Old Man's Journey: la montaña va a Mahoma. | Broken Rules
Críticas

Old Man’s Journey: la montaña va a Mahoma

Old Man's Journey: la montaña va a Mahoma. | Broken Rules

Old Man’s Journey es una pequeña aventura protagonizada por un señor mayor con una poblada barba blanca, desarrollado por el equipo holandés Broken Rules. Un día, este señor, que reside en una desatartalada casa en frente del mar, recibe una misteriosa carta. Sin pensárselo dos veces, el hombre coge su mochila, se la carga a la espalda y pone rumbo a lo desconocido, iniciando un viaje lleno de nostalgia y melancolía, pero que también alberga esperanza.

El último juego de Broken Rules, equipo encabezado por Felix Bohatsch, llama la atención por su particular estilo artístico. Es algo en lo que coincide con las otras obras de sus autores, creadores de títulos como And Yet It Moves, Chasing Aurora o Secrets of Raetikon. Aparte, también han participado en la conversión a Wii U de juegos como Guacamelee, Blek o Electronic Super Joy. En el caso de Old Man’s Journey, se trata de un proyecto muy personal, cuya intención esencial es la de contar una historia. Una historia breve y sencilla, narrada de forma convencional pero que logra que entendamos lo que ocurre y que nos llegue el mensaje que intenta transmitir, a pesar de ser un juego que no incluye ni voces ni textos. Sin embargo, aunque mantiene el espíritu de sencillez que plantea en lo narrativo y en lo artístico, desde el punto de vista jugable no logra encandilar al jugador de la misma manera.

El señor mayor de Old Man´s Journey en una de sus paradas reflexivas. | Equilateral

La principal motivación para seguir adelante en Old Man’s Journey es conocer su historia, descubrir el significado de la carta que hace partir a nuestro protagonista, saber de su pasado y entender sus numerosas paradas para reflexionar. No sabemos en ningún momento hacia dónde nos dirigimos ni cuál es el objetivo del anciano: solo sabemos que tenemos que avanzar y avanzar en nuestro viaje. El entorno, los paisajes, los personajes con los que nos encontremos y demás, evocarán recuerdos del pasado de nuestro protagonista, que se sentará en el primer banco que pille para pensar en otros tiempos. En estos momentos, a través de flashbacks en forma de bellas imágenes, descubriremos su historia, y poco a poco iremos entendiéndole.

No puedo evitar ver esta imagen y pensar en Up, la película de Pixar. | Equilateral

El mundo que nos rodea en Old Man’s Journey es precioso. Todo está diseñado a mano, con colores pastel y un estilo naif muy característico. Por momentos, parece que estemos leyendo un cuento infantil. Dado que no hay palabras, todo se cuenta a través de la música, de los efectos de sonido y de los gestos de los personajes, con una animación de nuevo muy cuidada y tratada con mimo. A lo largo de la aventura nos encontraremos con distintos entornos de carácter urbano y natural, y sería difícil decidir cual de estos escenarios es el más bonito.  Nos encontraremos en nuestro camino con distintos personajes que nos ayudarán en el viaje, y podremos montar en vehículos como trenes o barcos para avanzar más rápido montaña tras montaña.

Haciendo click con el ratón, podremos mover arriba o abajo las laderas de las montañas para seguir avanzando

Y hablando de montañas, hablemos por fin de la jugabilidad de Old Man’s Journey. El juego se plantea como un point & click de los de toda la vida. Allá por dónde pasemos el cursor, la naturaleza reacionará: los árboles se curvan, los arbustos se revuelven y los pájaros pían. El click se utiliza para decirle al protagonista a dónde debe moverse y para interactuar con determinados elementos, casi siempre opcionales y que sirven para dar profundidad al contexto de la ambientación. Sin embargo, la mecánica central del juego es la de, literalmente, mover las montañas. No queda muy claro si se trata de un superpoder del protagonista o si nuestro papel como jugador es el de un Dios omnisciente y todopoderoso que le ayuda a seguir adelante. El caso es que, haciendo click con el ratón, podremos mover arriba o abajo las laderas de las montañas, de forma que conectando una capa con otra podamos ir avanzando hacia el frente o hacia el fondo, dependiendo de los intereses de nuestro protagonista y su viaje. En ocasiones es difícil saber hacia dónde debemos dirigirnos o tener claro nuestro objetivo, lo que en certa forma nos aleja del protagonista y de sus claras intenciones. Sea como sea, lo mejor es tomarse el juego como una experiencia casi onírica, de forma que esta mecánica funcione como recurso expresivo y símbolo de lo que significa un viaje: atravesar el horizonte una vez tras otra, superando obstáculos para llegar a la meta final.

Nuestro protagonista también usa Renfe. | Equilateral

El problema principal de Old Man’s Journey es que, aparte de esta mecánica, no ofrece nada más desde el punto de vista jugable. Al final, se trata de un juego con un apatado artístico genial y una historia bonita, con una jugabilidad original aunque muy repetitiva. Los puzles están por lo general poco inspirados y, más allá de los primeros casos, no son muy interesantes. A pesar de que en ocasiones se introducen otros elementos como las físicas, obstáculos que derribar, o animales que nos impiden el paso, esto no logra romper con la monotonía, lo que puede ser un problema en un juego tan breve como Old Man’s Journey. Sin embargo, debido a esta corta duración y a lo bonito que es, se trata de una experiencia recomendable si buscáis algo rápido que pueda llegar a emocionaros.

La melancolía en forma de flashback. | Equilateral

Old Man’s Journey: la montaña va a Mahoma
Comments
To Top