Mr. Shifty, protagonista de Mr. Shifty. | Team ShiftyMr. Shifty, protagonista de Mr. Shifty. | Team Shifty
Críticas

Mr. Shifty, una oda a la fantasía de poder

Mr. Shifty, protagonista de Mr. Shifty. | Team Shifty

Acción, acción y más acción. Mr. Shifty no le teme a nada, es un agente secreto que puede contra todo lo que le pongan por delante. La historia, genérica e insulsa; el juego, divertido pero desaprovechado.

Que no os engañen, Mr. Shifty no es ni Hotline Miami ni Superhot. La propuesta de Team Shifty no es la más original del mundo, pero tiene la suficiente personalidad como para alejarse de esos dos videojuegos. ¿Se parecen? Claro, aunque no más que un huevo a una castaña; perspectiva cenital, enemigos clónicos, acción coreografiada… Mr. Shifty tiene todo eso, y lo hace bien, pero en poco más nos recuerda a esos dos geniales videojuegos. Le falta mucho para llegar a esos niveles de calidad. Pone buenas ideas sobre la mesa, pero a la hora de la verdad no las ejecuta bien, y las deja desaprovechadas en un cajón mientras se preocupa por darle al jugador adrenalina facilona y efectista.

En Mr. Shifty nos ponemos en la piel de una especie de agente secreto cuyo nombre sirve como título del videojuego. Su principal poder es que puede teletransportarse hacia donde quiera -en un radio de unos tres metros- dando pequeños saltos que le permiten moverse entre las habitaciones de una enorme torre de una malvada multinacional dirigida por el Señor Piedra. Si vienes aquí buscando una buena historia es mejor que te teletransportes a la salida, porque la trama genérica, insulsa y está plagada de clichés. Un mero y sutil hilo conductor cuya ausencia nadie habría notado.

Explosiones a gogó. | Equilateral

Explosiones a gogó. | Equilateral

Todo lo que tiene es jugabilidad. Mecánicas. Mr. Shifty basa su encanto en el flow con el que te mueves por el mapa gracias a las habilidades de su protagonista. Literalmente sólo puedes telentransportarte, correr y pegar puñetazos, y con eso tienes que avanzar a través de los niveles. Esto es lo mejor del conjunto; jugar a Mr. Shifty es divertidísimo y satisfactorio, otro aspecto que lo acerca a Hotline Miami y Superhot. Al igual que en esos dos juegos, en este nos sentimos como el puto amo repartiendo leña. Es una oda a la fantasía de poder.

Sin embargo eso no es del todo bueno, ya que le deja demasiada responsabilidad a una jugabilidad que no se acaba de explotar bien (es gracioso porque en el juego hay muchísimas explosiones). El punto está en que a pesar de que el simple hecho de jugar es un gustazo, llega un momento en el que se vuelve repetitivo, y el juego no hace prácticamente nada por conseguir darle una vuelta de tuerca a su diseño de niveles. Y podría. En más de una ocasión demuestra que con un poco de trabajo más se le podría sacar mucho más partido a sus mecánicas principales, pero parece un juego demasiado vago como para eso.

La curva de dificultad de Mr. Shifty es vaga e irritante a partes iguales. Los primeros niveles sirven para hacernos a los controles y prácticamente hasta la mitad del juego estaremos completando pantallas sin despeinarnos, siendo claramente superiores a nuestro entorno. Pero llega un momento en el que parece que el juego se acuerda de que lo que quiere es proponernos retos, así que lo hace de la manera más perezosa posible: mete enemigos y obstáculos a saco, sin control. Su diseño de niveles es muy malo, y al final todo se basa en correr, pegar y teletransportarte. Son pocas las veces en las que el juego busca que el jugador se enfrente a él de una forma más creativa, aunque como he dicho antes demuestra que con un poco más de trabajo en este aspecto podría haber conseguido cosas muy buenas.

Fiesta de los muertos. | Equilateral

Fiesta de los muertos. | Equilateral

Hay varios aspectos que evitan que su nociva obsesión por el machacabotonismo se vuelva contra él. La mejor de todas es la fluidez de su juego, que para mí ha resultado ser agradable y divertida, pero al ser el sustento de todo un videojuego puede acabar cansando. Moverte por el escenario es, como dije antes, satisfactorio, pero la mayoría de las veces sólo sirve para esquivar las ráfagas de balas y ataques de los enemigos. Es sólo en los niveles plataformeros cuando se le saca un partido real al teletransporte, aunque tampoco es un terreno que esté del todo explorado.

Lo que quiero decir es que en Mr. Shifty los retos no se resuelven con estrategias lógico-deductivas, sino con puñetazos. Aquí no nos vamos a encontrar pensando en qué movimientos seguir en un escenario, no vamos a aprender de cada muerte, no hay preparación previa, más bien vamos a lanzarnos a improvisar, vamos a bailar pegados la canción de la bella muerte. Artistas invitados: nuestros puños. Es la acción por la acción, es divertido y funciona, pero también es todo lo que criticaba Hotline Miami.

Pero claro, es divertido. Entretiene. El gamefeel está bien llevado; los puñetazos se notan, las paredes se rompen, los objetos también, los enemigos gritan, hay ítems molones que puedes utilizar como armas improvisadas… Te sientes como el puto amo. Sinceramente, es un gustazo jugar a Mr. Shifty. Invita a que no pares de jugar, que lo utilices como desconexión del mundo, que te sientes a pegar tollinas y te olvides de todo lo demás. A pesar de que está desaprovechado, las ideas que plantea las resuelve con bastante solvencia y en conjunto es un título tremendamente disfrutable. Está claro que podría hacerlo mejor, que podría exprimir su premisa un poco más, pero si nos centramos en lo que tiene y nos conformamos con su propuesta, quizás le podamos perdonar sus múltiples fallos. Es un juego muy juego, y eso bastará para muchos.

Mr. Shifty, una oda a la fantasía de poder
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