novelas Bildungsroman como en Journey la importancia que tiene la búsqueda del sentido de la vida se impone sobre el propio sentido de la vida.

Un asesinato, una boda, un despido, una revolución o el recuerdo evocado por el sabor de una magdalena: toda narración necesita un conflicto que desencadene los hechos y sirva de motor a la trama, que ponga a los personajes en la necesidad ineludible de actuar, de moverse, de responder. La naturaleza de ese conflicto, la forma en que se introduce en la historia y sus consecuencias son características variables y maleables hasta el infinito: a veces el conflicto es repentino y pide una respuesta contundente por parte del protagonista, a veces es pausado e invita a la reflexión, y otras, incluso, parece ser inexistente. Las Bildungsroman (término alemán traducido al español como ‘novelas de apredizaje’ o ‘novelas de formación’) forman parte de este tercer grupo. Son novelas que hablan del crecimiento personal, de cómo un joven ha de enfrentarse a la propia vida, aprender, madurar, andar su camino: y ahí está su conflicto. Ni asesinatos, ni traiciones, ni grandes acontecimientos. Parece que no hay un desencadenante, no hay un ‘click’, no hay un chasquido que ponga todo a rodar.

Puede que gran parte de nuestro tiempo suceda en compañía, pero, en el fondo, la vida es un viaje que uno ha de hacer solo

Ilustración Hermann Hesse | Ryan Sheffield

Hermann Hesse es, sin duda, uno de los grandes autores del género: en Siddharta o Demian se narra al detalle el recorrido vital de un personaje desde su infancia hasta su llegada a la edad adulta. Y lo interesante de estas novelas es cómo el conflicto de la obra – que paradójicamente, puede pasar desapercibido – deja de ser un hecho concreto para impregnarlo todo, para ocuparlo todo: el conflicto es todo el camino, la vida, el viaje. Lo importante de estas obras no es, por tanto, la resolución de un conflicto. Lo importante no es el desenlace si no el nudo: lo importante son los hechos en sí, el propio trance. El peso lo tiene el viaje y no el lugar al que lleva al personaje: la importancia que tiene la búsqueda del sentido de la vida se impone sobre el propio sentido de la vida.

El tema podría ser la aceptación del entorno, la integración, la lucha (entendida como oposición, no como contienda) entre el yo y la sociedad. El protagonista de las Bildungsroman suele ser un joven que se pregunta acerca de su lugar en el mundo, un joven que se deja afectar por el entorno y los acontecimientos y aprende de todo lo que le rodea. Una de las características esenciales sobre las que se cimientan este tipo de novelas es la soledad de este protagonista. Porque puede que gran parte de nuestro tiempo suceda en compañía, pero, en el fondo, la vida es un viaje que uno ha de hacer solo. Mamá nos puede ayudar, un amigo nos puede acompañar, un profesor puede aconsejarnos, pero ninguno de ellos puede tomar decisiones en nuestro nombre: el camino lo hemos de elegir nosotros y eso es lo que hace tan mágico encontrar a alguien con quien, de vez en cuando, poder compartirlo.

A todo esto, recuerdo mi primer encuentro con otro jugador en Journey: cuando ya había andado parte del camino, cuando me había habituado a la soledad, de pronto apareció otro cuerpo semejante al mío. Recuerdo que nos situamos un enfrente del otro. Saltamos. Giramos. Corrimos. Recuerdo lo mágico de entendernos con un par de movimientos y seguir gran parte del camino juntos, uno al lado del otro. Y no nos aliamos para derrotar dragones o transportar el cargamento, ni si quiera para intercambiar objetos o materiales, nos aliamos para hacernos compañía, nos aliamos porque los dos andábamos un camino idéntico a la vez que tan distinto. Estoy seguro de que cada uno tendría una percepción muy distinta del juego y de todo lo que habíamos recorrido, pero ambos íbamos hacia un mismo sitio: hacia adelante.

Journey nos recuerda que la verdadera épica está más presente en nuestra vida que en la Tierra Media, y que los auténticos milagros los vivimos cada día

Recuerdo también que cuando terminé Journey sentí ese vacío que te dejan los grandes libros. Recuerdo que la obra no terminó con los créditos, que después vino lo mejor: la reflexión; el “qué he visto”, “qué he jugado”, “qué he vivido”… Acababa de presenciar (de recorrer) un viaje, una vida, un camino.

 
El encuentro. | thatgamecompany

El encuentro. | thatgamecompany

Pensé en Siddharta y la angustia con la que él buscaba sentido a la vida, me pregunté por todo lo que había visto a lo largo del viaje (los desiertos, las montañas, los enigmas), por cuál era el significado de todo lo que había pasado, qué tenía que decirme aquello. Yo, que soy un consumidor ansioso, que leo los libros esperando el desenlace y veo las películas deseando llegar al último minuto, había disfrutado tanto del recorrido que solo quería volver a jugarlo esperando que nunca se terminase. No miento si digo que Journey me hizo releer y apreciar más algunas de mis lecturas favoritas. No miento si digo que Journey me hizo replantearme mi posición en el mundo, mi relación con él y mi percepción de la vida. No miento. Porque ese es su objetivo: hablarnos sobre el viaje inevitable que es la existencia, sobre el conflicto que supone estar vivo y lo mágico que se esconde tras ello. Journey nos recuerda que las grandes historias son preciosas y hemos de apreciarlas, pero que la verdadera épica está más presente en nuestra vida que en la Tierra Media, y que los auténticos milagros los vivimos cada día, y eso no hay religión ni espiritualidad que lo supere: eso es carne y puede tocarse: es crecer y disfrutar del viaje.

Creo que Journey no tiene nada que envidiarle a ese género literario alemán del que os hablaba. Pero puede que las Bildungsroman sí tengan algo que envidiarle al videojuego de thatgamecompany: Journey ha nacido en una época y en un medio en el que la acción y la agresividad parecen abarcarlo todo, donde no queda lugar para la reflexión serena, para sentarse y cuestionar lo que nos rodea. Y aun así consigue hacerlo. Una flor en el asfalto. Un oasis. Sin despreciar al resto, sin creerse mejor por ello, Journey consigue hablar del viaje que es la vida siendo, a la vez, una pausa en mitad de ese agotador viaje. Y se agradece.

El "héroe". | TheSixthAxis

El “héroe”. | TheSixthAxis

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