Crítica de Wandersong. | Equilateral
Críticas

Wandersong: Bard Bard Revolution

Crítica de Wandersong. | Equilateral

Wandersong consigue ganarse nuestro corazón con la historia de un bardo que encuentra su oportunidad para ser por una vez ser el héroe. 

Silly Bard from Wandersong
My name is Silly Bard from Wandersong
And there’s a million things I haven’t done
But just you wait, just you wait

Si hubieras dicho hace cinco años que un musical sobre Alexander Hamilton, el primer Secretario del Tesoro estadounidense, sería un éxito internacional problablemente te mirarían raro, pero es lo que hay y Hamilton arrasa. Y me resultó difícil no pensar en ello cuando estaba jugando a Wandersong: los protagonistas de ambas obras se salen del esquema típico de héroe, además de ser individuos que acaban dejando huella allí donde pasan aunque en un principio nadie apostase por ellos. También entraba en juego el peso de la música en ambas obras, puesto que en Hamilton es la voz de todos sus personajes y en Wandersong es una forma de comunicarse con otras personas y la herramienta con la que el bardo protagonista pretente proteger el planeta.

Sin embargo, salvar el mundo no suele ser trabajo de bardos, es algo para gente más importante y poderosa, como caballeros o magos. ¿Qué hace un bardo entonces? Tocar música y en todo caso ofrecer apoyo al grupo mediante canciones y hechizos, tal vez le toque ser el gracioso de la banda, se sirva de su carisma para ligar con gente o se encargue de meter al resto en líos por culpa de haber hablado demasiado. El bardo es el comodín, el espíritu libre, la nota discordante que nunca sabes por dónde va a salir, incluso alguien odiado (basta ver a Asurancetúrix de Astérix y Obélix); pero no el héroe principal de la historia.

Ahora bien, un día los sueños le revelan al bardo que protagoniza Wandersong un espectacular destino: debe viajar por el mundo para encontrar los fragmentos de una canción mágica, gracias a la cual será capaz de salvar al mundo del cercano apocalipsis. ¡Por fin ha llegado su momento de ser alguien importante! Pero por mucha felicidad que muestre al mundo, cantando y bailando por el camino, su viaje está plagado de dudas personales: ¿realmente es alguien especial? ¿Sabe hacer algo que no sea cantar? ¿No merecería el mundo tener un salvador mejor que él? Y sus miedos se acrecientan todavía más una vez se encuentra con una heroína que sigue su propio viaje para salvar el mundo, pero ella tiene otros objetivos distintos que chocan con los suyos y encima una espada mágica que lanza rayos. Igual todo lo de que debía encontrar la canción era una farsa que no sirve de nada porque, al fin y al cabo, cómo iba a ser él quien salvase al mundo. Lo mismo se había hecho demasiadas ilusiones.

¿Es el batería un miembro de los Runaway Five de Earthbound? | Greg Lobanov

¿Es el batería un miembro de los Runaway Five de Earthbound? | Greg Lobano

De hecho, algo que me ha maravillado de Wandersong es como se sirve de los logros con el fin narrativo de reforzar estas dudas, incluso intentando sembrarlas en nosotros mismos con una de las mejores aplicaciones que he visto de este sistema  -la versión jugada fue la de Steam-. Es raro ver los logros como algo más que una recompensa a la dedicación por un juego, pero aquí vemos que pueden ser útiles para contar más cosas: nuestro bardo nunca desbloqueará logros de forma directa, todos están vinculados a acciones de la heroína, incluso a algunas de sus hazañas que ni llegamos a ver en pantalla. Si él ya dudaba de si era esta realmente su aventura, ahora nosotros también nos lo cuestionamos; quien se lleva la validación externa en forma de trofeos es un personaje sobre el que no tenemos control, que incluso nos insiste en que abandonemos nuestra misión cada vez que nos lo encontramos por el camino.

Quizás lo mejor sea volver a casa y no hacer nada, total, ya hay una heroína con una espada mágica que se hace cargo de todo y los bardos solo… cantamos

Pero no nos podemos rendir, porque Wandersong es un juego feliz, protagonizado por un bardo que quiere demostrar que se puede ayudar sin recurrir a la violencia. Puede que su viaje esté lleno de dudas y momentos oscuros, pero también está rodeado de humor, optimismo y colores bonitos (la estética recuerda al genial Cucumber Quest, con quien también comparte mucho espíritu). Bajo su apariencia dulce y alegre, esconde problemas como las expectativas personales y ser una decepción para los demás, guerras entre naciones, la explotación laboral y el consumismo e incluso la masculinidad, en forma de marinero que quiere golpearnos a puñetazos y al que ayudamos a entender que no es necesaria usar la violencia para reafirmarse como persona.

