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Where The Water Tastes Like Wine no ha sido rentable para su desarrollador

Country folk | Dim Bulb Games
Country folk | Dim Bulb Games

A poco más de un mes tras su lanzamiento, el título de Dim Bulb Games se queda muy lejos de recaudar todo el dinero que costó hacerlo.

El principal responsable de Where The Water Tastes Like Wine, Johnnemann Nordhagen, ha publicado un postmortem del título (una suerte de recapitulación de lo que ha supuesto un determinado juego, hecha por sus desarrolladores tras haber salido al mercado) en el que habla, entre otras cosas, del amargo destino que ha sufrido en cuanto a ventas.

Habiendo sido lanzado el pasado 28 de febrero, Nordhagen cuenta que la cantidad de copias vendidas en las primeras semanas fue “menor que los seguidores que tengo en Twitter”, que en el momento de redactar esta noticia son 4.524. Cerca de cuatro mil copias vendidas en un mes puede ser un logro para juegos muy humildes, pero en este caso estamos hablando de un proyecto cuyo desarrollo costó 140.000 dólares. Por no hablar de que hacerlo llevó nada menos que cuatro años.

“Comercialmente, es un desastre”, afirma Nordhagen, quien bromea con que los beneficios de momento no solo son nulos, sino que además salen muy negativos. Sorprende especialmente porque se trata de un juego que ha tenido bastante cobertura por parte de la prensa, que se ha comentado mucho según se iban desvelando novedades, y que ha llegado incluso a ganar premios en festivales de renombre como el IGF. Se comentaba sobre todo lo trabajado de su apartado audiovisual y lo original de su premisa: un juego narrativo en el que exploramos cuentos del folclore norteamericano con muchos tintes de realismo mágico.

Captura del juego. | Dim Bulb Games

Captura del juego. | Dim Bulb Games

Siendo de una naturaleza tan experimental, no cabía esperar que fuera un bombazo tremendo a nivel comercial, pero sí que es cierto que juegos con tanta presencia ya incluso antes de salir, además de tener cierto carisma, suelen acabar convirtiéndose en esa clase de indies que dan mucho que hablar, referentes de su año. Los típicos que llenan páginas de artículos hablando sobre las virguerías narrativas que son capaces de desplegar. En el caso de Where The Water Tastes Like Wine, eso no parece haberse cumplido ni en las ventas ni en la acogida de la crítica, donde Nordhagen tenía la esperanza de que el título brillara si no lograba vender. Que fuera una obra de culto.

Aunque en general se le ha alabado por su atrevimiento, su atmósfera, y la calidad de su guión, finalmente ha acabado en ese grupo de juegos que deambulan entre el 70 en Metacritic, y que pasan sin pena ni gloria por los medios. Su responsable lo achaca a varios factores, como la inexperiencia o la salida del estudio de desarrolladores clave, pero el principal parece ser la falta de testeo. No por glitches que pueda haber, sino porque al parecer el juego tiene un ritmo bastante lento que ha echado para atrás a muchos jugadores, y que se acrecenta todavía más en los últimos compases. Las revisiones se centraron en problemas técnicos, y para cuando tocaba probar qué tal se jugaba a nivel de diseño, ya estaba demasiado cerca de salir a la venta como para poder dedicarle mucho tiempo a eso y ver que, por momentos, se hacía “aburrido y vacío”. A eso hay que sumar que los críticos tienen que jugar con las prisas de publicar la review cuanto antes, por lo que no se toman este ritmo lento tan bien como un jugador cualquiera que tenga todo el tiempo del mundo. Por eso, matiza Nordhagen, el título tiene análisis “muy positivos” en Steam.

No obstante, lo que más salta a la vista de este postmortem, y por lo tanto del desafortunado batacazo que ha sufrido Where The Water Tastes Like Wine, es el panorama bajo el cual ha salido, cuyo epígrafe es titulado por Nordhagen como “2018”. El creativo habla sobre cómo los tiempos que corren hacen que sea increíblemente difícil sacar adelante juegos indies con fines comerciales, e incluso AAA. Él vino de trabajar en Gone Home, indie de éxito que salió en 2013. Al año siguiente, probó a hacer su propio juego volcándose de nuevo en el enfoque narrativo. El resultado es que, al final, ha llegado 5 años después de Gone Home, época en la que “hacer cualquier juego comercial parece mala idea, y tomar el riesgo de un juego experimental y ambicioso como Where The Water Tastes Like Wine suena a algo terrorífico”. Los factores por los que no estamos precisamente en el mejor momento para ganarnos la vida haciendo videojuegos pueden ser muchos, desde la burbuja del mercado de los juegos que invisibiliza a la gran mayoría, hasta las paupérrimas condiciones laborales a las que uno tiene que atenerse (Nordhagen cuenta que también hubo altas dosis de crunch durante el desarrollo), pasando por muchas otras. Hoy en día, más que nunca, parece que no hay ninguna fórmula mágica que garantice que un título vaya a tener siquiera un recibimiento modesto.

La primera parte del postmortem es más positiva. Se habla de la experiencia de haber logrado algo tan único como un juego que combine a muchos profesionales de los videojuegos, periodistas y desarrolladores, para escribir su guión, dando lugar a un auténtico mosaico de estilos. Además de la música o los actores de doblaje, entre los que se encuentra nada menos que Sting, de The Police. En un ámbito personal y creativo, Nordhagen está satisfecho con el resultado. Lo que sí que tiene claro, es que esta será la última vez que se embarque en un viaje así.

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