Crítica de Superflight. - Equilateral
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Superflight, una lección de humildad

Crítica de Superflight. - Equilateral

Superflight, creado por tres estudiantes bajo el nombre de GrizzlyGames, sólo presenta una mecánica, planear; sus gráficos son rudimentarios, low poly; y, aún así, consigue enganchar como pocos juegos, precisamente, por prescindir de narrativa o progresión.

Confieso que antes de jugar a fondo a Superflight tenía pensado hablaros de la dimensión contemplativa del videojuego, de las sensaciones que transmiten los juegos de Thatgamecompany, como Flower, que descansan sobre el pilar de una mecánica gratificante. Por lo poco que había visto de él, creí que se trataba de un juego puramente relajante de volar por volar, pero, si bien tiene algo de eso, en verdad se trata de gestionar la caída y buscar el riesgo. Los desarrolladores está claro que también tenían esa misma idea en mente por la inclusión del Modo Zen, que te libera de la avaricia del contador de puntos, pero el juego puede llegar a generar bastante tensión. En cualquier caso, de ti depende cómo afrontarlo.

Llevas a un hombre-pájaro, uno de esos que se lanzan con un traje con alas en los sobacos. Empiezas cayendo desde una gran altura a través de bloques de rocas en suspensión hasta llegar al fondo de un mar de nubes y aparecer en otro escenario. No puedes impulsarte, tan sólo ganar velocidad o frenar jugando con la aerodinámica

Superflight, una lección de humildad

Todo el tutorial que necesitas. | Equilateral

De todo el mando ‒porque con el teclado poca precisión tendrás‒ sólo usas un joystick. Aunque si pulsas A (XBOX) o X (PS), reapareces arriba para empezar de nuevo. La gravedad te arrastra hacia abajo irremisiblemente, pero puedes mantener una caída suave o precipitarte durante unos instantes para acelerar y usar la inercia para subir. Es intuitivo, pero tras unos cuantos saltos interiorizas mucho mejor las posibilidades y limitaciones que la mecánica ofrece. Si hay alguna progresión, es tu propia habilidad.

Tomando las cuatro formas de videojuego teorizadas por Keith Burgun (Dinofarm Games), clasificaría al juego como un “sistema interactivo puro” con una opcional forma de “concurso”, eso es, sumar puntos. No hay un objetivo claro más allá de planear como quieras a través de las estructuras rocosas de formas irregulares. A más riesgo y velocidad, más puntuación. Hay bonificadores por acumulación sostenida y por pasar a través de túneles o aros, así como por cruzar unas nubes rosadas, que son portales a otros escenarios. Aunque también puedes caer en picado sin adentrarte entre los obstáculos.

Cuando llegas a los límites del escenario éste se desvanece y apareces en el siguiente, con otra paleta de colores y una caprichosa orografía generada de forma procedimental. El aspecto gráfico es bastante hortera, con texturas planas pintarrajeadas de colores sobre unos polígonos megalíticos.

Superflight, una lección de humildad

Vamos, ¿a quién no le gusta la sensación de planear? | Equilateral

Toda la gracia del juego reside en las físicas gratificantes y en la acumulación de puntos, el concurso de habilidad contra ti mismo o los marcadores mundiales, que impulsa a arriesgarte a pasar por sitios estrechos donde aparentemente no hay salida o no se puede pasar a gran velocidad. Un acierto clave es que la transición entre la muerte y la reaparición es muy rápida, de forma que disipa la frustración y te reconecta con el estado de flow inmediatamente. Así puedes tirarte horas sin darte cuenta, siempre haciendo “un salto más”.

Desde luego no es un juego que vaya a cambiar nada, pero es una lección de minimalismo en el diseño de videojuegos. Es la mínima expresión de lo que es un juego y de por qué engancha. La generación procedimental también ahorra uno de los aspectos más laboriosos del diseño: los niveles. Y vista la apuesta estética también supongo que se habrán ahorrado mucho en arte. Por el precio que tiene, 3€ (en Steam), vale mucho la pena para esos ratos en que estamos cansados de historias o mecánicas complejas. Es como una frase simple de sujeto y predicado cuando estás harto de peripecias gramaticales, o como volver a esa comida humilde que te reconforta y de la que nunca te cansas. O como ese axioma inglés: keep it simple, stupid.

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