Crítica de Genital Jousting. | Equilateral
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Genital Jousting, o la flácida levedad del ser

Crítica de Genital Jousting. | Equilateral

Free Lives sorprende añadiendo un modo historia al irreverente Genital Jousting, que bajo la edición de Devolver Digital llega con ganas de hacer reír y levantar alguna ampolla. 

Todos tenemos una voz interior. Gracias a ella podemos vernos a nosotros mismos con algo de perspectiva, reflexionar en tiempos de incertidumbre, dudar cuando lo incierto se revela o hacer acopio de valor si el miedo nos acecha. En el videojuego, esta conciencia suele traducirse narrativamente en una voz en off que acompaña a un determinado personaje en su aventura por el mundo, ya sea expresando descubrimiento personal, indecisión ante el progreso, o incluso llegando a postularse en alguna ocasión como el ulterior antagonista de la historia. Así, en Thomas Was Alone es esta misma voz la que consigue que su pequeño protagonista parta en busca de la amistad y deje atrás, por fin, su soledad. En The Stanley Parable es la que pone arribas la vida del titular, empujándole a las profundidades del laberinto en que se ha convierto su existencia. Y en Genital Jousting es la que no para de cachondearse de John a cada giro que da su patética vida.

La infancia de John vuelve en forma de pesadilla | Free Lives

Antes de seguir, voy a quitarme lo obvio de encima: John es un el epítome del antihéroe. Es el average joe más average que uno pueda imaginar, un pobre diablo oficinista que bien podría ser una piñata rellena de defectos, traumas, y ansiedades que se derraman de su flácido cuerpo a cada golpe del destino. Un alma triste que se arrastra por la rutina en continua huida hacia adelante, dejando a su paso un reguero de abatimiento y patetismo pegajosos. Un amasijo de complejos que cada vez que intenta decir algo con sentido no puede sino escupir palabras estériles e ininteligibles. Un ser inocuo perseguido por los recuerdos de una infancia lamentable, solo superada por la suma infinita de unos días largos, duros y difíciles de tragar, en torno a los cuales gira el —inesperadamente— genial modo historia de Genital Jousting.

Este es el relato de una lucha, el periplo del tal John por dejar de ser un perdedor, compuesto a partir elementos sencillos pero cuidadosamente seleccionados: una recurrente pesadilla de infancia, en la que el jugador se familiarizará con los controles al tiempo que emula al pecado original; un personaje principal que despierta abatido en un pequeño apartamento para arrastrarse de la cama a la ducha, de la ducha a la cocina, de la cocina a la oficina y de vuelta; una empresa que no le respeta, unos ritos sociales que no sabe manejar, una esfera sentimental en pedazos. A partir de esta deprimente premisa, Free Lives teje una historia contenida pero muy cercana, con el humor más irreverente como hilo y el sarcasmo más afilado como aguja.

Una de tantas dudas existenciales en el día a día de John | Free Lives

He de decir que, más allá de su ingenio, este es un juego difícil de analizar. Si me lo tomo demasiado en serio, corro el riesgo de ir en contra del tono de la obra, y si me dejo llevar por el cachondeo, todos los deliciosos matices de su humor ácido se perderán como lágrimas en la ducha. Supongo que esto es algo común y casi inevitable cuando manejas a personajes en los que es tan fácil sentirse reflejado, y es que al ver como John intenta mantener su integridad ante los embates de una sociedad cada vez más voraz y egocéntrica, uno no puede sino sentir que está jugando consigo mismo. La crítica mordaz e ingeniosa de los desarrolladores es capaz de penetrar poco a poco en el jugador a poco que se deje llevar, hasta acceder a sus rincones más sensibles, y es que la forma en que Genital Jousting pone en tela de juicio algunos de los pilares básicos de la realidad contemporánea, como el corporativismo, las adicciones, la falta de autoestima endémica y la sociedad de la imagen, hacen que la experiencia pueda ser, para algunos, algo difícil de tragar.

En cuanto a lo mecánico, Genital Jousting es poco reseñable. Su base es extremadamente simple, apenas un ir de un punto A a un punto B mientras presionas las teclas que se van indicando para hacer la acción que corresponda en cada momento, ya sea levantar pesas en un gimnasio, publicar las fotos de un viaje en Instagram o bailar en una discoteca. No obstante, y pese a que no sea este un juego que haya venido precisamente a revolucionar el medio, encuentra virtud en utilizar todos sus componentes para hacer que cada alto en el camino acabe salpicado de ironía. En esta línea, cada espacio por el que se desliza John se conjuga en un chiste situacional, una pequeña sacudida en busca de la risa rápida de camino al estallido final. Todos juntos forman una estructura similar a un monólogo o a un sketch de Monty Python, una progresión ascendente desde los inocentes juegos preliminares en los que el patetismo de John resulta entrañable, hasta el nihilismo de las embestidas finales ante las que uno no puede sino empatizar con él y desear que todo acabe pronto.

Todo esto no sería posible sin la gran baza del juego, el elemento que da empaque y fuerza a todo el conjunto: la narradora. Esta figura, utilizada en muchos títulos para dar dimensión a sus relatos, ya sea ofreciendo una ventana a los pensamientos y sentimientos de sus personajes o como goteo omnisciente de información, adquiere en Genital Jousting el papel de rematar constantemente el chiste, sin dejar pasar ni la más mínima ocasión de echar un jarro de agua fría sobre el protagonista cada vez que este intenta erguirse y poner en orden su vida. Hasta tal punto llega la desidia que uno puede llegar a abandonarse a la lástima viendo cómo la batalla de John no es sino contra sí mismo, el enemigo final la voz de su conciencia y los trozos rotos de su autoestima el único premio posible.

Y lo verdaderamente genial del asunto es que Genital Jousting jamás esconde que es una soberana tontería. Una campaña del todo innecesaria pero que exprime hasta la última gota de una fórmula que ya de por sí haría que cualquiera se preguntase qué pasa por las cabezas de sus creadores. Un ensayo peregrino de La broma infinita de Wallace guiado por una maestra de ceremonias que es absolutamente consciente de lo absurdo de cada momento que describe. Como absurda es esta crítica, absurda puede ser la vida y absurda es esa voz que ahora mismo te está diciendo que quizás no esté tan mal ver que se siente siendo pene por un día.

Genital Jousting, o la flácida levedad del ser
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