Artículos de opinión

Videojuegos: amistad, cooperación, amor.

Una carta de amor a los videojuegos. | Kero Kero Bonito
Una carta de amor a los videojuegos. | Kero Kero Bonito

Nuestra generación ha crecido con los videojuegos y los videojuegos han crecido con nosotros. Toca mirar atrás y ver qué ha significado esa relación.

Ha llegado el momento en que miro atrás y me doy cuenta: aquella tarde con toda mi familia ante la gran pantalla, ocupando prácticamente toda la sala, impacientes, esperando la gran primera aparición de Frodo y Gandalf; aquel día en que me instalaron, por fin, la línea de Internet y corrí, con mi mejor amigo, desde el colegio hasta casa, para ver vídeos de lucha libre y bromas pesadas; aquel recreo en que conocí y amé ya para siempre a Totodile.

El tiempo ha volado: después de El Señor de los Anillos vi con mi familia la trilogía de El hobbit, mi línea de Internet ya llega por fibra óptica y los 250 pokemons que amaba son ya más de 800… Y me atraganto de nostalgia, pero me alegro, porque ya nadie nos quita todo eso. Nosotros somos la generación Playstation, la generación Youtube, la generación Dragon Ball, la generación Messenger, la generación Simpson, la generación Final Fantasy, la generación Nintendo…

Los videojuegos son el medio que me ha acompañado desde y para siempre, el que nunca he dejado de lado, el que ha crecido conmigo y más valores me ha enseñado

Nosotros aprendimos de la derrota tragándonos las repeticiones de los golazos que nos metían los colegas en Pro Evolution Soccer y del compañerismo jugando mano a mano a Time Crisis. Quién de nosotros no ha compartido horas y horas de emociones con su gente ante una pantalla y con un mando entre las manos. Algunas de las tardes más tiernas de mi juventud las pasé jugando a Kingdom Hearts con mis amigos. Flipé durante días cuando mi tío me puso Crazy Taxi en la Dreamcast y cuando se pilló la Xbox 360 con Gears of War. Él fue quien me compró mi primera Game Boy y mi primera Playstation. Años antes mi primo me había regalado su Super Nintendo con Street Fighter II, Donkey Kong y alguno más. Desde aquellos cartuchos hasta Steam, desde aquellos preciosos píxeles hasta la potencia visual de juegos como Uncharted 4, desde los primeros plataformas hasta Pony Island

Pony Island. | Por magmaticashes en DeviantArt

Pony Island. | Por magmaticashes en DeviantArt

Antes he hablado de cine e Internet, y son cosas que van muy de la mano y han marcado mi infancia, pero es ahora cuando miro atrás y me doy cuenta: los videojuegos son el medio que me ha acompañado desde y para siempre, el que nunca he dejado de lado, el que ha crecido conmigo y más valores me ha enseñado. Es cierto que este medio no vive aislado, y que el capitalismo se empeña en arrebatarle su inmenso potencial como producto artístico y cultural y vaciarlo para convertirlo en algo meramente comercial, superfluo (por ejemplo, perpetuando a través de ellos estereotipos y roles sociales). Es cierto que han conseguido que gran parte de la industria se mueva y busque en los videojuegos un medio de evasión y no lo contrario. Es cierto que, desde fuera, puede parecer que ese sector va ganando terreno. Pero es que este medio mueve masas, y cada vez somos más los que hemos crecido jugando y nos negamos ahora a que lo mejor del medio se pierda: ahí está, como mejor ejemplo, esa enorme lista de buenos juegos independientes del año pasado, para demostrarnos que vamos por el mejor camino.

Sabemos de primera mano que este medio no representa escapismo, ni evasión de la realidad, ni aislamiento social

Decía Umberto aquello de que el mundo se divide en dos tipos de personas: los apocalípticos y los integrados. Los primeros, recelosos, se llenan la boca de palabras en contra de los videojuegos, hablan del peligro de la tecnología, del aislamiento, dicen que nos hace fríos. Los segundos sabemos de primera mano que este medio no representa escapismo ni evasión de la realidad ni aislamiento social, porque ahora, después de tantos años, miramos atrás y nos damos cuenta: los videojuegos siempre han sido amistad, cooperación, amor.

Amo la soledad en la que juego a Firewatch, The Vanishing of Ethan Carter o Inside. La amo por la relación intima que establezco con ellos y los momentos de reflexión en los que me animan a entrar. Pero el lunes llegare a la universidad y volveré a discutir con mis compañeros sobre el lore de los Dark Souls, sobre la presentación de Switch, sobre la pintaza que tiene Rime. Y ¿sabéis qué? Esta tarde pienso llamar a ese amigo al que hace tantos años que no veo y le voy a invitar a pasar una noche en casa. Echaremos unos FIFA, volveremos al primer Kingdom Hearts, y quizá me anime y saque la Super Nintendo del armario. Joder, qué ganas…

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