Críticas

Murderous Pursuits: neoliberalismo victoriano

Neoliberalismo victoriano | Blazing Griffin

Murderous Pursuits es la segunda obra de Blazing Griffin, un multijugador ligero en el que combatiremos a muerte por un puesto de trabajo.

Hay pocas cosas más tensas en esta vida que una entrevista de trabajo. El júbilo fugaz que asalta el cuerpo tras recibir la convocatoria de un vis a vis con un reclutador da paso, en cuestión de centésimas de segundos, a la angustia apabullante de un ejército de dudas que asalta, en perfecta coordinación y sincronía, mente, estómago y rodillas. Es la agridulzura de la oportunidad: una perspectiva de mejora que es también una invitación a un campo de batalla que nada tiene que envidar al más despiadado de los Battle Royale tan populares hoy en día.

Afrontar uno de estos encuentros requiere armarse de valor y confianza e imbuirse en una coraza hecha a partes iguales de méritos pasados y aspiraciones de futuro, entretejiéndola con los hilos de un relato personal que despierte el interés, pero sin exceder los límites de la verosimilitud.  Cualquier preparación es poca cuando llega el momento de salir al ruedo y batirse el cuero contra el resto de los candidatos en este todo o nada en el que solo puede quedar uno. Hay que llegar a la arena dispuesto a lo que haga falta, a servirse de las mejores y más efectivas armas, a poner en práctica cuanta táctica y ardid permitan las circunstancias, sin dejarse llevar por el ansia, pues destacar demasiado convierte las espaldas en enormes y brillantes dianas. Esta es una lucha en la que hay que salir a matar. De lo contrario, el único resultado posible es morir.

Murderous Pursuits es un sencillísimo título multijugador que lleva todo esto a lo literal. El señor X, dueño y señor del HMCS Britannic, una enorme embarcación flotante que vuela por el espacio-tiempo victoriano, precisa de un asistente para sus futuras expediciones a lo largo y ancho del calendario. Para cubrir el puesto, el magnate hace llegar una misiva a ocho posibles candidatos repartidos por el mundo, convocándolos a una reunión a bordo de la nave tras la que se decidirá por uno de ellos.

El HMCS Britannic dispuesto a liderar el cambio y la regeneración de los viajes temporales. | Blazing Griffin

Hasta aquí todo parece normal y anodino, casi protocolario, un proceso de selección más. La primera alarma, no obstante, tarda poco en sonar. El señor X solo tiene una exigencia para los pretendientes, una que va más allá de la mera exhibición de aptitudes: busca una absoluta lealtad. Así, nuestro papel como jugadores en Murderous Pursuits será demostrar que somos el postulante más leal del mundo, para lo cual no bastará con ejercer una absoluta diligencia y servilismo, sino una despiadada capacidad para destruir toda oposición, aniquilar al contrario y abrirse camino a base fuerza bruta.

En lo jugable, Murderous Pursuits se estructura en partidas breves de ocho participantes, todos contra todos, en las que habremos de navegar los escasos mapas que contiene su versión de lanzamiento —que corresponden a secciones interiores del Britannic— a la búsqueda y captura de los contrincantes, con el único y magno fin de asesinarlos. Bebiendo ostensiblemente de aquel modo online de Assassin’s Creed que se estrenó con Brotherhood, cada uno de estos espacios se puebla con copias de los ocho modelos entre los que pueden elegir los jugadores, generando una muchedumbre entre la camuflarnos, evitando caer presa de nuestros contendientes al tiempo que buscamos nuestra particular aguja dentro del pajar.

Para optimizar la cacería podremos hacer uso de un puñado de habilidades, como la capacidad de cambiar de skin por un tiempo limitado o la de contratacar un intento de asesinato, todas ellas con un tiempo de refresco considerable que obliga a pensárselo dos veces antes de utilizarlas. Por otra parte, por cada mapa de Murderous Pursuits pululan unos guardias bajo cuya mirada no podremos unir en santo matrimonio nuestro puñal favorito con la carótida asignada, ya que de detectarnos sufriríamos una penalización en forma de stun eterno, pérdida de presa mediante, quedando expuesto al enemigo oportunista. No hay muchas más piezas sobre el tablero, pero en más de una ocasión serán suficientes como para metamos la pata, sobretodo porque uno de nuestros ojos deberá estar siempre puesto en la retaguardia.

