Críticas

Chuchel: una bola de pelo contra el mundo

Chuchelandia | Amanita Design

Con el espíritu de las series de animación de humor y capítulos cortos, Chuchel es un juego simpatiquísimo que quiere que sonriamos constantemente. 

Chuchel es la clase de juego que debería jugarse con niños: todos juntos sentados alrededor de la pantalla, como si fuéramos a ver una película de animación o un recopilatorio de los mejores episodios de su serie favorita. Aunque aquí lo que tenemos es un juego que consigue que pases la mayoría de las dos o tres horas que dura con una sonrisa dibujada en la cara.

Los juegos de Amanita Design tienen algo especial, de lejos se pueden reconocer muy fácilmente. Bien sea con la aproximación al collage de Samorost; los dibujos a lápiz de Machinarium, con un aire que recuerdan al ilustrador Shaun Tan; o la vegetación brillante de Botanicula; las capturas de sus juegos podrían haber salido perfectamente de los álbumes ilustrados de la sección infantil de cualquier librería. Las imágenes de Chuchel podrían pertenecer también a uno de esos libro de ilustraciones, basta ver capturas para darse cuenta de lo bonito y carismático que resulta ser en el apartado artístico, con objetos y personajes llenos de color. Ahora bien, cuando lo jugamos percibimos que pretende ser otra cosa: su mirada está puesta en las series de animación de sketches cortos.

Looney Tunes, Tom y Jerry, La oveja Shaun… Son esa clase de series en las que se inspira Chuchel, con sus capítulos cortos que se basan en gags en los que el diálogo no suele importar porque se centran más en el lenguaje corporal y las situaciones alocadas. Algunas series de animación de ese tipo dan algo más de papel a la conversación, pero en el caso que nos concierne los únicos sonidos que se escuchan son los ruidos fruto de nuestras acciones y gritos ininteligibles al estilo de los Minions o los Rabbids. Con el fondo blanco de la gran mayoría de sus episodios, junto a esa “mudez”, recuerda a un capítulo de Pocoyó, aunque Chuchel es menos educativo y se centra en la diversión fruto de la típica violencia cómica de los dibujos animados. Es más, el juego lleva la mudez a un punto en el que ni los menús tienen texto, todo se comunica a base de imágenes y sonidos. Por tanto, que ni haga falta leer para disfrutarlo es algo que incentiva todavía más el jugarlo con niños cerca.

Chuchel mola un huevo | Amanita Design 

Chuchel mola un huevo. | Amanita Design

Chuchel está planteado al estilo de los recopilatorios de episodios de esas series. Así pues, siempre que abramos el menú de pausa, en la parte inferior encontraremos nuestro avance por los capítulos, como si fuera una lista de los episodios que hemos visto. Cada una de las diferentes secciones que componen el juego funciona como un sketch en las que Chuchel, la criatura peluda que le da título, intenta conseguir una cereza aunque siempre se le presenta alguna clase de problema; algo muy en la línea de las aventuras de la ardilla Scrat de la saga Ice Age, quien persigue eternamente una bellota.

El enfrentamiento con estos problemas se divide en dos tipos de nivel: los dedicados a sketches breves y los puzles más largos. En los primeros, la interacción del jugador con el juego es relativamente escasa, dado que se usa el ratón para iniciar los mecanismos que llevan al gag del episodio de turno y poco más. Funcionan, más bien, como cortos animados que nos permiten interactuar un poquito y sacar una sonrisa con los problemas de ira de Chuchel y lo difícil que se lo pone la vida para intentar conseguir una simple cereza. Y, para intensificar esta sensación de estar ante un episodio de una serie, al final de todos ellos, el nombre del juego aparece aplastando al protagonista de forma cómica.

No Chuchels allowed | Amanita Design

No Chuchels allowed | Amanita Design

Los segundos son más amplios y cercanos a la estructura de point and click del resto de juegos de Amanita Design. Son puzles a resolver mediante interacción con los objetos presentes en el escenario, encontrando el orden adecuado en la cadena de comandos. Lo bueno es que todo objeto con el que se puede interactuar lleva a alguna reacción de Chuchel, igual le aplasta una pesa gigante que le intenta atacar un muñeco de nieve, por lo que el mero hecho de probar cualquier cosa ya es divertido. Y si no encontramos la solución, el juego no tarda mucho en proporcionar un botón de pista, que activa, o bien gesticulaciones y gruñidos de Chuchel intentando explicarnos lo que hay que hacer, o bien un dibujo que parece haber hecho el propio Chuchel para contarnos el funcionamiento del puzle. Porque, la verdad, importa más disfrutar de los gags que componen el juego que darse de cabezazos contra la pared pensando soluciones, algo que se debe tener todavía más en cuenta si pretendemos disfrutarlo con niños.

A estos puzles y pequeños sketches se les añaden de paso secciones que imitan las mecánicas de juegos como Angry Birds o Tetris, aunque siempre introduciendo un giro propio en la forma de jugarlos. Son buenas ideas, en especial la versión de Space Invaders me pareció que tiene potencial de desarrollarse más, pero también es cierto que hay veces que se hacen más largas de la cuenta, como la de Pac-Man. Al final, deseas que se acaben para volver a disfrutar de las otras secciones centradas en el point and click y los sketches cortos, que son lo mejor del juego.

Chuchel es como un recopilatorio de los mejores capítulos de series de animación como Looney Tunes. Un conjunto de gags en los que una bola de pelo se pelea contra un universo que está en su contra: Chuchel simplemente quiere disfrutar de una cereza y para ello debe sufrir cosas como invasiones alienígenas, pinchos de cactus, ser aplastado por gigantes o convertirse en sujeto de experimentos científicos. Este juego es una dulce chuchelía que logra que pases unas dos o tres horas con una sonrisa en la cara. 

Chuchel: una bola de pelo contra el mundo
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