Recettear: ¡Viva el capitalismo! | Equilateral
Críticas

Recettear: ¡Viva el capitalismo!

Recettear: ¡Viva el capitalismo! | Equilateral

Recettear cuenta la historia de una tienda en la que toda acción que hagamos se relaciona de alguna forma con ganar dinero. 

Por mucho que nuestras ideas puedan diferir de la ideología predominante, vivimos en un mundo en el que manda el capitalismo. Los videojuegos no se quedan al margen y el dinero suele ser un factor clave, no solo por su papel en el desarrollo del producto sino por ser un engranaje más en la maquinaria de las mecánicas jugables que los mueven. Sean monedas que permiten comprar objetos, anillos de oro que dan vidas o meros puntos, muchas veces el juego exige al jugador que sepa acumular riquezas de la forma más eficiente. Y claro, por mucho que podamos estar en contra de las reglas del capitalismo, cuando el juego nos pide ganar dinero como sea para aplastar a nuestros rivales solo nos queda gritar “¡Viva el capitalismo!”.

El capitalismo también ha llegado al mundo mágico

Los protagonistas de muchas aventuras se dedican a acumular el dinero, bien sea porque cae al vencer monstruos o porque se esconde debajo de los árboles, y en algún sitio necesitan gastarlo. Es aquí cuando aparece uno de los gremios que más se beneficia de sus viajes: los tenderos. Los héroes no pueden invertir en inmuebles ni en bolsa, aunque es cierto que algunas veces pueden donarlo a gente necesitada, por lo que la mayoría de su dinero se destina a las compras en tiendas. Así que las tiendas son los lugares donde se mueve gran parte de la economía videojueguil; los vendedores de cada ciudad esperan con ganas que los guerreros pasen por su ciudad con sus bolsas llenas de dinero y decidan actualizar todo su equipamiento y reponer los objetos consumibles. Aunque también es cierto que, en ocasiones, los vendedores parecen meros muebles con los que interactuar para abrir un menú la primera vez que se entra a cada ciudad. ¿Es así realmente? ¿Tienen una vida más allá del mostrador? ¿De dónde sacan los objetos? ¿Tienen otros clientes además de los aventureros que solo pasarán una vez en la vida por su tienda?

Recettear dice que sí, que hay una persona con una vida detrás del mostrador. De hecho, detrás de su sonrisa, la vendedora esconde una historia de un padre que decide irse a la aventura dejando atrás deudas millonarias que ahora debe pagar ella. Y no son deudas con cualquiera, puesto que el capitalismo también ha llegado al mundo mágico y las hadas han montado su propia compañía financiera. Si Recette, la protagonista del juego, no paga, le embargarán la casa y se verá obligada a vivir en cajas de cartón — que es lo que aparece en las pantallas de game over cuando no se llega a las cantidades exigidas cada semana — . Sin embargo, una de las hadas, Tear, propone que en lugar de embargar la casa esta pase a ser una tienda de objetos que ayude a pagar la deuda y que ella se quede a supervisar las cuentas. Con las dos colaborando mano a mano, y gracias la combinación de sus nombres, nace la tienda llamada Recettear.

Capitalism, ho! | Carpe Fulgur

Capitalism, ho! | Carpe Fulgur

Una de las frases que grita Recette al inicio de su aventura comercial, y que se convierte en seña de identidad del juego, es “Capitalism, ho!”. Con esto hace una declaración de intenciones: aunque el objetivo sea pagar las deudas que las hadas exigen semana a semana, si tenemos la oportunidad, vamos a aprovecharnos de cualquier resquicio del sistema para hacernos ricos, a estirar al máximo el precio de las cosas para maximizar beneficios. Capitalismo en estado puro; hay que ser lo más inteligente posible para poder convertir el poquísimo dinero del que partimos en una fortuna a base de vender barras de pan, bufandas y espadas.

Una vez decidida la actividad comercial, queda la duda de la estrategia global. Al principio se opta por lo fácil, así que se acude a los mercados del pueblo para crear un stock de objetos que vender. Aunque la reventa está bien para empezar, para ir viendo como funciona el mercado y tantear a los clientes, no es suficiente si quieres aspirar a algo más grande. Los márgenes de beneficio son pequeños, una opción sería compensarlo vendiendo cantidades muy grandes, pero en el pueblo no hay suficiente gente para absorber todo ese stock. ¿Cuál es la solución? Optar por la vía de la calidad, la de vender productos exclusivos inflados de precio. Y tal vez la niña que se suele pasar por la tienda o el señor mayor no los compren, aunque para ellos siempre tendremos cosas más baratas, pero hay aventureros que van a picar con los objetos caros.

Ahora que tenemos la estrategia con la que enriquecernos, que es vender objetos valiosos, falta buscar la forma de obtener los productos a vender. Si no se pueden conseguir en los mercados, habrá que ir a otros lugares a por ellas. Y si la gente nos vendía las materias primas que obtenía de mazmorras, nosotros también lo haremos, pero iremos a las más peligrosas porque seguro que los objetos que hay allí son mejores. Eso sí, lo nuestro es vender y no pelear, así que aprovecharemos a los mismos aventureros que vienen por la tienda para que sean ellos quienes vayan a por los objetos. Será más seguro y, si les pasa algo, como mucho perderemos el dinero que les pagamos, que tampoco es gran cosa. Es cuestión de decidir el héroe adecuado, pagarle y que vaya a la mazmorra. Y ya que queremos que nuestra inversión sea lo más segura posible, siempre van a estar supervisados desde lejos y siguiendo nuestras órdenes, es decir, que les controlaremos desde cierta distancia.

