Little Witch Economia | AP Thompson
Críticas

Fortune-499: Little Witch Economia

Little Witch Economia | AP Thompson

Con trucos de magia y predicciones del futuro, Fortune-499 es el relato de una bruja que intenta encontrar su camino en nuestro sistema socioeconómico. 

“Creo que va a sacar a Blastoise para contrarrestar a mi Arcanine, así que yo voy a adelantarme a su jugada y sacar algo de planta para anularlo. Aunque claro, puede que se crea que yo ya he pensado eso y he decidido optar por Venusaur, así que en realidad sacará un Typhlosion para tener ventaja, pero entonces, sabiendo yo eso, debo sacar a Milotic para anularlo. O puede que se haya adelantado a todos esos pensamientos y saque a Raichu por lo que entonces yo debería….”

Jugar a Pokémon a niveles competitivos es duro. Hace falta predecir la predicción que hará tu rival de tu propia predicción y, tras muchas vueltas, puede que el movimiento que elijas sea el que habías pensado desde un primer momento. Pasa un poco lo mismo en un juego aparentemente tan simple como Piedra, papel o tijera: se suele usar como forma “justa” de decidir basada en la aleatoriedad, pero se puede intentar adivinar lo que decidirán el resto de personas para inclinar la balanza hacia nuestro lado. Muestra de ello son series como Kakegurui o Kaiji, ambas tratan sobre apuestas y sus primeros juegos son alguna variante de Piedra, papel o tijera, los cuales ponen en evidencia lo complejo que se puede hacer este juego y la cantidad de pensamientos que se pueden encadenar para decidirse por una de las tres opciones. Ahora bien, nunca se sabe hasta cuantos niveles de predicción de la predicción hay que llegar y, además, siempre está el factor sorpresa que puede destrozar todas nuestras conjeturas; así que, al final, se vuelve a depender de la suerte y hay que rezar para que hayamos tenido el grado necesario de anticipación y que nada fuera de lo predicho ocurra.

Ese intento de predecir los movimientos del rival en Piedra, papel o tijera es la base jugable de Fortune-499, una pequeña obra de AP Thomson con la colaboración de Jenny Jiao, como ya pasó con Beglitched (aunque aquí AP Thomson carga con más peso). Eso sí, una cosa es realizar conjeturas sobre los posibles movimientos del rival y otra bien distinta es tener habilidades para saber cuáles serán antes de que llegue a ejecutarlos siquiera. Es ahí cuando entramos en los terrenos de la magia por los que se mueve Cassie, nuestra protagonista, y a los que debe recurrir cuando un ejército de monstruos pretende tomar las riendas de la compañía en la que trabaja— así son los peligros del capitalismo sin control— . Y si en los videojuegos podemos convertir cualquier acción en pulsaciones de un botón, ella es capaz de categorizar todas las acciones de los enemigos en tres grandes familias sobre las que realizar sus predicciones: piedra, papel o tijera.

Creo en el corazón de las cartas | AP Thomson

Creo en el corazón de las cartas. | AP Thomson

Gracias a ello, combatir contra las hordas de los monstruos se convierte en decidir constantemente entre las tres opciones. Ahora bien, hay que tener en cuenta que la clave de la magia de Cassie es otra y la analogía con Piedra, papel o tijera es solo un lenguaje para poder aplicarla en el mundo, del mismo modo que los magos necesitan el nombre de los hechizos y una varita mágica para poder canalizar sus poderes. En su caso, la varita es una baraja de cartas: en cada turno puede sacar hasta cuatro cartas del mazo y con ellas se regulan las probabilidades de que un enemigo use un movimiento u otro. Con esto el juego pasa a ser uno de gestión de riesgo, en el que hay que debatirse entre contentarse con una carta que, por ejemplo, favorece un pelín que utilice papel o sacar otra para ver qué ocurre. Si sacamos más, es posible que haya suerte e inclinemos todavía más la balanza hacia el papel, pero también puede ocurrir que la distribución final provoque que sea igual de probable que salga cualquiera de las tres opciones; la magia no habrá servido de nada. Aun así, nada está garantizado y es posible que, pese a favorecer mucho el papel, el enemigo no lo use y nos salga mal la jugada. Al final, recurriendo a una analogía capitalista, ideal para la temática del juego, puede decirse que esto es como jugar en bolsa: por mucho que se puedan predecir movimientos para invertir de forma adecuada, siempre puede haber algún movimiento inesperado que se traduzca en una sorpresa desagradable.

