La venta no se ace sola, ai que acerla | Digital Sun
Críticas

Un día con Will, propietario de Moonlighter

La venta no se ace sola, ai que acerla. | Digital Sun

Pasamos un día con el propietario de Moonlighter, un tendero que adora irse de aventura por unas misteriosas cuevas y que está ayudando a que su pueblo renazca.  

Rynoka es un pequeño pueblo que surgió de la nada. Tras el descubrimiento de unas misteriosas mazmorras repletas de extraños artefactos, gente de todo el mundo acudió a explorarlas y, como es natural, floreció la actividad económica en sus alrededores. Algunas personas, viendo el potencial de la situación, decidieron asentarse en las cercanías y abrir tiendas en las que vender los objetos extraídos de las profundidades, bien fuera a turistas o a exploradores necesitados de equipamiento, y así es como nació el pueblo. Con el tiempo, dado el gran peligro que entrañaban, la exploración de las mazmorras se abandonó y el pueblo se sumió en un periodo de decadencia. Pocas tiendas sobrevivieron al paso de los años, pero una de ellas aguantó y ahora vive una segunda juventud. Hoy nos acercamos a Rynoka para conocer un poco más a Will, el actual dueño de Moonlighter, la tienda que vive una nueva época de esplendor y que también está ayudando a que el pueblo vuelva a crecer.

Conocer la historia de la tienda es conocer la de su familia, la de un clan de mercaderes que vende maravillas encontradas en las mazmorras. Y al igual que las personas de otras historias que hemos tenido la oportunidad de conocer, como Recette Lemongrass y su tienda Recettear o la granjera de gelatinas espaciales Beatrix LeBeau, estos comerciantes también ponen su vida en peligro, bajando ellos mismos a las profundidades para conseguir las mercancías que vender. Pero Will es algo distinto a su familia: mientras que ellos veían las mazmorras como un lugar al que había que bajar para obtener materiales con los que nutrir a la tienda, que era su orgullo, y del que huir lo antes posible; él quiere explorarlas exhaustivamente y desvelar todos sus misterios, para Will la tienda es una forma de financiar sus excursiones, aunque también supone un legado familiar que proteger.

Una vez llegamos a Rynoka, nos encontramos con un pueblo pequeñito pero encantador, en el que los tonos verdes de la hierba y los naranjas de los árboles hacen que parezca que viva en un otoño perpetuo. Quedan pocos habitantes y la mayoría de las casas están abandonadas, aunque la gente del lugar nos comenta que, desde la llegada de Will al pueblo, ha empezado a volver la vida y han abierto nuevas tiendas. También nos dicen que no entienden la clase de fuerzas que hacen posibles estas mazmorras, siempre llenas de objetos que vender y que cambian al entrar, pero tampoco prefieren dar muchas vueltas al tema porque son lo que sustenta la economía local y no les parece bien quejarse mucho de ello.

Will en plena tarea | Digital Sun

Will en plena tarea. | Digital Sun

Una vez entramos en Moonlighter, nos encontramos a Will atareado atendiendo a todos los clientes que llenan su tienda, así que decidimos darnos un paseo mientras esperamos a que se vacíe un poco. Will se mueve constantemente de un lado a otro durante toda la jornada, siempre atento a los objetos que debe reponer y atendiendo en caja. Mientras cotilleamos los estantes, el tendero nos sorprende con un gran salto y embiste a un cliente: parece que las mazmorras le sirven como un excelente entrenamiento para detener a los ladrones. El resto de clientes no parece alterarse mucho por esta situación, aunque hay murmullos que dejan entrever una preocupación por la creciente frecuencia de robos en el pueblo. Después de expulsar al ladrón, la actividad comercial continúa sin ver su ritmo alterado y, visto que casi todo el mundo que entra en la tienda sale feliz con algo bajo su brazo, no podemos evitar que nuestra primera pregunta a Will sea sobre su secreto para vender.

“No tengo clientes parlanchines, ni les gusta regatear, así que no me queda otra más que fijarme en las caras que ponen cuando pasean por la tienda para ajustar debidamente los precios. Al principio me cuesta dar con la tecla, pero, una vez encuentro el precio adecuado para cada objeto, no tengo que hacer mucho más y prácticamente las cosas se venden solas”

Nos muestra entonces un libro donde anota todos los objetos que encuentra, acompañados de una pequeña descripción y los precios que le funcionan en la tienda. Le sirve como libro de cuentas y como diario de lo que ha descubierto explorando las mazmorras, es la bisagra que une las dos facetas de su día a día. Nos comenta que, pese a que podría pasarse todo el día investigando las misteriosas ruinas, que es lo que realmente le gusta, dedica las mañanas a trabajar en la tienda y las noches a explorar. Es una planificación de tareas más eficiente, dado que no puede abrir Moonlighter por las noches — irónico si tenemos en cuenta el nombre del establecimiento— y, además, a esas horas las mazmorras suelen esconder mejores objetos, por lo que el viaje resulta ser más fructífero. Se supone que la luz de la luna también las convierte en un lugar más peligroso que por el día, pero Will ya vive habituado a este ritmo de vida frenético en el que siempre las visita de noche, por lo que ni se da cuenta de ello.