Peces giratorios que hacen daño | Carpe Fulgur

Peces giratorios que hacen daño | Carpe Fulgur

Como pequeño inciso, vale la pena comentar que las mazmorras se generan de forma aleatoria — llenas de enemigos y trampas, como salmones gigantes que giran sobre el suelo — y cada héroe implica una forma diferente de jugar, con cosas como ladronas capaces de crear clones o magos. Es decir, la parte de recolección de recursos funciona como una especie de mini-roguelike con diferentes clases. Sorprende la aproximación al género si se tiene en cuenta que es un juego que salió en 2007 en Japón y fue traducido en 2010, antes del boom del género a raíz del éxito de títulos como Spelunky (2008) o The Binding of Isaac (2011). Aunque también es cierto que más que por Rogue, que fue el que inició el género, está influenciado por los juegos de la familia Mystery Dungeon, más populares en Japón y que a su vez se inspiraron en Rogue (que incluye títulos como Shiren the Wanderer y spin-offs de sagas como Dragon Quest, Final Fantasy o Pokémon).

Pero volviendo al capitalismo, el resumen de la estrategia para hacerse ricos es el siguiente: les pagamos un pequeño sueldo a los aventureros por explorar mazmorras, nos consiguen materiales, los empleamos para crear equipamiento exclusivo, se lo vendemos a ellos más caro y como serán más fuertes podrán ir a mazmorras más peligrosas, que aportarán beneficios todavía más grandes. Es un plan infalible, ¡viva el capitalismo!

Pero no solo de vender a héroes se vive. Hay que tener en cuenta que también la gente del pueblo visita la tienda, así que hay que es interesante que nadie se vaya nunca con las manos vacías — mejor vender una manzana que ninguna— . Y para ello, hay que tener en cuenta que cada uno tiene unos gustos y presupuestos. Es normal que la niña pequeña tenga poco dinero y siempre quiera regatear para rascar unas pocas monedas, pero con el tiempo la iremos conociendo; sabremos qué cosas tener listas en la tienda para cuando venga y el precio que decirle para que ni llegue a plantearse el regatear. Es más, si estamos atentos y damos a los clientes lo que quieren, cada vez vendrán dispuestos a dejarse más dinero en la tienda y, quizás, hasta la niña se compre un sombrero caro que no va a utilizar. Lo importante es que se sientan triunfadores en las negociaciones y satisfechos con sus compras, aunque en realidad todo sirva para ganar más dinero a largo plazo.

Tal vez pueda parecer que estamos en esto solo por el dinero y las personas sean bolsas de dinero andantes, pero también estamos para conocer la historia que tienen detrás. Una vez nos convertimos en asiduos a una tienda, la persona detrás del mostrador va conociendo poco a poco nuestras preferencias, de cómics por ejemplo, y rutinas. Puede intuir cosas, como que estamos pasando por dificultades económicas, o descubrirnos cómics que cree que igual nos gustarían pero se nos han pasado por alto. En Recettear somos el tendero que va conociendo a sus clientes habituales: descubrimos que la niña parece disfrutar mucho de la lectura y que tiene un familiar que se va de aventuras, por lo que ella se encarga, muy de vez en cuando, de cogerle equipamiento. O que el señor que suele venir a la tienda, y ser bastante generoso pagando, tiene como fuente de ingresos una herencia familiar un tanto extraña que nos vende de vez en cuando (caramelos y estatuas rotas).

Merienda para descansar del capitalismo | EasyGameStation

Merienda para descansar del capitalismo | EasyGameStation

Aunque no nos olvidemos que en ocasiones hace falta salir de detrás del mostrador para algo que no sea explorar mazmorras, como darse paseos por la ciudad para conocer a la gente y ver qué se cuece, leer los diálogos con un humor que se aprovecha de los tópicos de los RPG japoneses. La ciudad tiene vida, hay épocas en las que puede que el pueblo se obsesione con los escudos o las bufandas, por lo que hace falta descubrir formas de crear nuevos modelos con los que aprovecharse de las modas para cobrar más por ellos. Y de paso, conocer a nuevos aventureros que puedan estar por la ciudad que nos sean útiles para explorar mazmorras. Eso sí, antes de convertirlos en un engranaje más de nuestra máquina de crear dinero, hay que conocerles, descubrir su historia y ayudarles en lo que haga falta para ganarnos su confianza.

Según se progresa en el el juego, se dedica menos tiempo a cuidar de la tienda y más a explorar las mazmorras. Al principio hay que medir muy bien el dinero y pensar bien qué comprar para vender, decidir si vale más la pena dedicarse a explorar para vender cosas raras al día siguiente o quedarse en casa y vender objetos normales. Pero llega un punto en el cual el capitalismo ha triunfado y, con la deuda pagada, solo queda enriquecerse más y más hasta que las cifras de la cuenta bancaria pierden sentido. Con un buen colchón económico, ya podemos dedicarnos a explorar todas las posibilidades del sistema de crafteo para crear el mejor equipamiento posible, ir en búsqueda de los objetos más raros para completar la lista o llegar lo más lejos posible en las mazmorras… O no. Es la libertad que tienen los millonarios.

En Recettear vivimos por y para el dinero. Cualquier acción, aunque pueda parecer más humana, inocente o ni nos la planteemos hacerla con el dinero como motivo, acaba traduciéndose en nuevas vías para ganar dinero. Si hasta seres mágicos como las hadas han caído en las garras del capitalismo y nos exigen pagos de deudas, también a nosotros nos toca decir: Capitalism, ho!

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