Neoliberales y trepas sobre fondo naranja. | Blazing Griffin

En su mayor parte, la fórmula original de Ubisoft no se ve demasiado afectada tras su paso por las manos de Blazing Griffin. Bien es cierto que el estudio añade alguna mecánica nueva a la propuesta original, como la diversidad de armas, a la que asignan un valor de puntuación que cambia tras cada baja, o un sistema de notoriedad que intenta forzar a los jugadores a cumplir su papel desde las sombras, pero el sabor de la mezcla se mantiene inalterado. De ello surge el principal problema de Muderous Pursuits, y es que no tiene fondo para aguantar la carrera a largo plazo, ya que lo que en su día fuera un añadido fresco a un título para un jugador absolutamente consolidado, se desinfla rápidamente como experiencia independiente.

Murderous Pursuits sienta las bases para una perfecta distopía neoliberal

Más allá de los obstáculos que un indie puramente multijugador pueda tener —entre los que destaca la ausencia de participantes como sentencia mortal— el interés de la obra decae a las pocas partidas, víctima de un desarrollo repetitivo y carente de eventualidades. Pese a que el Britannic es una nave inmensa, sus estancias son todas muy similares entre sí, con los mismos elementos repartidos por todos los rincones de un espacio que parece bullir de actividad, pero tras cuya fachada de NPCs hiperactivos no hay sino un puñado de oportunidades perdidas.

Murderous Pursuits sienta las bases para una perfecta distopía neoliberal, abriendo, aunque sea por unos milímetros, una ventana a ese momento al que parecemos acercarnos cada día más en que nos tiraremos al cuello unos a otros con tal de conseguir pan para la mesa y techo sobre la cama. Sus bases construyen una potencial lección para la vida, la visión de una clase dominante voraz que no distingue entre bots y personas en su intento de escalar hacia el éxito construyendo peldaños de cadáveres, luchando a muerte por las migas de los de arriba mientras intenta convertir a todos los demás en los de abajo, perdedores que se convertirán en alimento para los dinosaurios. Conseguir el curro es el objetivo; el éxito, una suerte de dios en una neorreligión que exige como tributo el sacrificio constante de carne, identidad y principios.

Un Príncipe al que nadie ha regalado nada disimula sus intenciones haciéndose pasar por un pasajero más.| Blazing Griffin

Con estos cimientos, es justo decir que el potencial de Murderous Pursuits es notable, pero el esfuerzo de los desarrolladores por profundizar en la jugabilidad es tan superficial que toda la experiencia deriva en una point rush sin ley ni orden, con los jugadores correteando por el escenario sin miedo a salirse del papel, pues las consecuencias diegéticas son prácticamente nulas. Los pequeños detalles que se implementan para promover un estilo de juego pausado y comedido se pierden cuando los jugadores más veteranos de la ronda —diablos más viejos y listos que tú— actúan como insaciables máquinas de matar que acumulan puntos sin control.

Y es que desde aquel Assassin’s Creed Brotherhoodque consiguió crear una sólida base de aficionados— y este Murderous Pursuits han pasado ocho largos años en los que la esfera multijugador ha evolucionado muchísimo. Un proceso de madurez que ha pasado por, entre otros hitos, la reinvención de los modelos de puntuación en Overwatch —con esa genialidad llamada “jugada destacada”— o la popularización de experiencias asimétricas —el defenestrado Evolve, el popular Dead by Deadlight o las promesas de Project Darwin y Deathgarden—, pero que no parece haber dejado su impronta en los pasillos del Britannic. Es casi inevitable pensar lo perversamente interesante que sería encarnar al señor X y hacer que el resto de los jugadores bailase al son de sus más perversas peticiones.

El Señor X, oculto tras su máscara | Murderous Pursuits

Eso es el mercado, amigo. | Blazing Griffin

Los ingredientes para que Murderous Pursuits sea un título notable están presentes, pero al conjunto le faltan un par de hervores para alcanzar toda su capacidad. Y pesar de todo, no se me ocurre mejor escenario para liberar las más bajas pasiones de los jugadores que este simulador de cola del INEM al que la primera invitada es la dura realidad: todo el mundo es enemigo, un contrincante al que batir, un adversario al que superar.

Eso es el mercado, amigo, una fastuosa nave voladora decorada de volutas de oro, rumbo a la explotación material del tiempo, ajena a leyes y horizontes, en la que una caterva de trepas se apuñalan los omoplatos en nombre de la reina para ganarse el favor de quien, tras una máscara, no ve en su lucha sino un espectáculo circense. Un teatro de marionetas en el que la historia es, literalmente, el premio de los vencedores y la tumba de los vencidos.

Murderous Pursuits: neoliberalismo victoriano
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