Mina, maestra de la cocina | Trinket Studios
Críticas

Battle Chef Brigade: Mina, maestra de la cocina

Mina, maestra de la cocina | Trinket Studios

Battle Chef Brigade mezcla tres géneros distintos en un mismo plato con éxito y muestra como una buena combinación puede hacerlos mejor que por separado. 

Nos encanta la cocina. Nos encanta tanto que le damos un papel muy importante en todas las celebraciones y le dedicamos toda clase de obras. En lo que respecta a la televisión, los programas de cocina que se suelen emitir se resumen en dos grandes familias: los de recetas para cocinar en casa y los concursos que prácticamente transforman la cocina en un campo de batalla, en los que se exige muchísima disciplina y habilidad a los cocineros, como es el caso de Masterchef. Sin embargo, de lo que no tenemos tanto son series o cómics centrados en el propio acto de cocinar, a diferencia de lo que ocurre en lugares como Japón. Allí, junto a los clásicos programas de recetas, tenemos series en las que la comida es el motor narrativo y vemos a gente que se dedica a visitar restaurantes y saborear sus platos -  Netflix tiene unas cuantas de estas - , también mucho manga y anime de ritmo pausado, en los que los personajes disfrutan tanto de cocinar como de degustar la comida. Ahora bien, no todo es calma y tranquilidad, también hay espacio para series con tensión en la cocina, como en Masterchef, pero llevada a niveles exagerados.

Series como Amasando Ja-pan, centrada en panaderos, o Food Wars, de comida en general, convierten cocinar en algo épico que requiere habilidades que parecen superpoderes (y hasta aparecen híbridos pan-humano). Siguiendo la fórmula habitual del shonen, los protagonistas buscan vencer en torneos para poder cumplir sus sueños, pero en ellos se cambia el cruce de puñetazos o jutsus por el de recetas que buscan a impresionar a los jueces. Y esa misma línea es la que sigue Battle Chef Brigade: Mina es una joven de una pequeña aldea que trabaja en el restaurante de su familia, que anhela viajar a la capital y poder participar en un torneo de cocina para unirse a las filas de la brigada de chefs de batalla del reino.

¿Ir al mercado a por ingredientes? Mejor pelear personalmente con el dragón. | Trinket Studios

¿Ir al mercado a por ingredientes? Mejor pelear personalmente con el dragón. | Trinket Studios

Así pues, tenemos un reino de fantasía en el que los cocineros aspiran a formar parte de una fuerza de élite, al estilo de los caballeros medievales, y la cocina es uno de los ejes centrales de dicho mundo. Me recordó en ese aspecto a Umami de Ken Niimura, un cómic en el que los cocineros también gozan de un reconocimiento social especial— antes decía que no hay casi cómics occidentales centrados en la comida, pero este es una de esas excepciones, aunque también es cierto que Niimura está a caballo entre España y Japón — pero el juego también recuerda al clásico programa japonés Iron Chef. Y con un vistazo al funcionamiento de dicho programa se puede explicar también gran parte de la dinámica de Battle Chef Brigade: los episodios consisten en duelos culinarios en un “coliseo” entre un concursante y uno de los miembros del equipo de chefs del concurso (los Iron Chefs). En ellos, el participante y el Iron Chef deberán cocinar uno o varios platos que deben incluir obligatoriamente un ingrediente propuesto por el líder del grupo y presentador del programa, los cuales luego son puntuados por un grupo de jueces.

En Battle Chef Brigade, los aspirantes a unirse a la brigada deben enfrentarse en un duelo en el coliseo para así conseguir el derecho a combatir contra los tres grandes cocineros que sirven al rey, los equivalentes a los Iron Chefs, y poder acceder al puesto — en la dinámica original del programa, había un duelo previo entre aspirantes para decidir cual de los dos se enfrentaría a los Iron Chef — . Y al igual que en el programa, el rey propone un ingrediente central que debe incluirse en cada receta y los jueces puntuarán la calidad de dichos platos. Pero además, para acabar de rematarlo del todo: ¿Cual es el sobrenombre de Mina? Estómago de Hierro, o Iron Stomach en el original; está clara cual es la principal influencia del juego. Así que tenemos un plato a base de Iron Chef y estructura de torneo de shonen, con una guarnición de trama sobre problemas con el abastecimiento de alimentos y contaminación de la naturaleza y todo sazonado con un toque de fantasía, a base de fantasmas, orcos y hechizos mágicos.

