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Tres días en Barcelona Games World 2017, o casi

Tres días en Barcelona Games World 2017. O casi. | Logo Oficial
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Crónica de la feria Barcelona Games World 2017, la principal feria de videojuegos de España, celebrada del 5 al 8 de octubre.

DÍA 1

Emerjo de la boca del metro que da a la Fira de Montjuïc, ataviada con los coloridos carteles de la Barcelona Games World 2017. Se respira calma. Es jueves por la tarde, poca gente va en jueves. Desarrolladores, gente de negocios, periodistas y los más interesados aprovechan para asistir a las conferencias programadas para este día y probar los juegos antes de que llegue el gran público. Me dirijo a la puerta y paso al lado de unos niños. Uno de ellos grita “¡Eh! ¡Que yo soy GAMER! He jugao al Assassin’s Creed, al Uncharted, al Call of Duty… ¡y muchos más!”. Me acuerdo de un artículo de Jonathan. ¿Cuánto de gamer hay que ser para ir al evento del gaming? Y, más importante: ¿cuándo llegará el día en que diremos tantos anglicismos innecesarios que técnicamente hablaremos inglés? Who knows. Seguramente any time soon. It’s very difficult todo esto.

Ya estoy entrando con dos compañeros de Equilateral en el Mundo de los Juegos de Barcelona y no veas qué estirón ha pegado. Este año se ha metido mucho más dinero que el anterior. El primer pabellón por el que se entra es el número dos suerte que tengo un mapa en el dorso de la entrada para no perderme del todo, donde los de PlayStation han acaparado gran parte del espacio con sus flamantes paraditas y un escenario para sus competiciones desde el que dos animadores gritan mucho. Gran Turismo Sport y Call of Duty: WWII tienen ya sus previsibles colas constantes y no falta gente jugando a Horizon Zero Dawn y Overwatch.

Tres días en Barcelona Games World 2017. O casi

Pabellón 2. | Equilateral

Más allá hay una nutrida zona indie en la que resalta una larga hilera de pequeños expositores del programa Playstation Talents. Deiland, Read Out First Contact, Khara, Flynn and Freckles, Phobos Vector Prime, son algunos títulos a saber. Mucha variedad apetecible y algunas sorpresas como Coolpaintr VR, que consiste en pintar o esculpir en 3D con PS VR y Move a modo de brocha con la posibilidad de animar el modelo. La realidad virtual parece que se está democratizando a través de las económicas gafas de PS4 y da pie a fuertes experiencias como The Impatient (precuela de Until Dawn) y la opción para muchos juegos que no se han diseñado sólo para ello, como Doom VFR, Skyrim VR o Superhot VR.

Al fondo del pabellón, la CO-OP Business Zone está separada por un gran cristal que permite a los visitantes observar a los hombres de negocios hacer sus cosas, aislados en lo que recuerda a una jaula de zoo (de los guays, eso sí). La idea es facilitar encuentros entre desarrolladores, editoras e inversores, así como ofrecer talleres de formación para emprendedores.

Alguien ha aterrizado un caza TIE para que se sepa dónde probar Battlefront 2, pero a mi lo que más me llama la atención es la demo de Detroit: Become Human, por la que acabo buscando una llave en una habitación oscura con trastos por el suelo. Me he metido en una scape room por error pensando que la cola era para probar el juego. A todos los que esperábamos nos pasa lo mismo. ¡Poned un cartel o algo! En fin. Y la llave sin aparecer.

Tres días en Barcelona Games World 2017. O casi

Pabellón 2. | Equilateral

DÍA 2

No voy a la feria. No por nada, tampoco iba a ir todos los días, a ver si te piensas que no tengo nada más que hacer. Pero la feria, de alguna manera, viene a mi encuentro en el metro, yendo a casa. Suben tres chicos, apenas mayores de edad si es que llegan y empiezan a hacer el tonto y a insultarse y golpearse cariñosamente, con colegueo. No sé, ese rollo de hacerse el gracioso siendo un capullo. Revolotean delante de mi ociosamente. Me fijo en que uno de ellos lleva una enorme camiseta sudorosa con el logo de Twitch. Llevan tres identificaciones de la Barcelona Games World 2017 colgando del cuello.

