Crítica de The Red Strings Club. | Equilateral
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The Red Strings Club: tirando del hilo

Crítica de The Red Strings Club. | Equilateral

En un futuro distópico (o realista, según como se mire) creado por la ficción es habitual toparse con los conflictos morales y éticos entre humanos y máquinas ofrecidos por la trama, pero no en The Red Strings Club. En este caso eres tú quien teje los hilos, eres tú quien elige dónde empieza tu libertad y acaba la de los demás.

El segundo juego del joven estudio español Deconstructeam distribuido por Devolver Digital nos recibe con una estética basada en el pixel art, la cual se ha convertido en uno de los exponentes del género cyberpunk debido en parte a gifs populares en Tumblr como los de la artista Waneella. Antes de la tempestad viene la calma, así que antes de ver cómo Brandeis se precipita hacia el vacío sin posibilidad de salvación, la pixelada pantalla de inicio de The Red Strings Club hace sonar un piano melancólico que dialoga con los truenos y la lluvia que golpea contra los cristales. A través del ventanal contemplamos enormes paneles de led que anuncian servicios que no podríamos entender, vehículos que se desplazan a toda velocidad hacia ninguna parte, una noche oscura y triste que tan solo resplandece con el brillo de los relámpagos durante un segundo…

The Red Strings Club

A pesar de ser una obra ambientada en el futuro, The Red Strings Club hace una crítica directa a la sociedad contemporánea, a la obsesión por el poder y la aceptación social, al dominio de las marcas y las corporaciones sobre nuestra capacidad de pensamiento crítico. En este supuesto futuro ideado por Deconstructeam (no muy lejano al nuestro), la felicidad está en manos de las máquinas, responsables de realizar modificaciones en nuestro estado de ánimo y emociones.

¿Cómo te sentirías si estuviese en tu mano el destino de la humanidad?

El gigante Supercontinent Ltd ha desarrollado el Bienestar Psíquico Social, un sistema de control mental propagado informáticamente mediante el Algoritmo de la Neurona Espejo. Las neuronas espejo son las responsables de la capacidad para aprender mediante la imitación del comportamiento de otros, de la capacidad de reproducir sus emociones, de la capacidad de sentir empatía. La directora del proyecto, Diana Meyes, explica que el BPS “puede aislar estados emocionales como la depresión, la ansiedad, la rabia… y controlarlos usando únicamente el poder de tu propia fisiología”. ¿Qué te hace pensar esto? Si estuviese en tu mano, ¿serías capaz de suprimir estados emocionales negativos para ser más eficiente como ser humano? ¿Perderías tu humanidad al tomar esta decisión? Estas son algunas de las preguntas que The Red Strings Club nos plantea, las mismas que Akara hace a Donovan y que debemos responder a través de su voz, manejando los hilos.

The Red Strings Club

Los personajes de The Red Strings Club no son más que marionetas que hacemos bailar con nuestras acciones, tirando de los hilos de decisiones que tomamos. The Red Strings Club trata de definir (y que tú definas) qué nos hace humanos. ¿Es la tristeza una buena musa o ataca nuestra creatividad artística? El juego apunta a que el odio y el miedo son la base de la autodestrucción, de las ansias de dominación de los seres humanos unos sobre otros, del ferviente deseo de ser superiores económicamente, culturalmente, racialmente, sexualmente. Controlando los sentimientos se puede detener la carrera armamentística, la explotación de recursos naturales para obtener energía, y un largo etcétera. Pero por otra parte, ¿es legal jugar a ser dios? La ética y las normas entran en conflicto a través de una revolución contra el sistema imperante que aboga por controlar cada vez más a la población mediante los implantes sensoriales a los que es adicta.

¿Serías capaz de inhibir tus sentimientos para ser más eficiente?

The Red Strings Club pretende ser provocador, se moja en temas que incomodan a más de uno, y lo hace sin miedo, escudándose en el género cyberpunk que representa un futuro en el que ya que nada es tabú, como muestra el exceso de palabras malsonantes presentes en gran parte de los diálogos. Busca la controversia, aunque se conforma con molestarte cuando te ves identificado con alguna de sus caricaturas.

The Red Strings Club

Sin embargo, lo más interesante de The Red Strings Club no es su temática en sí sino las sensaciones y reflexiones que la misma es capaz de provocar. El acierto del juego es que pone su enfoque en la persona que lo juega, permitiéndole formar parte del mismo a través de sus personajes. En The Red Strings Club no eliges lo que haces sino lo que eres. El juego quiere conocer y que tú conozcas la posición ética que adoptarías en un mundo en el que pudieses ser responsable del destino de los demás, de sus sentimientos, de sus vidas. ¿Permitirías el suicidio, la violación y el asesinato?

