Me precipito | Chibig
Críticas

Deiland, un planeta a medida

Me precipito | Chibig

Inspirado por el best-seller literario El principito, de Antoine de Sant-Exupéry, el estudio valenciano Chibig toma la idea de un niño que vive en un miniplaneta para un juego de agricultura y artesanía con características de RPG que junta todo lo aprendido en sus juegos anteriores del mismo universo.

Deiland, que así se llama el planeta, es una pelota de césped cuyo horizonte curvo se ve como el campo de fútbol de Oliver y Benji cuando damos la vuelta al mundo en contadas zancadas. Su único habitante es Arco, un niño con un poder latente vinculado al núcleo de cristal mágico del planeta que se dedica a explotar los recursos de su mundo y a protegerlo, ya sea de meteoritos y tormentas, rotando el planeta a voluntad, o luchando contra monstruos invasores. Hay una sola charca donde pescar y tres huertos para cultivar hortalizas. El resto del planeta se puede sembrar de árboles y arbustos siempre que estén cerca de agua, para lo cual hay que construir pozos. No conviene plantar demasiado juntas las plantas, ya que entorpecen demasiado el paso. También se producen algunos tirones cuando el planeta está lleno de objetos.

Deiland, un planeta a medida

Deiland, un planeta a medida. | Equilateral

Todas las plantas dan frutos que se pueden plantar, usar para comer –y es que hay que comer y dormir– o cortar para conseguir madera. Las rocas se pueden picar para sacar minerales y, eventualmente, se puede abrir una mina. Con todas estas materias se pueden mejorar algunas infraestructuras y herramientas, con las cuales incrementar la eficiencia de producción y acceder a nuevos recursos.

Cada tanto aparece un visitante con su tema musical y subtrama, que es poco más que una cadena de peticiones de ítems. El personaje más importante es Mûn, una muchacha que pertenece a un cuerpo científico-militar llamado Patrulla Interestelar y que actúa como mentora o, más bien, hermana mayor. Otros visitantes son un chef alienígena, un mago de aire gitano, un pirata de poca monta y una misteriosa mujer. A medida que completas las misiones se desbloquean recetas de cocina, herramientas, edificios, etc. Cada visitante vende y está interesado en comprar ciertos artículos; sacando partido al comercio es fácil amasar dinero.

Mûn ya apareció en un juego anterior del estudio. Aquí tiene un papel destacado desde el principio. | Equilateral

Mûn ya apareció en un juego anterior del estudio. Aquí tiene un papel destacado desde el principio. | Equilateral

El planteamiento de las mecánicas y arte a lo Viva Piñata funciona muy bien en el contexto escogido, que esferifica la parcela en vez de usar paredes invisibles. La faceta RPG, por contra, flaquea tanto en el combate, rudimentario en las animaciones y sin controles de parada u otro distinto del ataque simple, como en el desarrollo de una trama, que pese a un argumento adecuado, se articula en unos pocos avisos de personajes y un cuento ilustrado que hay que recopilar por fascículos, pero cuyo peso recae en una misión final creada con los mínimos recursos. El sistema de experiencia y niveles, aunque simple, sí creo que le da otra capa de motivación al juego, pero casi preferiría que se hubiera dejado fuera todo tipo de combate, claramente por debajo de la calidad del resto del juego e incluso un tanto en discordancia con el tono alegre, ingenuo y pacífico.

Es de agradecer que se haya añadido la posibilidad de viajar a otro planeta, el gélido Ankora, de tamaño terrestre, donde hay tres personajes más con sus respectivas subtramas y algunos bichos pululando, pero poco más en un mapa rectangular diseñado con algunos espacios negativos para ofrecer pasajes laterales además de una planície central.

Plantando un pino ;) | Equilateral

Plantando un pino 😉 | Equilateral

Con su enfoque infantil, Deiland es una propuesta adecuada para niños, que pretende inculcar valores como el compañerismo, la dedicación y la iniciativa. Al público adulto, sin embargo, le costará obviar las carencias que se dejan ver a menudo. Un poco más de presupuesto o, quizás, un replanteamiento a tiempo podrían haber mejorado sustancialmente un juego muy atractivo a la vista cuyo puntal es la recolección de recursos.

No quiero terminar sin mencionar la posibilidad de jugar en valenciano, lo cual sin duda valoramos los catalanoparlantes y que si no lo hacen los estudios con su lengua, no lo harán las grandes empresas, cada vez más reticentes en localizar los juegos.

Deiland, un planeta a medida
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