Crítica de Path to Mnemosyne. | Equilateral
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Path to Mnemosyne: recuérdalo todo, pequeña

Crítica de Path to Mnemosyne. | Equilateral

El estudio alicantino Devilish Games presenta un juego de puzles con un marcado arte surrealista sobre una niña que se adentra en las profundidades de su mente para recuperar la memoria.

Path to Mnemosyne, el camino hacia la diosa de la memoria. Un túnel sirve como metáfora jugable del proceso de reparar los recuerdos.  Ya desde el menú principal del juego, adentrándose la cámara en la pupila de la niña, se usa la técnica del zoom fractal o infinito sobre el cual se fundamenta el diseño del juego. Esta técnica hace que la experiencia sea inquietante en todo momento, ya que el avatar siempre está en el mismo sitio de la pantalla y el punto de fuga de la composición siempre en medio de ésta, al fondo del túnel, como un pozo sin fondo que se te traga.

El estilo artístico de esbozos surrealistas, predominantemente blanco-sepia, de esquizofrénicos trazos oscilantes y elementos figurativos que remiten a fobias y temores primales, junto a una atmósfera sonora zumbante, a momentos con voces susurrantes, provoca un estado de sutil turbación. Cuando avanzas se oye una bajada tonal que parece infinita, conocida como la ilusión de Shepard, que es el equivalente sonoro al efecto visual fractal.

Las formas del entorno a menudo esconden pistas. | Equilateral

Las formas del entorno a menudo esconden pistas. | Equilateral

Pasillos rotatorios, secuencias de interruptores, circuitos, juegos de perspectivas, pruebas de reflejos y redes de portales de teleportación que te pliegan y despliegan como un amasijo de carne son algunos de los puzles que simbolizan la reconstrucción de la memoria en la mente de la niña. En general no son un gran reto y la mayoría son un tanto manidos. Algunas pruebas cuestan más de lo que debiera por la imprecisión de los controles, que consisten en avanzar, rotar pasillos o anillos a derecha o izquierda en torno al túnel y saltar patosamente para pasar por encima de interruptores o portales. Los niveles consisten en activar y recoger unos orbes azules que representan recuerdos y completar con ellos un puzle (en el cual usamos el ratón) que abre la puerta al siguiente nivel.

La voz madura de quien se deduce que es un terapeuta (al principio me recordó al narrador de The Standley Parable) te manda seguir adelante con el tratamiento. Sabes que en el exterior de tu mente estás en alguna especie de centro médico… o de pruebas. Más adelante aparece una voz femenina que se muestra contraria a la terapia de su colega, y cuando éste no está te instiga a buscar recuerdos que él no quiere que recuperes. Así, los recuerdos se representan como bolas azules llameantes, los sancionados, y bolas resquebrajadas verdes, los prohibidos.

Hay una voluntad de contar una historia sobre terribles recuerdos borrados, de una institución insidiosa que tiene a la chica en su poder, pero apenas aparecen unos pocos retazos visuales fugaces y diálogos velados; en suma, meros adornos narrativos para un corto juego de puzles que, ceñido por la austeridad y no exento de tirones y algún bug, será recordado más que nada por su original propuesta artística.

Path to Mnemosyne: recuérdalo todo, pequeña
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