Artículos de opinión

La deuda de Edith Finch

El nombre, y el apellido que lo condiciona | Giant Sparrow
El nombre, y el apellido que lo condiciona | Giant Sparrow

El más reciente juego de los creadores de The Unfinished Swan lleva la interacción narrativa de los First Person Walkers hasta nuevas cotas de genialidad. Con ello logra conducir una historia cuya cuestión principal adopta un cariz cercano y de tonalidad grisácea: nuestro legado.

AVISO: Este artículo contiene spoilers de What Remains of Edith Finch

Simon Belmont fue el primer protagonista de Castlevania. Después vino su nieto Trevor, que además de ser el héroe en la tercera entrega también tiene un papel principal en su adaptación animada a cargo de Netflix. En la susodicha serie, Trevor se mete en una pelea de taberna porque su clan tiene fama de practicar magia negra, brujería, confabular con los demonios, y todo lo que se te venga a la cabeza que pueda ir en contra del cristianismo más medieval. Aunque el descendiente de Simon no quiere meterse en líos en un principio, responde fiero y decidido cuando oye hablar mal de su clan. Las palabras que pronuncia son escudos y espadas depositarios del profundo orgullo que siente por llevar el apellido Belmont, intrépidos cazadores de monstruos y erradicadores del mal desde hace generaciones. Eso es Castlevania: juegos (y ahora también serie) que hablan del peso de la familia, pero sobre todo del honor derivado de ello; de cómo los vínculos de sangre y la tradición son mucho más fuertes que el mismo diablo. O para el caso, Drácula, con quien mantienen una cruzada eterna. Un Belmont tiene el deber, por su propio legado, de participar en una batalla que ni siquiera podrá acabar.

Castlevania, al igual que JoJo’s Bizarre Adventure (porque todo en este mundo es una referencia a la obra de Araki), define el concepto de familia mediante la herencia que pasa de generación en generación. No tanto en términos materiales como de espíritu. La mayoría de las veces los Belmont no coinciden entre sí, y los Joestar en según qué momentos, pero todos ellos cargan a lo largo de sus vidas con el nombre de sus ascendentes y todo lo que significa. El mero hecho de llevar ese parentesco implica que van a estar al borde de la muerte continuamente. En realidad no tienen por qué, pero sus abuelos, bisabuelos y tatarabuelos se han empeñado en moldear el apellido con el paso del tiempo, insertando en él sus miedos y ambiciones para que sea algo más que un nombre: una voluntad colectiva que por tradición se convierte en obligación. Legado familiar, que lo llaman. Rogue Legacy parodia esto haciendo que cada descendiente padezca algún tipo de enfermedad loca derivada de su lucha interminable contra la maldición del castillo. What Remains of Edith Finch, por su parte, nos muestra a una familia que no está comprometida con ninguna causa heroica ni nada remotamente similar, pero igualmente condenada por no saber escapar de su hermetismo.

Todo sigue tal y como lo dejamos | Giant Sparrow

Todo sigue tal y como lo dejamos | Giant Sparrow

Los Finch van a morir. Todos y cada uno de ellos. Como todo el mundo, claro, pero a ellos parece que les suele tocar más pronto que tarde. La manera que tienen de preservar su legado no es tan pragmática, pero sí más literal. Cada vez que uno de ellos fallece, su habitación queda sellada e idéntica a como la dejó. Imperecedera e inmutable. Por lo general, hablar de “legado” es hablar de respeto, de dar las gracias a que seamos quienes somos y estemos aquí y ahora. Su connotación nos lleva a pensar en lo que nos da forma y propósito. Pero siempre en el buen sentido, nunca en ningún otro. ¿Honrado porque mis antepesados hayan elegido mi vida? Tal vez se trate de un deber milenario, o de un puñado de viejos que saben que van a morir y quieren proyectarse a sí mismos en su prole.

En Los Años de Aprendizaje de Wilhelm Meister, Goethe escribe: “Tú decides nuestro vivir. Tú haces deudor al pobre pues le procuras dolor y penitencias en la Tierra”. Claramente hace referencia a Dios y a la condena de la vida terrenal cristiana, vista como un tortuoso primer acto que será recompensado con el Cielo tras la muerte, siempre y cuando la persona en cuestión haya sido servil y devota. Sin embargo, en su ensayo sobre los sueños, Freud le da un vuelco a esa cita para explicar su teoría sobre lo onírico, cambiando la figura divina por los padres. Interpreta uno de sus sueños a base de establecer conexiones entre dos situaciones que vivió durante la vigilia y en las que pensó en los versos de Goethe. Una de ellas involucraba directamente a su hijo, a quien él y su esposa hicieron sentir culpable por negarse a comer unas espinacas, espetándole que debería estar agradecido por tener la oportunidad de estar ahí cenando con ellos. Con esto, el neurólogo habla de cómo los progenitores nos traen al mundo ajenos a nuestra voluntad y con ello crean una deuda que saben que jamás podremos pagar.

Algunos miembros de esta familia mueren intentando perseguir algo, otros escapando de ello

Este determinismo familiar es el caldo de cultivo que gesta el regreso de Edith Finch al antiguo hogar de su niñez, ahora abandonado. Aunque en la actualidad ella está viviendo su vida al margen de esa casa, con su propio hijo creciendo en su vientre, el peso de ser la última Finch que queda la lleva a adentrarse en ese agridulce desfile de recuerdos una vez más. Una estrafalaria edificación que se negaba a cambiar, y como no lo hacía, aumentaba en número de habitaciones según llegaban nuevos inquilinos.

