Crítica de Rumu. | Equilateral
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Rumu, los unos y ceros del luto

Crítica de Rumu. | Equilateral

Por naturaleza, los seres humanos proyectamos nuestras emociones, intrigas y miedos sobre todo aquello que creamos. Se habla mucho de si los robots y las inteligencias artificiales podrían llegar a pensar, sentir y vivir como nosotros. Si nos quitamos esas preguntas de encima, tendremos en ellos un espejo perfecto en el que reflejarnos, y en eso se basa la efectividad de Rumu al hablar sobre cómo la muerte nos va a cambiar de manera casi inevitable.

Perder a alguien nunca es fácil. La muerte es un tema que ha sido tratado en la historia humana durante siglos, y es que es lo único certero e inevitable que tenemos en la vida, irónicamente. Si bien esto suele aplicarse a nuestra propia mortalidad, una de las cosas más difíciles por las que todos tendremos que pasar es ver a la gente de nuestro entorno fallecer. Al fin y al cabo, estos sucesos pueden dejarnos sin partes esenciales de nuestra vida, causando todo tipos de estragos, según la relación que tuviésemos con ellos. Con Rumu, Robot House quiere hablar de estas dificultades y de cómo construir una vida sobre las ruinas que quedan tras la pérdida de seres queridos.

Lo más importante de un sentimiento no es su procedencia

“Contar una historia sobre un robot que quiere ser humano es una distracción. No hay diferencia. Lo vivo es lo vivo. Solo hay una cosa que importa: ser”. Las obras que tratan sobre si una máquina puede sentir son abundantes. No voy a negar que sea un tema interesante pero, tal y como decía Catherynne M. Valente en Silently and Very Fast, a esa temática se le ven las costuras, y más con el paso del tiempo. A medida que esta premisa envejece, los creativos se van alejando de su noción para dar por hecho una cosa: un sentimiento, venga de donde venga, siempre va a ser genuino.

Rumu

Tener acceso a los mecanismos de una casa inteligente servirá para poder abrir todo tipo de caminos secretos. | Equilateral

Somos Rumu, una aspiradora inteligente programada para para limpiar y querer. La casa en la que habitamos no es una cualquiera, pues está gobernada por una IA llamada Sabrina y poblada por otros electrodomésticos como nosotros. Ah, y un gato. Pero entre estas paredes hay algo más: la historia de tres personas, dolor y un secreto trágico. Tras ser encendidos y puestos a punto por nuestros dueños, nuestra tarea será la de cualquier máquina como nosotros: recoger los enchastres que pueblan nuestro nuevo hogar. Eso sí, Rumu tiene otras cosas en mente, pues programar algo para sentir amor es darle personalidad, pasiones, miedos, ambiciones y deseos. En el caso de esta pequeña aspiradora, esto se manifestará en una necesidad imperiosa por explorar y averiguar dónde están sus dueños. Limpiar, algo que podía parecer una tarea aburrida y sosa, se convierte en toda una vivencia cuando los recovecos, pasadizos y misterios de la casa entran en juego. Lo que hay detrás de manchas, desórdenes y unos y ceros es, irónicamente, una historia muy humana. Rumu viene a hablarnos del luto, la pérdida y la superación de estos.

Dicho esto, es muy difícil tratar cómo se exponen los temas de esta obra sin compararla con otra más conocida: Gone Home. Tenemos una casa (casi) deshabitada, un secreto a desentrañar y parte de la narrativa se hará a través de los entornos que encontremos. La influencia está ahí, y es bastante clara, pero el título no busca copiar este esquema, sino crear su propia identidad a partir de sus elementos. A través de algunos puzles, nuestra inspección de los entornos se convertirá en una actividad variada y llena de momentos memorables. Además de eso, no todo lo que nos cuenten será a través de lo que nos rodea, sino que entablaremos conversaciones con otros aparatos y, sobre todo, con Sabrina. Esta última, además, es uno de los ejes centrales de la historia, y un personaje muy bien construido. Jugando con varios tópicos relativos a las inteligencias artificiales, se nos guiará hacia unas interacciones muy humanas.

Es gracias a sus personajes que la idea de la muerte se trata de una manera tan exquisita en la obra. Si bien es verdad que tiene algunos momentos macabros, estos sirven para retratar la obsesión por lo perdido, un pozo sin fondo del que es muy difícil de salir. La figura de Rumu tiene como objetivo ser contrapeso el a ese tipo de pensamiento circular: un robot diseñado para amar que va creciendo gracias a sus experiencias es perfecto para equilibrar la situación. Es difícil no caer en el dramatismo al hablar de la figura de la Parca, pero Robot House lo consigue tratando el tema con tacto y buen gusto.

Rumu

Rumu toma como válidas todas las emociones, ya sean de origen humano o tecnológico. | Equilateral

Rumu carece de toda grandilocuencia, y eso es lo que lo hace efectivo. Tratar la muerte y el luto como algo más que un elemento natural de toda vida puede llegar a empañar lo que, en un principio, debería ser una experiencia fácilmente asimilable para cualquiera. Todos los apartados que conforman el juego gozan de sencillez y tienen un sentimiento de intimidad muy grande: su estética casi minimalista transmite una mezcla de vaciedad y minimalismo; su música es simple, a la vez que emotiva, creando un ambiente muy íntimo a medida que acompaña a las situaciones que nos encontramos; lo jugable busca no distraernos con tonterías, sino potenciar nuestro ansia de exploración y resolución de enigmas… Esta es una de esas obras en la que todo su contenido apunta en una sola dirección: amplificar lo sentimental del título. Es un gran ejemplo del “todos para uno y uno para todos” en la dirección del videojuego.

La mortalidad no es nuestra enemiga, sino nuestra acompañante

Estamos ante una experiencia cercana y personal sobre el luto y cómo reconstruir nuestras vidas tras una gran pérdida. Si le damos una oportunidad, nos sorprenderá con unos momentos muy potentes y un mensaje esperanzador, aunque duro de digerir. Hablar sobre cómo la muerte cambia y define todo no es una tarea sencilla, y es muy fácil caer en ser sentimentaloide solo buscando forzar empatía. Cuando hablé de Last Day of June, os dije que, pese a hablar del luto y la muerte, no hacía nada con ello, sino que más bien se enfrascaba en un ciclo de crear tristeza sin ningún valor. Rumu, por otro lado, sí que tiene un discurso preparado. Su mensaje está bien desarrollado y argumentado, llegando a una de las culminaciones emocionales más satisfactorias que he experimentado en un videojuego. En poco más de 2 horas de duración, una pequeña aspiradora consigue que entendamos que el poder que tenga la muerte sobre nosotros dependerá, en gran medida, de cómo la percibamos. Si dejamos que el dolor nos encadene, estaremos falleciendo por dentro, dejando atada a fantasmas del pasado. A todos nos llega la hora, y lo más humano que podemos hacer es aceptar este hecho absoluto, seguir adelante y aprender a llevar dentro de nosotros a quienes ya no están.

Rumu, los unos y ceros del luto
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