Una vez te pones a trabajar entre fogones, sus dos vertientes funcionan muy bien juntas

Pero dado que hemos venido a hablar de cocina, hará falta hablar de la forma que tiene el juego de traducirla en mecánicas jugables. Para hacer un buen plato hay que compaginar el tiempo entre dos actividades: la recolección de ingredientes en la naturaleza, bien sea cogiendo plantas o cazando monstruos y criaturas como dragones e hidras, y la cocina a base de combinar tríos de esferas de colores. Visto desde fuera, ambas parecían estar bastante separadas y tenía el miedo de que no estuvieran suficientemente bien ligadas, pero la verdad, es que una vez te pones a trabajar entre fogones funcionan muy bien juntas. Lo mismo me ocurría con el estilo gráfico cuando veía capturas del juego, ya que el estilo de dibujo de personajes y fondos, muy bonito y que parece inspirarse en el cómic, parecía contrastar bastante con las esferas del tablero que se usa para cocinar. Pero de nuevo, una vez que te centras en cocinar, no se aprecia tanto el contraste e incluso que destaque un pelín sobre el resto del juego ayuda a concentrarse en la cuadrícula.

Tres jueces, tres platos, tres veces más estrés | Trinket Studios

Tres jueces, tres platos, tres veces más estrés. | Trinket Studios

En cada batalla tenemos la encimera con nuestros instrumentos de cocina y una despensa a rellenar, para hacerlo basta con asomarse a un portal que está a nuestra izquierda y que conecta con un escenario en el que aguardan los futuros ingredientes. Son pequeños niveles con las temáticas de siempre (el bosque, la cueva de lava, el hielo…) llenos de plataformas y criaturas que vagan libres por ellas. Explorar estas secciones implica jugar un Beat’em Up sencillito pero al mismo tiempo lo suficientemente completo para lo que necesita el juego, dado que no se puede recrear con combates complejos porque hay que volver rápidamente a la cocina a guardar los ingredientes (el tiempo que se da en cada ronda se dedica tanto a cocinar como recolectar, así que hay que planificar bien el uso del tiempo para minimizar las excursiones a por ingredientes). No obstante, hay dos personajes jugables y cada uno viene con movesets propios, que incluyen unos cuantos ataques especiales y hechizos que lanzar. Es más, cada monstruo derrotado puede dejar caer diferentes ingredientes, bien sea por mera estadística (un dragón puede soltar cosas como un costillar, su corazón o la vejiga) o porque les damos de comer ciertos alimentos que provocan cambios (los pájaros pueden dar carne o cuernos, pero si cogen cualquier ingrediente del suelo ponen un huevo).

Cada uno de esos ingredientes que recolectamos tiene asociado un patrón diferente de esferas de color, que son las encargadas de generar el sabor. Cuando lanzamos los ingredientes a los fogones, las esferas empiezan a llenar una cuadrícula y, si las giramos para juntar tres de un mismo color, se produce una esfera de segundo nivel que combinada a su vez con otras dos iguales da lugar a la creación de una gema de nivel tres. Vamos, que se trata del clásico juego de “conecta tres iguales”, pero la idea de combinar objetos para mejorarlos en lugar de limpiar el tablero recuerda más a títulos como Triple Town. Lógicamente, a más gemas de nivel tres, más rico será el plato; ahora bien, cada juez tiene preferencia por alguno de los colores posibles y, en caso de que queramos satisfacerles bien, hay que intentar coger los ingredientes que hagan más sencillo crear un tablero acorde a sus deseos.

