La portada la he hecho fea a propósito | Messhof
Críticas

Nidhogg 2: duelo a muerte con cuchillos

Cuando te entra el gusanillo, o más bien cuando entras en él | Messhof

Para la secuela de una de las obras más determinantes de los últimos años en lo que a piques domésticos multijugador se refiere, Messhof ha decidido apostar por el clásico lema de “más es mejor”. Nidhogg 2 es el horror vacui hecho videojuego, pero al menos ahora nos podemos pelear con cuchillos. 

El nuevo estilo visual de Nidhogg 2 ya nos avisa de que es un juego muy distinto al original. Lo que antes eran monigotes monocromáticos completamente impersonales luchando en un escenario que servía al utilitarismo antes que a la estética, se ha convertido en todo lo contrario. Ahora los monigotes tienen cara y hasta podemos personalizarlos, y los niveles rezuman tantos detalles que se quedan sólo a unos centímetros de cruzar la línea del exceso. Eso dice mucho de lo que representa esta secuela. El primer Nidhogg nació de una idea sencilla y nos la ofreció prácticamente desnuda; tal cual es, tal cual la tienes, ni más ni menos. El segundo ha abrazado el caos que aquella idea destilaba añadiendo más leña al fuego. Un festival de muerte donde ya, más que ganar, lo que importa es que salpique bien.

Muchos dicen que ahora es un juego feo. El anterior no es que fuera una belleza, pero tampoco era desagradable, sólo rudimentario. Nidhogg 2, en cambio, tiene personajes grotescos y de animaciones cómicamente ortopédicas; fondos en los que los gusanos que dan nombre al juego aparecen desmembrados, aplastados, o que directamente suceden en las entrañas de estos. Cuando matas a un enemigo con el espadón, sus vísceras salen despedidas cual fatality. Si Nidhogg eran las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira, Nidhogg 2 es El jardín de las delicias.

Mandoble contra arco en unos escenarios ahora recargadísimos de detalles | Equilateral

Mandoble contra arco en unos escenarios ahora recargadísimos de detalles. | Equilateral

Y le viene como anillo al dedo, porque más allá de lo visual, es un juego feo. Lo es porque consiste en que nos juntemos con uno o varios conocidos y nos rajemos sin piedad los unos a los otros. Hasta conseguir llegar al extremo final del escenario, que sigue siendo el objetivo para ganar, quién sabe si habremos matado (y muerto) unas 40 ó 50 veces; es difícil contar las manchas de sangre en el suelo. Por el camino se darán las tácticas más rastreras: lanzar nuestra arma justo donde sabemos que el rival aparecerá en un segundo y matarle antes de dejarle hacer nada, huir despavoridos en vez de pelear porque la flecha está de nuestro lado y el honor nos da absolutamente igual, y un largo etcétera. El juego tiene un modo arcade en el que podemos luchar contra la IA, pero esta no hace esas cosas. Sólo una persona es capaz de ser tan ruin y miserable. Nidhogg 2 va de eso, de ser un cabrón y deleitarnos con la victoria momentos antes de que nuestro oponente nos clave un puñal en el ojo.

Para jugar a esto con propiedad hay que ser lo más vil y rastrero que quepa imaginar

Pero hay algo de terapéutico en desmembrar a nuestros amigos. Viene increíblemente bien para relajar tensiones, ya sean las que se acumulan tras un día duro o las que, quizás, se han mantenido escondidas entre los dos contrincantes a lo largo de años de relación. Todo se olvida cuando os partís en trocitos a base de espadazos. Es como en ese episodio de la tercera temporada de Rick y Morty, donde Rick lleva a Jerry a una especie de estación cubierta por un campo de inmortalidad. La gente de allí no hace más que matarse a sangre fría solo para pasar el rato porque no hay consecuencias, y en Nidhogg tampoco. Por eso esta secuela se ha centrado en añadir más variables a la ecuación, para recrearnos con el asesinato de muchas más formas.