¿Eres consciente de tus valores éticos y morales?

Otra excelente decisión narrativa y de diseño es que el juego nos permite observar el impacto que nuestras acciones tienen en el desarrollo de los acontecimientos. Este feedback es directamente observable a través de un icono en el menú con forma de hilo, el cual podemos desplegar para observar nuestro progreso y todos los posibles caminos que podríamos haber tomado en su lugar. El uso de la metáfora del hilo rojo (una creencia de origen chino) aporta coherencia visual a The Red Strings Club, una coherencia que se hace sólida en su banda sonora. Las armonías invitan a escuchar diferentes hilos instrumentales compuestos de sonidos artificiales y en bucle, como las máquinas e IA del juego, junto a instrumentos clásicos tocados por humanos como el piano y el fagot, dando calidez y emoción a la melodía.

The Red Strings Club

Por otro lado, el color del juego palidece en cuanto al balance entre opciones de diálogo y otras mecánicas interactivas, como los tres minijuegos que rompen la rutina de leer texto y seleccionar respuestas: servir cócteles, fabricar implantes en un torno fresador y llamar por teléfono. Dichos minijuegos fueron originalmente diseñados por separado en gamejams y han sido unificados bajo el hilo conductor de la historia principal de The Red Strings Club. El hecho de que no se hubiesen desarrollado a la par que el resto del juego hace que se pierda un poco de credibilidad e inmersión, pues algunos momentos encajan forzosamente con la obra y pueden hacerse tediosos. Por ejemplo, aprender a fabricar implantes con la precisión que se le exige al jugador es una tarea que no se ve suficientemente recompensada ya que más tarde no volverá a aparecer dicha mecánica ni esta tiene una especial relevancia que justifique dicho esfuerzo (más allá de lo interesante que resulta manipular las emociones ajenas). En mi opinión, se trata de un interludio demasiado extenso implementado para añadir duración al juego.

El minijuego más coherente y que contribuye narrativamente en la obra es el de mezclar bebidas, aportando una dinámica basada en el alma y los puntos cardinales que la hace diferenciarse del ya conocido juego de servir copas VA-11 Hall-A. Además de ser un buen ejemplo de curva de dificultad (cada vez que atendemos a un cliente se hace más complejo combinar la bebida que queremos que tome), este minijuego logra un equilibrio perfecto entre desafío y habilidad, el cual evoca el estado de flow en el jugador. Para hacerlo aún más interesante, dicho minijuego nos hace ponernos en la piel pixelada de Donovan, el dueño del bar que da nombre a The Red Strings Club y que se sirve de sus influencias para mover los hilos y traficar con información. Cuando uno está bajo los efectos del alcohol se tiende a la verborrea, por lo que Donovan juega con ventaja… y nosotros con él.

The Red Strings Club

Volviendo al hilo central de la trama, las emociones, es digno destacar la decisión narrativa de Deconstructeam de no permitir enmendar nuestros errores para corregirlos. Esta imposibilidad de descoser nuestros actos para volver a tejer la historia que más nos guste hace que nos involucremos en ella, que sintamos orgullo al conseguir nuestro objetivo y que sintamos frustración al haberlo perdido. Puede que las cosas no salgan como planeabas, incluso una nimia acción puede tener consecuencias a gran escala, como el efecto mariposa del que el juego se hace eco. Puede que no estemos acostumbrados a tener que lidiar con el resultado de nuestras “malas” decisiones dentro del contexto de un videojuego, el cual se supone que representa un lugar seguro (y artificial) donde tenemos el control de la situación y podemos hacer aquello que nos plaza. Puede ser molesto tener que afrontar haber elegido la opción incorrecta, pero no hay manera de solucionarlo, ¿o acaso vas a volver a empezar la partida perdiendo todo progreso con tal de desbloquear un final “feliz”?

¿Aceptas las consecuencias de tus actos?

Desde el principio ya conocíamos el final de la historia, pero ese destino inevitable a la vez nos da la oportunidad de dejarnos llevar y disfrutar del viaje. El juego finaliza al igual que comienza, como un hilo rojo de Moebius sin principio ni final. Y, si queremos cambiar, tan solo tenemos que empezar de nuevo.

The Red Strings Club: tirando del hilo
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