Crítica de FAR: Lone Sails. | Equilateral
Críticas

FAR: Lone Sails, tripulación de uno

Crítica de FAR: Lone Sails. | Equilateral

FAR: Lone Sails, del recién creado estudio Okomotive, es una aventura de plataformas en scroll en la que viajamos a bordo de un vehículo pintoresco que se controla accionando mecanismos por sus cubiertas como en una casa de muñecas autopropulsada.

Clac. Inmediatamente llega la respuesta. El carraspeo de las válvulas del motor terminan en un plácido ronroneo. Mi compañero de dos toneladas se despereza y enciende sus luces. Piso a fondo el botón de acelerado y el traqueteo va cogiendo ritmo. Suelto vapor. Me dirijo a la caldera, coloco más combustible en la trampilla y de un salto pulso el botón que la acciona, alimentando el motor. Vuelvo al control y presiono de nuevo el acelerador. ¡A toda máquina!

Rumbo al horizonte. La verdad es que no sé adónde voy. No me han dado información alguna. No hay voces ni escritos que den información sobre qué ha pasado o hacia dónde me dirijo. Tampoco me importa. Atravieso una tierra baldía a solas con mi barco terrestre. Sí, a pesar de ir por tierra es a todos los efectos un barco, con su proa y popa, bodegas de carga y mi camarote. Concretamente, es un barco de vapor… terrestre.

Todos los paisajes que se suceden tienen el encanto melancólico de la degradación, del después de un tiempo de esplendor. Edificios abandonados en ruinas, barcos varados en el lecho pantanoso de un océano secado, bucólicas zonas rurales deshabitadas o complejos industriales de estructuras colosales en estado avanzado de degradación.

Barquito mío, querido, te traigo deliciosas cajas para darte energía. | Equilateral

Barquito mío, querido, te traigo deliciosas cajas para darte energía. | Equilateral

Por el camino encuentro cajas o barriles de combustible, así como objetos variopintos que me puedo llevar como recuerdo o también quemarlos. El motor no hace ascos a nada que le eches. Hay unos cuantos ganchos por el interior del navío en los que puedo colgar estos objetos para que no estén sueltos y salgan despedidos con un frenazo. Me entretiene andar de aquí para allá distribuyendo los objetos según su naturaleza, especialmente las lámparas que pueden colgarse para añadir iluminación extra.

Son las pequeñas cosas, detalles y dispositivos, las que hacen atractivo el barco y divertida la travesía

No hay tutorial o consejos, ni falta que hace. El control es simple y las mecánicas se deducen fácilmenteToda la información de estados (el HUD) está integrada en el aspecto del vehículo o se sobreentiende. Paso a paso, a medida que avanzo, el juego me va presentando ciertos puzles sencillos. Son altos en el camino que me obligan a bajar del vehículo para accionar mecanismos, despejar el terreno para seguir. Por ejemplo, llego a un puente levadizo y debo cruzarlo a pie, subir por una torre medio derruida, encender un generador y pulsar el activador del puente para alinearlo. Son puzles cortos en los que se entiende en poco tiempo, o probando, qué hay que hacer por cómo está diseñado el entorno.

Al entrar en el interior del vehículo o de una estructura se ve el interior en corte vertical. | Okomotive

Al entrar en el interior del vehículo o de una estructura se ve el interior en corte vertical. | Okomotive

En algunos de estos puzles consigo módulos para mejorar mi vehículo. Primero las velas, que me permiten ahorrar combustible si el viento está favor. Luego un equipo de reparación para cuando los choques, la meteorología o la sobrecarga del motor dañen alguna de las partes. Por último, consigo un aspirador trasero para succionar los objetos y no tener que apearme a recogerlos. Además de estos, el vehículo viene de serie con dos cables de tracción, en proa y popa, y con una manguera para apagar incendios.

Son todas estas pequeñas cosas, detalles y dispositivos, las que hacen atractivo el barco y divertida la travesía. Añaden una capa de gestión, de manejo del barco, a lo que de otra forma sería pura navegación contemplativa al estilo de Journey y con unos puntos de puzle que me recuerdan a Limbo.

En conjunto es un viaje de unas tres horas, que conmina a seguir adelante sin parar, repleto de encantadores parajes rocambolescos con una atmósfera dinámica aderezada con toques musicales. Perfecto para relajarse y para quienes tienen poco tiempo. Deja con ganas de volver a hacerte a la mar tierra.

A toda vela. Rumbo al fin del mundo. | Equilateral

A toda vela. Rumbo al fin del mundo. | Equilateral

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