Artículos de opinión

Shelter: pensamientos de una madre

Shelter. | Might and Delight
Shelter. | Might and Delight

Shelter pretende que empatices con una madre tejón, que sientas el instinto de proteger a las crías. Y lo consigue. 

Nota: Durante el texto se describe gran parte de la historia de Shelter, tenedlo en cuenta en caso de que prefiráis jugar sin conocer nada. 

Empieza un nuevo día, me despierto y me acerco a mirar cómo están mis retoños. Todos parecen estar bien salvo uno, que no se mueve y está bastante pálido. Me preocupa, pero hoy tenemos un largo viaje por delante, así que cojo algo de comida de la que nos quedaba en casa y se la doy. Espero que recupere el color.

El bosque es inmenso y tengo miedo de que se pierdan, pero me siguen el ritmo perfectamente. Aunque también es cierto que los peques se cansan antes y necesitan comer de vez en cuando para recuperar energías: manzanas, bayas, ratas o ranas, todo sirve para reponer fuerzas en mitad del camino. Cada vez que rebusco y encuentro algo, lo cojo con mi boca y me acerco a ellos mientras me rodean dando saltitos porque tienen ganas de comer. Sin embargo, he de vigilar siempre quién necesita más la comida en cada caso, evitar que el que llega antes acapare todo y deje a sus hermanos sin la energía que supone esa comida. Ellos son lo más importante: mi comida puede esperar, tengo las fuerzas necesarias para guiarles por el camino más seguro.

Debo vigilar bien todo siempre porque el bosque está lleno de peligros. Una vez escuché los graznidos de un pájaro y al mirar hacia arriba lo vi: una enorme figura blanca que parecía una nube se abalanzó sobre una rata y se la llevó volando. No debió ser suficiente para saciarlo porque al momento volvió a la zona en búsqueda de su siguiente víctima, con su sombra trazando círculos sobre el terreno, y no quería que mis hijos corrieran la misma suerte que el roedor. Por suerte, estábamos en un sitio con mucha hierba alta en la que esconderse mientras avanzábamos. Estuvimos un rato caminando protegidos por las hierbas, hasta que fue necesario cruzar por una zona en la que no había, así que miré su sombra e intenté adivinar el momento en el que iba a ser seguro correr hasta la siguiente zona segura. Confié en que los pequeños me seguirían y, cuando consideré que era el momento adecuado, comencé a correr hasta la siguiente zona de vegetación. Una vez llegué me giré y los vi venir: uno, dos, tres, cuatro y… ¿dónde está el quinto? No puede ser… Gracias a dios, han cruzado todos bien.

Mi amor por ellos les servía como luz | Might and Delight

Mi amor por ellos les servía como luz | Might and Delight

Creíamos estar seguros bajo un tronco que servía de puente con una montaña cercana, pero no aguantó nuestro peso y caímos a un oscuro barranco. Era ya de noche y los pobres tenían mucho miedo, pero yo funcionaba como una luz que les daba amor y tranquilizaba. Aquí abajo había menos comida y con la oscuridad me costaba averiguar quién tenía una mayor necesidad de comer, así que debía usar mis instintos. De golpe, una rama crujió; yo sabía que no era nada, pero ellos se asustaron y comenzaron a correr despavoridos, así que, con miedo a que se perdiesen en la oscuridad, corrí hacia ellos. Encontré a cuatro de mis pequeños tejones y mi luz les devolvió la paz, pero al quinto no lo veía. Fue entonces cuando un rugido rompió el silencio de la noche: no había podido protegerlo de la amenaza de los depredadores del bosque. No me podía permitir que sus hermanos viviesen lo mismo.

Con la carga en la mente de haber pedido a una de mis crías, salimos del barranco y llegamos a una zona llena de ríos. La ola que golpeó las piedras que sobresalían del agua me hizo sospechar que la corriente era más fuerte de lo que parecía, así que era mejor ir sobre seguro y vigilar la corriente para minimizar los riesgos si me hacía falta cruzarlos. Ahora bien, hubo un momento en el que no nos quedaba otra opción más que zambullirnos dentro del agua y escalar por el río hasta la cima de la pequeña montaña desde la que emanaba. Poco a poco ascendíamos y todo iba bien, hasta que escuché un golpe seco. ¿Qué había sido eso? Al girarme y comprobar que estaban todos, me di cuenta que faltaba uno de los pequeños, se lo había llevado la corriente. Había vuelto a ocurrir, por un fallo mío otro había muerto. No podía volver a pasar, no podía fallarles.

Cuando vi el bosque calcinado, fue desolador | Mi amor por ellos les servía como luz | Might and Delight

Cuando vi el bosque calcinado, fue desolador | Mi amor por ellos les servía como luz | Might and Delight

El río no era buen lugar, así que tuvimos que continuar nuestro camino por tierra. Llegamos a una zona de bosque, aunque el aire no parecía muy limpio y pequeños puntitos negros flotaban en el ambiente. Empezamos a notar calor a nuestras espaldas y al girarme lo comprobé: el bosque estaba en llamas. Si íbamos con cuidado no pasaría nada, solo había que elegir cuidadosamente el camino a seguir y evitar árboles que se pudieran caer. Ahora bien, el fuego también había acabado con mucha de la comida que había en el bosque, por lo que alimentar a los peques era más difícil. Aunque al mismo tiempo, como éramos menos, podíamos permitirnos dedicar menos tiempo a buscar comida y más a avanzar; eso sí, cada vez que encontraba comida que no nos hacía falta pensaba en los hijos que no estaban ahí para comerla.

Si ya con el fuego teníamos problemas, encima el pájaro había vuelto. Las llamas habían quemado gran parte de la hierba, por lo que esconderse era más difícil y corríamos el riesgo de que un arbol cayera y nos cortase el camino, dejándonos expuestos ante el depredador. No podía permitir esto, así que poco a poco avanzamos por lo que quedaba de bosque calcinado, evitando sus ataques, hasta una llanura dominada de nuevo por el verde. El ave nos seguía acechando, supongo que era otra madre en busca de alimento al igual que yo lo había hecho, pero hoy no sería el día que se llevara a mis crías. Seguimos avanzando por la hierba hasta que llegamos a un punto en el que no quedaba rastro de ella, así que ya no teníamos lugar para escondernos. ¿Y ahora qué?

No quedaba otra opción más que correr hasta el bosque del fondo y rezar por nuestras vidas. Todo iba bien y parecía que la habíamos despistado, hasta que volvió volando en picado hacia nosotros. Me interpuse en su camino hacia los peques y me golpeó; me dejó malherida pero podía caminar. Les dije a los pequeños que corriesen, que yo ya llegaría, aunque en realidad sabía que no iba a ser así. La gran masa blanca volvió para atacarme y me cogió con sus garras, tras lo que empezó a volar.

Espero que crezcan fuertes.

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