Artículos de opinión

Los videojuegos indies están sobrevalorados

¿Cómo hay que valorar lo videojuegos? | Equilateral
¿Cómo hay que valorar lo videojuegos? | Equilateral

Mientras que a los triples A se les exige unos mínimos de calidad, a los videojuegos indies se les pasa la mano sólo porque son desarrollados por equipos con menos recursos.

Que los indies están sobrevalorados es una verdad como un templo; son producciones menores que dada la humildad de los estudios que las crean no pueden competir con los videojuegos de verdad, esos que aprovechan al 100% las capacidades técnicas de los sistemas para los que se producen, marcando un antes y un después en la industria. Por alguna razón a los juegos con mayores presupuesto se les exige más que a los títulos independientes, ya que a los segundos se les trata demasiado bien desde determinados sectores del periodismo de videojuegos, con análisis más centrados en lo que quieren contar y cómo lo hacen en vez de evaluar aspectos como la jugabilidad, los gráficos, la dificultad o el sonido. Un completo despropósito.

The Last Guardian, ¿sobrevalorado o infravalorado? | Team Ico

The Last Guardian, ¿sobrevalorado o infravalorado? | Team Ico

He escrito el primer párrafo de este artículo intentando pensar como una de esas personas que defienden que los videojuegos indies están sobrevalorados y sigo sin encontrarle la lógica a esa argumentación. De verdad. Hay gente que piensa que hay una única forma correcta de interpretar los videojuegos y que esa es la que se lleva haciendo desde que la prensa especializada nació como tal. Para ellos nada ha cambiado, los videojuegos siguen siendo solo videojuegos.

Antes de nada me gustaría aclarar que no tengo ningún problema con las superproducciones en los videojuegos; muchos de mis títulos favoritos son triples A, disfruto jugando a ellos. No defiendo el clasismo cultural, sólo creo que el tratamiento que se le da a los videojuegos en la actualidad está lejos de ser el adecuado porque está desfasado y lo único que consigue es constreñir a un medio que necesita expandir sus alas.

Si no divierte no es bueno, si no es potente no es bueno

Le pese a quien le pese, los videojuegos han evolucionado. El problema es que al parecer esto sigue pesando a mucha gente que quiere seguir viendo a los videojuegos como sistemas de entretenimiento cuya evolución no trasciende de lo técnico. Si no divierte no es bueno, si no es potente no es bueno. Es una limitación absurda que se ha impuesto en este mundillo por vete tú a saber qué. Estamos acostumbrados a que los juegos se lleven represalias cuando no alcanzan unos mínimos técnicos, pero no pasa nada cuando a los desarrolladores se les olvidan que tienen entre sus manos medios con los que comunicar y acaban lanzando productos banales e inocuos. Eso, tristemente, da igual.

No pasa nada cuando una análisis de un videojuego pone al título por las nubes centrándose en sus apartados más técnicos sin tener en cuenta sus valores comunicativos, pero si una crítica se centra en la interpretación que el autor hace sobre el mensaje de la obra y justifica su calidad en relación a eso, automáticamente se piensa que es un gafapasta que está sobrevalorando el videojuego. Parece que no se ha entendido nada: no son los textos así los que sobrevaloran los juegos indies, son los medios obsoletos los que infravaloran las posibilidades del videojuego como medio de expresión cultural.

El final nunca es el final. | The Stanley Parable

Textos así colaboran con la importante tarea de pedirle más al videojuego. Pedirle más al videojuego es pedirnos más a nosotros mismos, cambiar nuestra forma de entender lo que este medio puede ofrecernos. Buscar una nueva manera de interpretarlo. Si le pedimos más al videojuego y a cambio le respondemos con una estructura crítica desfasada es normal que se cohíba y vuelva a ser lo que ya ha sido durante todos estos años. Al videojuego hay que darle libertad para que crezca, para que se desarrolle, y eso no se consigue con los análisis técnico-descriptivos ni con notas numéricas que simplifiquen el mensaje de estos productos culturales. Quizás eso viene muy bien a la hora de vender productos, pero nosotros no tenemos que venderlos, tenemos que interpretarlos. Porque nosotros somos periodistas, no comerciales.

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