Crossing Souls
Críticas

Crossing Souls: unidos venceremos

Crítica de Crossing Souls. | Equilateral

La nostalgia siempre ha sido un arma fuerte, pero muy afilada. Como todo tipo de armamento de precisión, es algo que hay que saber usar, pues un movimiento en falso puede convertir el imaginario colectivo de toda una generación en algo excesivamente aberrante, como si de una deformación de esas vivencias se tratase. Crossing Souls no solo busca el factor de la añoranza para crear su propia identidad, pero sí que lo usa como si de la piedra filosofal de su personalidad se tratase.

Nuestra historia comienza en Tajunga, un pueblo americano de los años 80, de esos en los que siempre pasa de todo pero nunca pasa nada. Chris, nuestro protagonista, y su pandilla se topan con un misterioso artefacto que cambiará sus vidas para siempre. Este les permitirá ver los espíritus que habitan en su pueblo, además de comunicarse con ellos. Como no podía ser de otra manera, hay grandes poderes que andan detrás de este peculiar artilugio, y no dudarán en hacer uso de todos los medios posibles para poder recuperarlo. Crossing Souls es un título que desde el primer momento quiere mezclar lo sobrenatural con los conceptos más mundanos que existen: nuestra cultura pop y los vínculos de la amistad.

Las historias sobre un grupo de amigos que se ven envueltos en sucesos sobrenaturales no son nada nuevas. Desde E.T. hasta IT, tenemos una gran variedad de ejemplos sobre esta temática. La premisa de esta historia no es única ni rompedora, encontraremos ecos de muchas otras obras en todas partes. Para separar al título de todas las premisas parecidas, en Fourattic quisieron dotar a su juego de un elemento definitorio clave; y es que Crossing Souls basa gran parte de su identidad en hacer referencia a los fenómenos de la cultura popular de la época, ya sea dentro del propio juego (con la gran cantidad de alusiones que hay en sus diálogos, decorados y detalles) o tiñendo el planteamiento del mismo con un fuerte color a nostalgia. Esto no tiene por qué ser malo, lo hemos visto funcionar correctamente en otras obras similares, aunque sí que es verdad que aquí obtiene demasiado protagonismo. Eso sí, lo que de verdad crea un sabor único para Crossing Souls es la mezcla de esta premisa y su contexto con un talante más bien desenfadado. Es el ingrediente secreto que el estudio sevillano usó para crear esta aventura.

Las referencias de Crossing Souls no son solo internacionales, sino que traen sabor español a esta obra. | Equilateral

Y es que no hay nada mejor para pasarlo bien y sentirse despreocupado que pasar tiempo con nuestros amigos. Nuestras amistades están ahí para que nos sintamos amparados, ya sea en nuestros mejores momentos o cuando nos enfrentamos a las grandes avalanchas de problemas que a veces nos lanza la vida. Yo lo hago, vosotros lo hacéis y el vecino del 5º también. En Crossing Souls hay una cosa que siempre estará presente, el grupo de amigos al que controlamos, quienes se las verán con poderes que claramente se escapan a su comprensión y alcance. Es una de esas aventuras que viene a hablarnos de lo importante que es poder vernos rodeados de nuestros seres queridos aunque todo a nuestro alrededor se esté desmoronando. Esta es sin duda alguna la faceta mejor creada del juego, y además uno de sus centros narrativos. En Fourattic creen que los valores de la amistad son un tesoro que debemos salvaguardar del paso del tiempo, los 80 fueron unos años llenos de valores para estos creadores y su obra claramente muestra una clara realidad: unidos venceremos.

Si bien el aire relajado de Crossing Souls es gran parte de su encanto, también se convierte en un obstáculo para sí mismo. Es cierto que, tal y como sus personajes, este evoluciona durante la duración del título, pero se puede apreciar una desconexión entre cómo progresa la trama y cómo se desarrolla su tono. Muchos momentos que tendrían que ser impactantes o tristes se ven excesivamente permeados por esta cara de la obra; problemas familiares, alcoholismo o incluso la muerte pierden peso y pasan de ser una gran tormenta a un día más o menos nublado. La obra solo logra quitarse el lastre del desenfado tirando para sus secciones finales, e incluso en estas hay algunas ocurrencias que acaban por distanciarnos emocionalmente de lo que está ocurriendo. Por poner un ejemplo (libre de spoilers, no os preocupéis), el capítulo 6 se basa casi enteramente en incorporar una referencia muy descarada en los objetivos vitales de la trama. Si bien es verdad que es difícil equilibrar estos temas, hay que reconocer que el juego se esfuerza tantísimo por exudar carácter que al final acaba por diluir el resto de sus apartados.

Puede que la vida no hagas más que traernos sorpresas, pero siempre podremos lidiar con ellas si tenemos cerca a nuestros amigos. | Equilateral

Esta faceta relajada del título también acaba echando sus raíces en las mecánicas del mismo, que se complican con complejos sistemas de combate, árboles de habilidades y demás elementos típicos del videojuego actual. A Crossing Souls no hemos venido a comernos el coco, y la parte más “videojuego” de esta obra lo demuestra dándonos lo mínimo indispensable para no convertirse en un título meramente narrativo. Cada uno de nuestros protagonistas tendrá algunas características únicas: Chris puede trepar; Matt usa sus botas para volar; Charlie es ágil y puede esquivar en un abrir y cerrar de ojos y saltar grandes distancias; Big Joe bloquea ataques enemigos; y Kevin nos trae una gran sorpresa. Además de esto, cada chaval está especializado en algún tipo de rol para el combate; pudiendo variar entre golpes lentos y potentes rápidos y en área, débiles pero a distancia o batazos equilibrados. Con estas características definitorias, es una lástima que los encuentros con los adversarios del juego acaben siendo tan monótonos. Lejos de explotar las diferencias entre todos los integrantes del grupo, nos encontraremos con hordas de contrincantes que pueden ser despachados utilizando la misma estrategia: machacar el botón cuadrado. Hay maneras más idóneas que otras para acabar con estos encuentros, sí, pero la diferencia entre utilizar la fuerza bruta o pensar estratégicamente es nimia, y a veces hasta tediosa. Si a eso le sumamos que cambiar de personaje solo se puede hacer en un orden determinado (de izquierda a derecha en la lista de integrantes del grupo), tenemos mecánicas planas que se vuelven engorrosas en cuanto intentamos salirnos de la táctica más bruta.

El título intenta romper esta monotonía con algunas peleas de jefes aquí y allá y, en general, más o menos consigue su cometido. Exceptuando un par de encuentros importantes, el problema es que estamos ante secuencias poco memorables. No son casos de “gente a la que machacar a palos”, pero, en general, las estrategias para vencerlos son obvias y poco innovadoras y los combates carecen, por lo general, de una complejidad que los convertiría en algo más de lo que son.

Crossing Souls

Crossing Souls no viene al panorama a maravillar al mundo, sino que busca contarnos una historia sobre cómo a veces debemos dejarnos querer por quienes nos rodean para poder empujar en contra del mundo. Lo más importante de esta obra no es su jugabilidad, ni tampoco lo es su trama; la clave de este juego salido de Sevilla es, sin duda alguna, su alma, y es con esta con las que viene a darnos unas lecciones de humanidad.

Crossing Souls: unidos venceremos
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