En la zona desértica los enemigos parecían criaturas mecánicas | Digital Sun

En la zona desértica los enemigos parecían criaturas mecánicas. | Digital Sun

Como iba a hacer su viaje nocturno, decidimos acompañarle en una de sus visitas a la mazmorra para conocer su interior. Una vez atravesamos el portón cubierto de una extraña sustancia gelatinosa, el verde de Rynoka desaparece y nos encontramos viejas estructuras de piedra cubiertas por un manto de arena. Will nos comenta que antes iba a otras zonas que se asemejaban a un bosque o un castillo, pero que ya no le sale a cuenta volver a ellas porque los objetos de esta los puede vender por mucho más dinero y el público los compra de todos modos. Asímismo, nos describe un poco de la estructura general de cada zona: la disposición de las salas es distinta cada vez que entra, pero siempre son tres pisos de mazmorra y al final hay un enfrentamiento con un enemigo gigante y peligroso al que llama guardián. Nos enseña dibujos que ha hecho de los guardianes a los que se ha enfrentado y, la verdad, intimidan más que el resto de enemigos que hemos visto por la mazmorra, los cuales Will despacha con bastante solvencia. En sus planes de hoy estaba llegar hasta el guardián de la zona desértica, sin embargo decide aplazarlo dado que hemos venido con él y, la verdad, respiramos aliviados.

Según avanza por la mazmorra, Will va recogiendo todo lo que los monstruos dejan caer. De vez en cuando, aparecen cofres que también contienen objetos y nos comenta que hay que vigilar los dorados y rosas porque suelen tener las cosas más interesantes. Su mochila es grande pero tiene un límite, así que rápidamente se llena y vemos como de vez en cuando dedica tiempo a ordenarla y desprenderse de las cosas que no le interesan. Por un lado conserva las cosas más valiosas, para obtener el máximo beneficio, y por otro tiene un papel con lo que llama “lista de deseos”, en la que están los objetos que tienen prioridad, ya que son los que necesita para mejorar su equipamiento. Hay veces que gruñe porque el objeto “está maldito” y le obliga a reorganizar el equipaje más de la cuenta; como nos intriga su significado, aprovechamos un descanso en una fuente que repone salud para preguntarle sobre el tema.

“Hay objetos que digo que están malditos porque tienen restricciones extrañas, como que solo pueden estar en el fondo de la mochila, que se clonan una vez vuelva a casa o que destruyen otros objetos cercanos; así que tengo que reordenar muchas veces mi mochila. No entiendo por qué pasa esto, pero me sirven como excusa para sentarme, descansar un rato de la acción de la mazmorra y ejercitar también un poco la mente, no solo los músculos. Mi abuelo me decía que algunos exploradores se quejaban de esta microgestión, pero yo encuentro que tiene su puntillo”

Seguimos con la exploración y durante esta excursión a las profundidades, nos hemos encontrado libros que contaban la historia del lugar, le hemos visto tirarse de cabeza a pozos para resurgir con todavía más tesoros y luchar con muchos enemigos. Tras un tiempo dando vueltas, en el tercer piso nos encontramos una puerta enorme y nos dice que ahí está el guardián, pero que va a aprovechar que nos acompaña fuera para vaciar la mochila y hacer acopio de pociones. Así que se saca un extraño artefacto del bolsillo, el cual funciona a base de introducirle monedas, e invoca un portal que nos deja junto a la tienda. Es sorprendente, pero en este rato dentro hemos perdido totalmente la noción del tiempo: entramos por la noche pero fuera ya se ha hecho de día.

Por fin podíamos volver a ver el paisaje otoñal | Digital Sun

Por fin podíamos volver a ver el paisaje otoñal. | Digital Sun

A Will le espera otra jornada de ventas en Moonlighter, ya que debe vender todo lo que lleva en la mochila antes de enfrentarse a solas con el guardián. Así es la rutina de su día a día: vende cosas para mejorar sus armas y así poder explorar más, lo cual le permite vender cosas más valiosas. Tal vez esté atrapado en un ciclo de rutina absorbente, pero por lo menos está ayudando a que el pueblo de Rynoka experimente una segunda oportunidad en la vida. Nos despedimos de Will y le deseamos lo mejor para el futuro, ojalá volvamos un día y nos encontremos con que Moonlighter y Rynoka se hayan convertido en referentes a nivel mundial.

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