Y tal vez ese límite de la magia de Cassie, aunque no deje de ser una decisión estilística, sea uno de los pocos problemas de Fortune-499: por mucho que nos esforcemos, simplemente estamos controlando las probabilidades de qué es lo más probable que ocurra, así que sigue existiendo un margen para los sucesos no deseados. Es decir, las cosas pueden salir mal y cualquier movimiento inesperado puede provocar una derrota que se perciba como injusta que, además, obliga a repetir el nivel de turno. Y, la verdad, es que muchas veces se vive en el filo de la derrota, con la tensión de tener que pensar bien los movimientos a realizar porque nos queda poca vida. Esta filosofía de diseño la comparte con Beglitched: ambos plantean una base de mecánicas relativamente simples sobre las que se contruyen mundos temáticos, aquí los diferentes departamentos de la empresa, que tienen formas únicas de retorcerlas para aumentar la dificultad de ingeniosamente.

Así es el destino, qué le vamos a hacer

Por ejemplo: un departamento introduce una serie de cartas especiales, que se deben administrar de modo que se puedan usar al mismo tiempo y acabar el combate contra el jefe en un único turno; mientras que en otro, nos dan una carta que cuando sale aumenta la fuerza de los rivales y es necesario saber gestionar el mazo para que aparezca lo mínimo posible. Y también como en Beglitched, esas mecánicas introducidas en cada mundo aparecen de una forma simpática que, sin que nos demos cuenta, nos envuelven y se convierten en un infierno en que el intentar sobrevivir (por cierto, también comparten el efecto de sonido para las explosiones o eso creo).

Ahora bien, por mucho que consigamos lidiar con dichas restricciones y minimicemos el impacto del azar, seguimos dependiendo de la suerte y perder un combate se hace molesto: hay que repetir el piso entero, previo pago de una pequeña cantidad económica, y partiendo con la vida que teníamos al principio de dicho piso, lo cual puede ser un problema si estábamos bajos de vida desde un inicio (encima que ya hemos perdido el dinero de repetir, puede que el gasto no sirva de nada). También es posible que fracasemos y no tengamos dinero para repetir un piso, por lo que tocaría repetir el departamento desde cero, o que tal vez haya suerte y venzamos por los pelos cuando ya habíamos dado por inevitable la derrota. Así es el destino, qué le vamos a hacer.

El término "Recursos humanos" me da mal rollo | AP Thomson

El término “Recursos humanos” me da mal rollo. | AP Thomson

Esta dependencia del azar provoca que para un observador externo parezca que Cassie no tiene siquiera poderes y ha llegado hasta donde está a base de suerte y oportunismo. Así piensan en su empresa y pretenden despedirla por ello, creen que es un fraude que no debe estar en el departamento de recursos mágicos porque no aporta nada útil. Es un poco una adaptación a nuestro sistema económico del mito de Casandra — el nombre de Cassie viene de aquí — , a quien se le concedió el don de la profecía, pero Apolo la maldijo para que nadie le creyera. Y aquí nadie aprecia las predicciones de Cassie porque en la industria lo que mandan son los resultados, es decir, que lo que se haga tenga un impacto directo en los números. Las finanzas se han convertido en un nuevo tipo de magia y no hay sitio para magos de utilidad cuestionable, por muy capaces sean de ayudar a la empresa; se valora más al que hace poco y es visible que al que hace mucho y no se ve.

En ocasiones Fortune-499 parece lo opuesto a Beglitched: ambos usan la magia como elemento central, pero mientras que Beglitched era felicidad, colores pastel, mucho rosa y planteaba una línea difusa entre magia y tecnología (escribir código es como elaborar encantamientos); en Fortune-499 todo está pintado de azul oscuro y hay una visión más triste y gris del mundo de la magia. Al fin y al cabo, la han convertido en un recurso más a exprimir por las grandes compañías y se cuestiona la necesidad de aquellos usuarios con habilidades menos vistosas. Por mucho que Cassie haga, el sistema intenta expulsarla porque dice que no hace suficiente, aunque la verdad sea que sus predicciones en las sombras han sido mucho más útiles que los rayos llamativos de otros magos. Pero si el sistema insiste en decirle que no hace nada, solo le que queda vivir con la sensación de que no es lo bastante buena y lo que hace es realmente un fraude o, dicho de otro modo, ser víctima del síndrome del impostor.

Aun así, por muy gris que pueda parecer todo, sigue habiendo espacio para el optimismo, con salpicaduras de rosa por el mundo y un montón de diálogos que consiguen hacerte sonreir (mención especial a la zona dedicada al networking). Y por muy hueca por dentro que llegue a sentirse Cassie, culpa de un mundo empresarial que le drena la poca energía que tiene, la historia de Fortune-499 está para mostrarnos que se puede sobrevivir a ello y avanzar. La invasión de monstruos le permite comprobar que todo problema puede intentar enfocarse de una forma que aproveche sus habilidades y haga más sencillo lidiar con ello (Piedra, papel o tijera en este caso), de modo que sienta que es verdaderamente útil, aunque el mundo exterior se lo niegue. Porque después de todo resulta que es la magia la que tiene que mantener en pie al capitalismo que la estaba drenando.

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