Artículos de opinión

Cuando la pantalla juega contigo

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Cuando la pantalla juega contifo. | Windowframe

A la hora de escoger una plataforma solemos guiarnos por los títulos que tiene disponibles, y en eso juega un papel fundamental la exclusividad de algunas de ellas. Otro factor pueden ser las prestaciones del sistema de la consola en cuestión. Más allá de esto, poco suele importar nuestra elección.

Hay jugadores realmente expertos a la hora de elegir cómo quieren jugar y luego estamos los de mi especie: no entendemos demasiado de requerimientos de sistema y nos guiamos por la filosofía del “si mi ordenador lo aguanta, lo juego”. En mi caso juego en el PC porque no tengo ninguna consola y, si me interesa jugar más cómoda, enchufo un mando y sigo con mi vida tan ricamente. Este es mi caso personal e imagino que el de mucha otra gente, jugar con lo que tenemos al alcance porque ¿por qué deberíamos hacerlo de otra forma? Normalmente no hay más incentivo por parte de los desarrolladores para que juguemos en una plataforma determinada, sólo hay coacciones (si no tienes tal consola no podrás jugar a tal juego). Nada más. A efectos prácticos no hay diferencia entre jugar a Bioshock en un PC o en una Playstation 3, incluso en Mac puede jugarse sin problema más allá de sentir que el ventilador trabaja demasiado y algo va a explotar. Esto está bien porque pone muchos juegos al alcance de una gran variedad de personas, es decir, es un logro en cuanto a accesibilidad.

Es más, hoy en día, con la posibilidad de instalar emuladores en nuestros ordenadores, podemos disponer de decenas de consolas con sus correspondientes juegos en nuestra pantalla y, en ningún momento jugarlos de esta forma será un hándicap o, dicho de otra forma, parece que no hay nada, más allá de la nostalgia, que nos pueda aportar jugarlos en sus plataformas originales. ¿Por qué el juego de Mario Kart original se jugaba en una Super Nintendo y no en otra consola? Porque era de Nintendo, nada más. Esto se repite con miles de juegos de todos los tiempos.

Un apunte necesario es recordar que obviamente el rendimiento del juego dependerá mucho de la plataforma pero eso es por la potencia de la máquina, no por la fisicidad de plataforma en la que estamos jugando. Poniendo un símil más sencillo: podemos ver una película en la televisión y en el móvil, y la película seguirá siendo igual. Quizás la veremos mejor en la televisión porque es un aparato más grande pero la película en sí no sufrirá cambios.

Dicho esto, es imposible mirar a la cantidad de títulos disponibles a día de hoy sin la sensación de que (con muchísimas excepciones, lo reconozco) se repiten las mismas fórmulas una y otra vez como si los desarrolladores no quisieran renegar de la comodidad de lo conocido. Y, como suele pasar cuando uno pierde la fe en el medio, la respuesta está en los indies más pequeños, siempre luchando por llevarlo todo un paso más allá y seguir innovando en todos los ámbitos del sector. Aquí entran en juego Resize de Zorro Svardendahl y windowframe de Daniel Linssen, dos piezas que se pueden descargar en itchio de forma gratuita y que ahondan en el problema que he planteado. Ambos son juegos de plataformas breves que parten de un concepto parecido: para lograr avanzar habrá que jugar con la medida de la ventana en la que se encuentra el juego. Es decir, jugando con los bordes de la ventana lograremos bloquear láseres y zafarnos de amenazas que hubieran sido mortales para nuestros personajes.

windowframe. | Daniel Linssen

Me llama la atención que estos dos juegos que tanto pasan desapercibidos hayan sido los primeros en los que he tenido la sensación de estar jugando en un ordenador por alguna razón en concreto, no por un conjunto de arbitrariedades que me han llevado a estar pulsando teclas de un teclado y no botones de un mando. Explorando las posibilidades que ofrece tener un juego limitado a un espacio —pues los juegos no existen más allá de la ventana— por fin dieron sentido a jugar en una plataforma determinada (en este caso PC). Volviendo al símil de la película, sería lo mismo que si de repente apareciera un cineasta que rodara una película pensada para verse en teléfonos móviles y consiguiera hacerlo de una forma que verla en televisión fuera inútil.

Estos juegos son sólo ejemplos de lo que puede llegar a ser el medio cuando busca ir más allá de lo convencional. No creo que sean la respuesta definitiva ni la única forma de hacer que realmente importe la plataforma en la que jugamos pero sí son pequeños ejercicios que se desvían de la norma y ofrecen alternativas a cuestiones que parecían no tener respuesta o que ni nos habíamos planteado. A la vez, es algo muy positivo que éstos surjan de pequeños desarrolladores amateur, demostrando que los recursos no son una limitación a la hora de innovar. Poco a poco la corriente independiente se va adueñando del medio de los videojuegos y plantea nuevos caminos de la misma forma que las vanguardias cinematográficas hicieron lo propio muchísimos años atrás o de la manera en que la vertiente abstracta del arte amplió el mundo de la pintura. En cualquier caso, debemos tener en cuenta lo afortunados que somos de estar viviendo y poder participar de un cambio así en un medio tan versátil y abrazar todas las innovaciones, por pequeñas que sean, ya que poco a poco irán enseñándonos hasta dónde se puede llegar.

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