Crítica de Oikospiel. | Equilateral
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Oikospiel: Canina Burana

Crítica de Oikospiel. | Equilateral

Detrás de un juego tosco y simbolismo surrealista, Oikospiel esconde temas como la lucha de los trabajadores y el respeto por el planeta. 

¿Y si un grupo de perros tuviera que crear un videojuego? ¿Qué pasaría si dicho juego apoyase a los liberales y el resto de animales estuviese en contra? ¿Y si se hiciera una ópera sobre ello y pudiéramos jugar a esa misma ópera? Hablar de Oikospiel es complicado, puesto que ya solo con leer estas preguntas uno puede quedarse muy desconcertado, y tanto jugarlo como entender qué está ocurriendo puede ser igual de difícil. Detrás de ello se encuentra David Kanaga, compositor de la banda sonora de Proteus entre otras cosas, que quería crear una obra en la que costase separar el sonido de lo jugable y, de paso, lanzase un grito sobre temas como el cambio climático o los derechos de los trabajadores.

El resultado es algo que para mucha gente es la antítesis de lo que se espera en un videojuego: no aspira a la diversión sino a experimentar con el medio, tiene mucha carga política, los gráficos parecen de hace años, recicla objetos de otros juegos, a primera vista nada tiene sentido, no hacemos otra cosa más que movernos por mapas y encima dicho movimiento es muy tosco, con una cámara que tampoco ayuda. Vamos, que a primera vista es un desastre con patas, aunque realmente esa sea su intención.

Cada escena que compone esta ópera perruna (u operra) es un mapa lleno de objetos, aparentemente puestos de forma aleatoria. Por ellos navegamos mientras controlamos generalmente a un perro, aunque a veces podemos ser arañas o el viento, en algo que recuerda al capítulo de los animales de What Remains of Edith Finch. Además, en ocasiones, cada pulsación también altera la banda sonora que acompaña a esta ópera o es el movimiento del ratón lo que regula los sonidos, por lo que somos nosotros quienes estamos dirigiendo la orquesta.

DK Donkey Koch, DK Donkey Koch is here | David Kanaga

DK Donkey Koch, DK Donkey Koch is here. | David Kanaga

En estas escenas lo mismo nos encontramos una vaca compartiendo mesa con un centauro, que Donkey Kong mirando las acciones de sus empresas o incluso una reproducción del pueblo de los Kokiri de Ocarina of Time. En otras situaciones se podría haber acusado a Kanaga de plagio, pero con lo que nos encontramos aquí es, más bien, una forma de construir mundos cercana a lo que hace el fotomontaje —  una técnica que consite en combinar elementos de diferentes fotografías para crear una nueva, con un significado totalmente distinto o más potente — . Durante el principio del siglo XX, el fotomontaje gozó de gran popularidad entre autores dadaistas y surrealistas y también sirvió como herramienta de denuncia ideológica —  lo mismo se utilizaba contra los nazis que contra la idea de la sociedad del consumo —, algo en la línea de lo que hace Oikospiel: una experiencia surrealista centrada en el cambio climático y la lucha de los trabajadores.

Esta forma de crear los mundos está en parte influenciada porque David Kanaga trabaja siendo compositor. Si a la hora de crear las canciones siente que a cada concepto le corresponde un sonido, aquí les asocia también alguna clase de imagen que los represente. ¿Qué hacía entonces para construir las escenas? Relacionaba los conceptos con algún objeto físico, abría la tienda de assets de Unity y buscaba el que sentía que representase la idea que necesitaba poner en la escena. Al mismo tiempo, este cóctel de elementos variados para transmitir un mensaje enlazaba con uno de los temas del juego: la lucha obrera, con su heterogeneidad de voces e historias que se unen para combatir juntas. Pero es que, además, el motor que sirve para unificar todos esos elementos y hacer del juego algo posible se llama Unity (la unidad), lo cual acaba de redondear la metáfora.

Tal vez sea necesario hablar un poco más de la historia que cuenta Oikospiel, aunque sea difícil entender todo lo que ocurre y, aún recurriendo al libreto que acompaña el juego al estilo de las óperas, cueste entender todo. Tenemos un grupo de perros, trabajadores de Koch Games, a los que se les encarga crear un videojuego que adapte una novela llamada La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy. Al mismo tiempo, el resto de animales están buscando la creación de una unión de trabajadores y los perros de Koch Games se oponen por ser fieles a su dueño: Donkey Koch (que sí, está representado por un modelo de Donkey Kong). En otro orden, el planeta se debate entre el uso de molinos de viento y la explotación de los recursos para obtener combustibles fósiles. Y, ya de paso, se incluyen ciertos paralelismos con los mitos de Orfeo y Eurídice, interpretados en ambos casos por perros que trabajaban para Donkey Koch.

The end of Evangelion | David Kanaga

The end of Evangelion. | David Kanaga

A primera vista puede parecer todo muy aleatorio, pero según observas todo con detalle descubres las numerosas conexiones que existen entre sus elementos. Para empezar, la novela que supuestamente deben adaptar los juegos, Tristam Shandy, es conocida por un narrador que daba demasiadas vueltas para contar pequeñas anécdotas y un tono que chocaba bastante con las convenciones literarias de su época. Además, la obra fue criticada por incluir fragmentos copiados de otros libros con la excusa de que cambiaban su significado al introducirlos en el contexto de la novela; Oikospiel hace algo similar con los modelos de la biblioteca de Unity y en determinado momento nos podemos encontrar una copia de Frankenstein para poder leer si nos apeteciese.

Orfeo y Eurídice son personajes importantes en Oikospiel y en los mitos siempre han estado unidos al inframundo, como el petróleo que extrae su jefe de bajo tierra. Por otro lado, Donkey Koch parece ser realmente David Koch, un empresario americano del que conocemos muy poco, pese a ser de las diez personas más ricas del mundo, que está implicado con asociaciones negacionistas del cambio climático o negocios de extracción de minerales y refinamiento de petróleo. El daño que esto hace al planeta es un tema central de la obra y podemos ver el conflicto entre energías renovables y no renovables por todos los decorados, llegando al punto en el que en una escena figuras encapuchadas, que portan la bandera de Estados Unidos, han derribado los molinos de viento para dejar paso a la maquinaria perforadora del subsuelo.

Los animales, aunque en realidad sea toda la naturaleza, necesitan recuperar su espacio y se ponen en huelga contra el sistema económico que representa Donkey Koch. Quien, además, exige fidelidad absoluta a sus perros programadores y los tiene explotados haciendo un juego lleno de errores, fruto de no tener las habilidades suficientes para lo que les exige y que la perspectiva de cien años en constante estado de crunch les pasa factura. Aquí las lecturas de la situación pueden aplicarse tanto al medio ambiente, con Donkey Koch representando el capitalismo sin frenos y sus perros a la humanidad que le sigue, o al mundo de los videojuegos, con jefes que exigen demasiado a su equipo y los tienen atados como perros.

Puede parecer que todo esto sea muy aleatorio y el juego un desastre, pero ese sin sentido surrealista es el que nos obliga a pensar y reflexionar sobre lo que hay detrás de Oikospiel, por lo que vale la pena acercarse y echarle un vistazo. No es solo Donkey Kong mirando las acciones en su oficina, decorada con el Mascarón Rojo de Wind Waker, mientras un árbol crece sin control para dejarla enterrada; es un sistema económico que está perjudicando al planeta mientras crea una narrativa que obliga a elegir entre humanidad o naturaleza.

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