Ahora sí que mi curiosidad se vuelca en conseguir leer con qué término definen su rol en la feria, qué clase de perfil profesional del mundo del videojuego serán. Intento ver qué ponen esos pases por detrás entre sus bamboleos agarrados a las barras. Desde mi rincón del vagón los miro como quien no quiero la cosa. Estiro el cuello con disimulo, o eso creo. Doy un pasito para ganar un mejor ángulo. Creo que ya alcanzo a leer. In… Algo que empieza por “in-”. Uno le pega al otro una patadita amistosa. ¡Ahora! IN-FLU-EN-CER. Los influencers. Darles pases con ese título a tres adolescentes tiene más peligro que torear a un guardia civil con una estelada.

 

DÍA 3

Lo confirmo, esto ha crecido una barbaridad. En la web avisaban de que no quedaban entradas para el sábado. Todo lleno, es el día de máxima afluencia. Puesto que el jueves no pasé del pabellón 2, me dirijo con celeridad al Orange Stadium para presenciar el fenómeno que me tiene más desconcertado de este mundillo: los eSports. La palabra de moda que sustituye a los “torneos” de siempre. Y no es baladí, el término lleva aparejada la liturgia y la parafernalia de los deportes de masas a los que se quiere emular, en especial al fútbol americano.

El año pasado me quedé sorprendido de que hubiera gente interesada en ver jugar a chavales al LoL en un anfiteatro mientras un comentarista no se calla ni un segundo como si fuera un partido de fútbol. No entendí qué demonios estaba pasando en pantalla ni por qué la gente se alborotaba. Este año creo que lo entiendo mejor. A fuerza de representar el torneo como un evento deportivo y a los jugadores como ídolos, están convenciendo a las nuevas generaciones de que es algo digno de ser seguido. Hay puestos para fotografiarse con jugadores profesionales y comprar sus colores. Dales el empaque de prestigio y la apelación a la euforia colectiva y ya tienes algo más que una competición de habilidad, tienes una afición, y con ella, los patrocinadores.

Tres días en Barcelona Games World 2017. O casi

Orange Stadium LVP. Pabellón 2. | Equilateral

Tras ver un cuarto de hora de Giants contra Riders mimetizado entre la chavalada que aporrea churros hinchables con LEDs al son del comentarista, salgo del pabellón 2, atravesando la Plaça de l’Univers, llena de bancos y cubierta con una carpa como en el Oktoberfest, hacia el pabellón 1. Allí Nintendo ha establecido su feudo con las marcas que le rinden pleitesía, eclipsando la presencia antaño desmesurada de Wargaming y sus grandes decorados de tanques embistiendo cosas. Hay colas y espectadores alrededor de los expositores de los títulos de Switch competitivos como Arms, Splatoon 2 y Mario Kart 8 Deluxe, del cual hay torneo nacional. A pesar del gentío, no es difícil poder probar la mayoría de juegos gracias al aumento de expositores. En Game están haciendo su agosto. Por cierto, Microsoft, ¿por qué no estás?

Visto los pabellones principales, me paso por el Retro Barcelona, que el año pasado vi que era de lo más concurrido. Hay un mogollón de gente dándole a los mandos delante de televisores de tubo, como debe ser, aporreando máquinas recreativas o pescando gangas en el mercadillo. Me alegra ver que hay concierto en directo; como no, tocando bandas sonoras de videojuegos. Esta sala sube la media de edad a razón de veinte años. Aquí la vieja guardia vuelve a disfrutar rememorando su juventud y los más jóvenes pueden familiarizarse con la historia de los videojuegos.

Tres días en Barcelona Games World 2017. O casi

Pabellón 1. | Equilateral

Me queda solo un sitio por ver. En el pabellón 5 se desarrolla el campeonato internacional de Tekken 7 en un escenario bien iluminado y una gran pantalla, pero con un estilo mucho más sobrio y, quizás, clásico que el del Orange Stadium. En el resto del espacio se apiñan bastantes adolescentes observando diversos juegos competitivos, entre los que destacan los juegos de baile. Subiendo unas escaleras está el espacio reservado para la Game Jam, un evento cada vez más frecuente en el mundillo que llega a la Barcelona Games World. Se trata de desarrollar un juego en base a un temática dada, en pequeños grupos y en 30 horas, compitiendo por cinco premios.

El tiempo vuela y hay demasiado por ver este año. Salgo de la feria con la sensación de que, ahora sí, tenemos un evento digno y polifacético en el que probar una gran oferta de títulos nuevos y por estrenar, generar comunidad, participar en competiciones, cosplays y demás actividades que espero vayan en aumento. Este año veo que no tiene nada que envidiar a un referente como el Salón del Manga. He notado esa sensación de euforia colectiva que se desprende de la pertenencia a una afición cultural. Y eso que no tengo pase de influencer.

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