Aunque ya no tenga tanta presencia, el estoque no falta a la cita. | Equilateral

Aunque ya no tenga tanta presencia, el estoque no falta a la cita. | Equilateral

El primer Nidhogg era un título que funcionaba con la precisión de un reloj alemán. Sus reglas confluían entre sí creando unos duelos casi matemáticos. No le sobraba nada, era perfecto tal y como estaba. La nueva iteración de la fórmula creada por Messhof Games, en cambio, coge todo ese orden y decide revolcarse con él en el barro. El estoque era la única arma antes, y su sistema de tres posiciones y ataque hacia delante daba lugar a peleas intensísimas en las que predecir por donde va a bloquear el rival para buscar una apertura en él era todo un despliegue de habilidad y reflejos. Eso ya era suficiente, pero Nidhogg 2 añade otras tres armas: el espadón, el cuchillo, y el arco. Ninguna de ellas es tan interesante como el estoque, y además se reparten aleatoriamente al respawnear, así que los geniales combates entre estos ahora se dan rara vez. Lo más probable es que un espadón nos rompa la defensa del estoque y nos destruya, o que nos reboten una flecha que hemos disparado con el arco, o que en un auténtico duelo a muerte con cuchillos nos llegue uno volando hacia la cara a velocidades de vértigo y no nos dé tiempo ni a reaccionar.

Nidhogg 2 añade mucho ruido a la fórmula original, pero en un juego así eso significa que las partidas son aún más chifladas y divertidas

Todas estas herramientas del matar interactúan muy bien entre sí, además de propiciar que haya mayor variedad de situaciones. Sin embargo, rompen ese equilibrio armónico del que hacía gala el primer juego. Hacen que el jugador, al tratarse de una rotación aleatoria, deje de tener el control de lo que está pasando. Y cuando la improvisación le roba el protagonismo a la planificación estratégica, cualquier cosa puede pasar. Es lo que decía antes: Nidhogg 2 se mete en la autopista del caos y pisa el acelerador a fondo. Los mapas son ahora mucho más largos, lo que hace que haya más enfrentamientos, más remontadas, más sangría.

¿¡Qué es lo que piensan hacer!? | Equilateral

¿¡Qué es lo que piensan hacer!? | Equilateral

Su predecesor también era perfecto para enzarzarte en duelos demenciales con tus amigos. Era su principal baza, de hecho. Pero eran peleas justas. Ambos jugadores tenían siempre las mismas posibilidades, y todo lo que ocurría era cosa suya. Gracias a eso, era un título que se podía dominar y jugar a un nivel más serio, casi de competición. No quedaba otra, diría yo, porque en el plano más informal, como ya dije en el último Podcast Equilateral, acababa cansando muy deprisa en cuanto veías sus 4 mapas. Esa es la razón de ser del juego que hoy nos ocupa, la de impedir que la fiesta se detenga. Hay mucho más contenido ahora en materia de mapas o armas. Un contenido que pocos habían pedido pero que, en cuanto lo pruebas, te das cuenta de que no está nada mal.

La improvisación y lo inesperado hacen posible que haya más sobresaltos, risas, y cómo no, insultos. Nidhogg 2 no sólo se ve más feo y más loco, se juega más feo y más loco. El primero sigue siendo un juego con un diseño a prueba de bombas, y en temas como el movimiento de los monigotes o el combate cuerpo a cuerpo es incluso superior a su secuela. Qué demonios, es mejor que el segundo en términos generales, por mucho que en este último puedas toquetear las opciones para que solo haya estoques. Pero Nidhogg 2 no es para los que se fijan en cosas como las reglas o el diseño. Es para los que les cerraron el bar a la 1 de la madrugada estando ya borrachos y se pusieron a buscar otro garito abierto donde seguir con el cachondeo. Un local más grande, con barra libre, y abierto hasta el amanecer.

Nidhogg 2: duelo a muerte con cuchillos
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