Esta forma de escribir un relato, a base de un carrusel de situaciones variadas con claros y oscuros pero siempre con el humor de la mano, va en la línea de la saga Mother/Earthbound y, ciertamente, es difícil no sentir su influencia tanto en el apartado sonoro como el de guión — al final de los créditos aparece una lista de música recomendada que debió influir en la creación de la banda sonora y en ella se incluye Mother 3, además de Hamilton — . Tanto Wandersong como la saga de Nintendo consiguen crear aventuras carismáticas que sorprenden constantemente y en las que nunca sabes lo que esconderá el siguiente arco argumental, ni cómo conseguirá sacarte la siguiente sonrisa. Lo mismo el bardo monta una banda, que habla sobre sus sentimientos con una bruja o planea una revolución para librar al pueblo de la tiranía de una fábrica; como le pasaba a Ness, que pasaba de combatir una secta a hacerlo con alienígenas o viajar a una tierra plagada de dinosaurios. Aunque bueno, la influencia de Mother ya se empezaba a sentir desde el momento en el que descubrimos que el objetivo de nuestro bardo es conseguir fragmentos de una canción, al igual que hacían Ninten y Ness en los dos primeros juegos de la saga.

Los fantasmas de la ópera | Greg Lobanov

Los fantasmas de la ópera. | Greg Lobanov

Todo esto se consigue gracias al poder de la música, que para algo es un juego protagonizado por un bardo. Nuestro héroe viaja por el mundo ayudando a quienes lo necesitan y, por ejemplo, su música puede amaestrar insectos para que muevan piedras o ser un lenguaje universal capaz de conectar el mundo de los vivos con el de los muertos. No son pocas las veces en las que las notas musicales sirven para traducir los mensajes de fantasmas y darles la oportunidad de tener unas últimas palabras con sus seres queridos, dando pie a alguna que otra escena bonita y emotiva. Recuerda en ese aspecto a Osu! Tatakae! Ouendan o Elite Beat Agents, con sus equipos de personas que ayudaban a otros mediante el poder de la música (historia de fantasma que quiere comunicarse con un ser querido incluída), aunque con una diferencia notable: en Wandersong fallar las notas no tiene penalización alguna.

La mayoría de ocasiones, ayudar a la gente exige repetir patrones de notas musicales indicando la dirección en una rueda de ocho notas a nuestro propio ritmo, sin presión alguna. Se genera aquí un contraste interesante con la concepción que usualmente tenemos de los juegos musicales, en los que hay que imitar los patrones de las canciones buscando ajustarse lo máximo posible al ritmo marcado, como si de nuevo este bardo insistiera en que hay una forma de hacer las cosas distinta a la del resto del mundo. Y aunque haya algo más de presión en los enfrentamientos con jefes, en los puzles cuando vamos a conseguir fragmentos de la canción o ciertas canciones que sí tienen un ritmo concreto; en los primeros ejemplos fallar simplemente implica alargar el proceso y en el último que la música no suene bien.

Quizás para quienes busquen un juego típicamente musical algo así resulte ser un tanto decepcionante. La realidad es que Wandersong más que un juego musical es una aventura con música, de las de recorrer mapas para hablar con gente y resolver pequeños puzles, pero, dado que está protagonizada por un bardo, los comandos para hacerlo implican cantar. Por decirlo de algún modo, funciona como muchas películas de Disney, repletas de canciones pero que no llegan a ser un musical. Y aun así, en cualquier momento, incluso en mitad de diálogos, podemos empezar a cantar y bailar, entonando las canciones que queramos mediante la escala de ocho notas y otro botón que nos permite bailar mientras tanto -ya de paso, el juego me hizo viajar diez años al pasado cuando desbloqueé el Caramelldansen como baile - . Realmente hacerlo no tiene utilidad alguna, pero el simple hecho de ser capaces de ello nos permite sentir la música más viva en nuestro interior, estar un poquito más próximos a ese bardo.

Anyway, here's Wandersong | Greg Lobanov

Anyway, here’s Wandersong | Greg Lobanov

Wandersong quiere que nos acerquemos a su protagonista y nos empapemos de su personalidad: tal vez no sea un héroe a ojos del resto del mundo y viva con constantes dudas sobre sus propias habilidades, pero la realidad es que allí por donde pasa sus melodías han dejado huella en los corazones de la gente. Ocurre un poco lo mismo en el mundo de los videojuegos, con obras más grandes y aparentemente más poderosas pero que no dejan el mismo poso de cariño que otras más pequeñas. Merece la pena jugarlo, es de esos juegos calentitos, llenos de amor y sentimiento que se te quedan en la memoria.

Wandersong: Bard Bard Revolution
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