A esta jueza le gusta que el plato sepa a tierra | Trinket Studios

A esta jueza le gusta que el plato sepa a tierra. | Trinket Studios

Esta base jugable se va complicando con el paso tiempo: hay veces que los jueces piden platos que equilibren gemas de dos colores distintos, es posible que haya varios jueces y debamos cocinar un plato distinto para cada uno de ellos o que no es lo mismo recolectar ingredientes para un plato centrado en el color verde en un bosque que en una mina de lava, ya que allí la fuente de dicho color son setas venenosas y lagartos con esferas que se rompen al moverlas o están llenos de huesos. Y es que con el tiempo, por motivos de historia, se añaden elementos como ingredientes que incluyen esferas de veneno, capaces de romper las esferas cercanas si no las eliminamos debidamente, o huesos que dificultan la tarea. Por suerte, también conseguimos objetos que nos permiten nuevas estrategias como salsas que cambian el color de lo que tocan, tablas con las que eliminar cualquier esfera, hornos que mejoran el tablero con el paso del tiempo o sartenes en las que basta con combinar solo dos esferas para mejorarlas a cambio de limitar su uso a un único color. Uno de los defectos del juego es que debemos escoger ese equipamiento a ciegas antes de los combates, sin poder planificar en función de la situación, pero también ocurre que llegado cierto punto se puede crear una combinación casi universal que permite superar cualquier enfrentamiento. No obstante, esta limitación inicial también encaja con la idea de que un buen chef es capaz de improvisar un buen plato con lo que tenga a mano.

A la cocina y la historia se le añaden unos pequeños minijuegos que llaman encargos, los cuales solo se pueden jugar una vez entre combate y combate, que hacen uso de las mecánicas de la cocina y permiten conseguir dinero con el que comprar equipamiento. Por un lado tenemos el clásico objetivo de conseguir superar una puntuación exigida partiendo de un tablero prefijado, en el que hay que pensar el impacto que tendrá cada movimiento; y por otro, uno en el que hay que cumplir las exigencias de los clientes de un restaurante, en el que importa la velocidad a la hora de replicar los pequeños patrones de color que solicitan. La verdad es que estas secciones funcionan, son divertidas y una buena forma de pulir tanto la capacidad de pensar a largo plazo como la agilidad en el tablero, e incluso dejan con las ganas de tener todavía más oportunidades de jugarlas. Y bueno, también hay encargos de caza que sirven como tutorial en los primeros compases del título, para mostrar las posibilidades del combate, pero luego el juego no sabe qué hacer con ellos y se nota que sobran.

Battle Chef Brigade consigue mezclar dos géneros distintos, Beat’em Up y juegos de combinar cosas iguales, de un modo efectivo y encima le añade un tercero, la cocina, a modo de envoltorio. Este último sirve de vínculo de unión entre ambas partes y la forma de introducir una historia que, aunque tampoco sorprenda mucho, tiene un elenco de personajes con encanto. Además, para no olvidarse de que es un juego de cocina, tiene el bonito detalle de que el tipo de plato que saldrá será distinto en función de los primeros ingredientes que se utilicen en la receta (y hay bastante variedad, desde rollitos de hidra a fideos, pasando por cannolis). Son muchos los juegos que intentan combinar demasiadas cosas y el resultado acaba siendo insípido, puesto que no acaban de encajar los unos con los otros. Sin embargo, aquí tenemos un menú variado y bien planteado, en el que la unión de sabores hace a sus partes mejores de lo que son por separado, y encima es uno que sabe retirarse antes de que sus mecánicas empiecen a agotarse y el jugador se empache.

Battle Chef Brigade: Mina, maestra de la cocina
Comments
To Top

Centro de preferencias de privacidad

Necesarias

Estas cookies son necesarias para el correcto funcionamiento de WordPress

_wc,_wp

Publicidad

Analytics

Otras