Artículos de opinión

“Fuck the Oscars!”, un exabrupto reivindicativo

Josef Fares durante la gala de The Games Award 2017. | Equilateral
Josef Fares durante la gala de The Games Award 2017. | Equilateral

Fue uno de los momentos más destacados de la gala de The Game Awards por salirse de tono, pero más allá de las formas y las especulaciones sobre si Josef Fares, creador de Brothers: A Tale of Two Sons y A Way Out, actuó bajo el influjo del jet lag o de sustancias que había tomado hay una reivindicación tan profunda como poco articulada sobre el estatus del medio en las industrias culturales.

La doble peineta a los Premios Óscar no era por odio a la industria cinematográfica; de hecho, como él mismo señaló, Fares ha sido un cineasta de éxito antes de pasarse al desarrollo de videojuegos. Tampoco fue, como algunos interpretaron, un desprecio a la imitación que los Game Awards han hecho del gran certamen del cine. Más bien al contrario. Fue una expresión, desde la pasión desbordante que le caracteriza, de un sentimiento de orgullo por la grandeza que ha alcanzado la industria del videojuego, un grito de autoafirmación: “This is crazy, I’m telling you, this is the real shit”.

Polygon entrevistó a Fares posteriormente: “No tengo nada en contra de los Oscar. […] En los propios The Game Awards hablamos de ser ‘como los Oscar’. Y es como, venga tío, es hora de que la gente entienda que los videojuegos son un arte serio”.

Este año se ha hecho evidente la emulación de la liturgia de la gala de los Óscar por parte de los Game Awards

La Historia se repite. Aunque ahora parezca mentira, a principios del siglo XX el cine era considerado poco más que un pasatiempo popular para las clases bajas. Comenzó como espectáculo de feria, se popularizó en los nickelodeons (proyectores individuales en los que se echaban monedas, de forma similar a una máquina recreativa) y con el tiempo se trasladó a las salas de proyección al estilo de teatros cada vez mayores que han llegado hasta hoy en día (“theaters” en inglés). Esa progresiva dignificación de los espacios propios del cine se dio conforme el lenguaje cinematográfico evolucionaba hacia un medio maduro y se emancipaba de la identificación con la clase obrera. Así, la industria del cine se apropió de las formas y espacios de la burguesía para legitimar el medio como cultura.

Ahora, a principios de este siglo es la industria del videojuego la que está en pleno proceso de autoafirmación, como muchos artículos más desarrollados que éste han señalado. Y este año, más que nunca, se ha hecho evidente la emulación de la liturgia de la gala de los Óscar por parte de los Game Awards, que huye de la subcultura gamer para atraer a los grandes anunciantes de productos y el interés mediático. Hemos podido ver en numerosos medios, especializados o no, la noticia del dato: los Game Awards han triplicado su audiencia respecto al 2016. 11,5 millones de espectadores de todo el mundo, dicen los organizadores.

A pesar de la comparación recurrente con los Óscar, los Game Awards no son un pilar monolítico sobre el que pivota la industria, hay muchos otros premios importantes y con múltiples enfoques. Quizás la sombra del hermano mayor de celuloide acabe forzando la centralidad mediática y, por ende, la atención del gran público en detrimento de la pluralidad de criterios artísticos que aporta tener más certámenes. Es difícil encontrar un camino propio cuando tienes uno como referencia, pero lo que está claro es que la anecdótica salida de tono no le quita razón a lo que deja implícito Fares y que el maestro de ceremonias Geoff Keighley no dejó desarrollar, que los videojuegos son la industria cultural del siglo XXI.

Joseph Fares exponiendo sus argumentos con templanza. | MásGamers

Joseph Fares exponiendo sus argumentos con templanza. | MásGamers

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