Pícaro pirata espacial. | Tribute Games
Críticas

Flinthook, el adorable pícaro espacial

Pícaro pirata espacial. | Tribute Games

Un pirata intergaláctico es el protagonista de Flinthook, el último roguelite de plataformas en 2D del estudio indie canadiense Tribute Games.

Con los característicos elementos de los roguelike se pueden contar muchas cosas. Sus entornos son hostiles, sus enemigos temibles y su objetivo no va mucho más allá de la mera supervivencia. Esta clase de juegos nos proponen universos en los que sentirnos atacados constantemente, de tal modo que no podamos cuestionarnos qué estamos haciendo o por qué lo estamos haciendo, sólo cabe avanzar en busca de una meta efímera que una vez alcanzada nos haga mirar con nostalgia el camino que hemos recorrido. Eso es lo importante. Buscar tu propia senda, perecer mil veces en el intento.

Habitualmente los mundos en los que se desarrollan los roguelike son de naturaleza salvaje, controlan al jugador, que es quien debe adaptarse al entorno. Sin embargo en Flinthook es diferente. La obra el estudio canadiense Tribute Games deja de lado la rigidez del roguelike para convertirse en un roguelite en el que nosotros tendremos el control sobre nuestras decisiones en el mundo. Más o menos. Estamos aquí por decisión propia, es nuestro trabajo y, joder, nuestro trabajo mola muchísimo.

La pistola-gancho es nuestro amigo más fiel. | Tribute Games

La pistola-gancho es nuestro amigo más fiel. | Tribute Games

Somos un pícaro, un bribón, un canalla, un truhán, un caradura, un ladronzuelo. En definitiva, un pirata. Viajamos por el espacio a los mandos de nuestra pequeña nave buscando embarcaciones más grandes a las que poder abordar para conseguir medallas que nos permitan avanzar en nuestra travesía. Seleccionamos un objetivo, nos preparamos para la incursión y atravesamos su casco con nuestro ancla. Una vez dentro la misión debe ser lo más precisa posible. Entrar y salir. Estamos solos, acompañados únicamente por nuestras armas y herramientas, además de decenas de enemigos que se empeñarán en acabar con nuestra vida.

Flinthook desaprovecha sus mecánicas tontamente

Tenemos un trabuco láser con el que podemos disparar, una pistola-gancho para movernos por las habitaciones y una especie de reloj con el que se puede ralentizar el tiempo. Hay otras herramientas disponibles pero estas son las tres patas que sustentan el núcleo jugable de Flinthook. Y a pesar de que es un videojuego que gira alrededor de sus propias mecánicas no consigue hacer que ninguna de ellas sea completamente satisfactoria; el disparo se queda corto y su apuntado no es ni preciso, ni permite fluidez, el movimiento está sorprendentemente limitado por el tamaño de las estancias y las posibilidades del tiempo bala están muy desaprovechadas.

Aunque el diseño de niveles rete al jugador, no consigue exprimir al máximo unas mecánicas a priori muy interesantes. Parece que el juego no te da las herramientas necesarias para superar los niveles, o bien que sus pantallas no estén diseñadas para esas mecánicas. Le falta precisión en los movimientos, tanto en el control con mando como con ratón y teclado, y se pone trabas absurdas a sí mismo. Llega a ser frustrante. Por un lado parece que quiere conseguir combates fluidos, con movimientos encadenados, pero por otro insta al jugador a tomarse las cosas con calma. Disparar desde una esquina es más recomendable que intentar buscar estrategias ágiles y combos encadenando saltos y disparos.

Una situación difícil de solucionar sin perder vida. | Tribute Games

Una situación difícil de solucionar sin perder vida. | Tribute Games

Sin embargo, aunque la jugabilidad no esté explotada al máximo, es muy satisfactorio echar el rato en Flinthook. ¿Por qué? Pues porque los desarrolladores se han tomado muy a pecho el gamefeel y han cuidado al detalle todos y cada uno de los estímulos que el jugador pueda recibir. Imperceptiblemente, claro. El buen gamefeel, como la buena banda sonora, no se nota que está ahí. Es en este sentido en el que juegan un papel fundamental las minuciosas animaciones del juego, que bien podrían pasar por las de una serie de animación. En general su apartado artístico es sobresaliente, con un pixel art de aspecto infantil y ausente de bordes que permite la caricaturización extrema de los personajes.

La magia de Flinthook reside en que a pesar de que no hace bien todo lo que intenta es capaz de hacer que el jugador quiera volver. Su universo es adorable y su jugabilidad atrayente. Busca que el jugador se sienta a gusto a los mandos para asegurar su retorno, para que siga buscando tesoros y derrotando enemigos, para que poco a poco sienta que progresa aunque en realidad no lo esté haciendo. A largo plazo funciona mejor. No es perfecto, tiene bastantes fallos, pero consigue crear una zona de confort en la que el jugador se puede relajar disparando y saltando por ahí. Es como ese niño travieso que te saca de tus casillas pero al que le acabas cogiendo cariño no sabes muy bien por qué.

Flinthook, el adorable pícaro espacial
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