La silueta es inconfundible, con si tratara de alcanzar el cielo a duras penas | Giant Sparrow

La silueta se eleva inconfundible, con si tratara de alcanzar el cielo a duras penas | Giant Sparrow

El cuarto de un Finch es su lápida. Es cierto que ya tienen un cementerio al uso, sí (fue construido antes que la misma vivienda, de hecho), pero cuando dejó de ser habitada la casa tomó el relevo como mausoleo particular. Entrar en cada uno de los aposentos significa asistir a la defunción de quien dormía en él, pero también a su cabeza; a las razones que le llevaron a encontrarse con su funesta conclusión. Al ser tan repentinas, los Finch achacaron todas estas muertes a una maldición familiar. Había “algo” que se los llevaba. No sabían el qué, pero el único denominador común era su estirpe, y la materialización de esta en el mundo que es su casa. No obstante, ellos continuaban encerrándose en sí mismos, manteniendo su herencia impávida aunque se la llevara, por ejemplo, una tormenta mientras volaba una cometa.

Edith también muere. No se nos cuentan los detalles, pero sabemos que tuvo que ocurrir poco después de que naciera su hijo, o lo que es lo mismo, de haber regresado a la casa de su infancia. En el epílogo del juego se nos muestra a este nuevo y joven Finch presentando sus respetos en la tumba de su madre, de nuevo, en el domicilio maldito. El monólogo final de Edith son las palabras que le deja en herencia a su hijo escritas en un diario, incitándole a visitar también aquel lugar no para llorar la muerte de quienes le precedieron ni insuflarle con el orgullo de su linaje, sino para que se dé cuenta de lo breve, impredecible y preciosa que puede ser la vida. Pero también, arrastrándole inevitablemente hacia su árbol genealógico y, probablemente, la maldición que lo consume.

Nacer Finch es rendir culto a lo Finch, más por miedo que por orgullo

La muerte es lo que acaba librando a todos los Finch de ese mal que, a su vez, les lleva hacia su final. La pescadilla que se muerte la cola, un ciclo del que no consiguen salir. Eso es lo que simboliza la maldición: estar ligados a su familia de por vida. Los lazos de sangre que nos atan, más que unirnos. La vida de cada Finch está decidida por esa noción de la responsabilidad deudora de la que hablaba Freud. Una ascendencia que mantiene frescas las muertes de todos sus miembros en forma de habitaciones como si fueran animales disecados. Sirven como recordatorio de cara a los que están por llegar. Les recuerdan que no les van a dejar escapar ni siquiera más allá de la vida. Nacer Finch significa rendir culto a lo Finch.

La secuencia de Lewis es una de las más poderosas de este título y de casi cualquier otro de los últimos años | New Gamer Nation

La secuencia de Lewis es una de las más poderosas de este título y de casi cualquier otro de los últimos años | New Gamer Nation

¿Por orgullo, cariño o incluso patrimonio histórico? No, por miedo. Temen dejar de ser lo que son, y por ello lo conservan, aunque sea mediante conmemoraciones postizas. Y al final ese legado es una carga con la que tiene que lidiar cada uno de ellos. La obra de Giant Sparrow tiene muchas lecturas, y la que yo quiero ver, siendo la familia el tema central del juego, es el exceso de sacralización de esta. Cuando tener un parentesco de sangre significa, como decía antes, estar en una deuda perpetua. Quizás era eso lo que obligaba a Lewis a abstraerse en su mundo imaginario mientras aguantaba un trabajo miserable que su madre le consiguió. O lo que incitó a Milton a desaparecer para no volver a ser visto jamás, porque la alternativa a quedarse y morir es escapar. O lo que llenaba de miedo a Walter y le llevó a recluirse a solas durante 30 años.

Obviamente, me faltan muchos ángulos aquí. Hablo como hijo y no como padre, por ejemplo. No sé lo que es traer a una persona al mundo, ser responsable de ella y quererla tanto que el mero pensamiento de que pudiera irle mal en la vida me aterrorice; aunque eso lleve a reducir sus opciones a una, la que nosotros tomamos en su día y sabemos que es segura. El afecto familiar es un océano en el que las aguas pasan de la calma a la turbulencia con pasmosa facilidad. Gente con la que no hemos pedido estar y, aun así, con la que forjamos nuestro ser a lo largo de los años desde que tenemos uso de razón. Tenemos que quererlos porque son parte intrínseca de nuestras vidas, y les damos las gracias por habernos sustentado cuando nosotros no podíamos. Puede que durante nuestro crecimiento, a medida que cambiamos de entornos, nos demos cuenta de que tenemos muchas cosas en común con ellos; o todo lo contrario, que haya un choque ideológico absoluto. Pero, ante todo, no les debemos nada. Vivir no es algo a lo que se pueda poner precio. Ese camino se hace al andar, no se continúa el que otro ya ha recorrido. Los Finch, sin embargo, marchan todos en un único trayecto. Un camino muy largo si lo ves desde lejos. Muchos caminos muy cortos si lo miras de cerca.

Comments
To Top