Críticas

The Missing: la belleza de lo roto

Accept the pain | White Owls

Ha habido varios juegos a lo largo del año que han tratado la depresión. The Missing es quizás el que lo hace de la manera más cruda, pero eso no le resta ni un ápice de sensibilidad a su mensaje. Al contrario, lo hace más cercano.

Los mejores juegos de Swery son los que no entran por los ojos. Hay muchos años y hasta un salto generacional entre Spy Fiction, su primera incursión en el mundillo como director, y Deadly Premonition, la obra por la que más se le conoce. Dejando de lado las comprensibles limitaciones técnicas del primero por pertenecer a un hardware más antiguo, es cuanto menos sorprendente que el segundo luzca incluso peor. Al estilo pulcro, unificado y de estándares cumplidos tan propio de un debut en el que se busca más coger rodaje que empezar a construir una arriesgada identidad autoral, se le contrapone el imperfecto caos de tosquedad, texturas aberrantes y animaciones taquicárdicas de un trabajo que confía tanto en sí mismo que no esconde sus vergüenzas. Deadly Premonition es hoy un juego de culto que catapultó a su autor a un estatus similar.

En el ámbito de las superproducciones, la carrera por la hipertrofia gráfica es una norma desde, qué se yo, el Blast Processing de la MegaDrive. Los juegos independientes tampoco han quedado al margen de esta tendencia por señalar los títulos más preciosistas e impecables; no existe el tópico de los indies con pixel art colorido por nada. Estamos obcecados con el placer estético porque es la impresión más inmediata que nos causa algo, condicionando la posibilidad de un mayor o menor acercamiento a la obra en cuestión según como la veamos. Es un impulso prácticamente inconsciente, y no pude evitar arquear un poco la ceja cuando vi los rudimentarios gráficos de The Missing: J.J. Macfield and the Island of Memories. Pero sabía que era la nueva obra de Hidetaka “Swery” Suehiro, y que, como Deadly Premonition, como en muchos trabajos que descuidan la apariencia en pos del mensaje, tenía algo especial.

El juego está plagado de mensajes aparentemente ininteligibles, pero que al final harán que todo encaje. | Equilateral

Los sentidos no son más que la antesala del verdadero significado. | Equilateral

Porque hay belleza en las asperezas sin limar. En cada textura plana, en cada salto mal calculado a causa del control, en cada animación apresurada y descontextualizada, en cada rompecabezas más obtuso de la cuenta –no por malicia, sino por necesitar de alguna que otra lección de foreshadowing a nivel de diseño. The Missing es todo eso, pero también es un juego que ha conseguido mantenerme en vilo durante las 5 ó 6 horas que dura. Porque esa fachada a la que claramente le faltaba alguna que otra mano de pintura deja mucho más a la imaginación que la atención por el detalle y los modelados casi perfectos. Le da al conjunto un aire de lisergia y misterio donde nada es lo que parece. Un doloroso viaje con muchas piezas que encajar.

Como su nombre indica, The Missing es una historia de pérdida. Para encontrar a Emily, J.J. debe recorrer la isla de los recuerdos y superar sus adversidades sometiendo su cuerpo a una constante mutilación. La primera vez que vemos cómo se retuerce de dolor es sumamente desagradable. La empatía que como jugadores inevitablemente sentimos por el personaje que controlamos, aunque no sepamos nada de ella, hace que nos sobrecojamos por los sonoros chillidos que la pobre chica no deja de proferir. Por suerte, solo está a una pulsación de botón de volver a estar como nueva. Eso, evidentemente, no quiere decir que el dolor no haya sido real. Nuestra protagonista tiene un superpoder tremendamente infravalorado: ser capaz de aguantar hasta el dolor más visceral por otra persona.

The Missing es una poética de la regeneración

Sin embargo, la rutina de los puzles empieza a crear una desconexión entre nosotros, que forzamos a J.J. a destrozar su cuerpo una y otra vez para poder resolverlos, y ella, que los sufre en su carne. Desmembrarla nos va pareciendo más mundano conforme avanzamos, perdiendo impacto para nosotros, que no sentimos nada y que pasamos a preocuparnos más por la solución de rompecabezas que crecen en complejidad que por ella. Se nos fuerza a mutilar a la protagonista sin compasión para ir probando distintas soluciones. En ocasiones hemos de prenderle fuego para quemar unas plantas que bloquean el camino, o recibir un golpe tan contundente que deje la cabeza del revés y, por tanto, también voltee el mundo que nos rodea, abriendo así la puerta a nuevas posibilidades. La mutilación más común es la que proporcionan los peligros cortantes, que nos va dejando sin miembros y reducen nuestra movilidad hasta que solo queda la cabeza. Esta es especialmente útil, pues a base de rodar nos permite movernos por los resquicios más pequeños, pero también es la más peligrosa por ser el último umbral: si la cabeza sufre daño, J.J. muere.

De la cárcel se sale, del cementerio... ¿también?

De la cárcel se sale, del cementerio… ¿también? | Equilateral

Es un sistema de puntos de vida bastante ornamentado y bien integrado dentro de los puzles. A veces tendremos que utilizar las extremidades amputadas para acciones específicas, y en muchas otras habremos de recurrir a la cabeza, la más flexible, pero también la más peligrosa. Un gimmick que se presta a un diseño de puzles que podría haberse puesto más creativo para la ocasión, pero que decide conformarse con cumplir con todas las reglas del manual sin apuntar mucho más alto. Lo más interesante de esta mecánica, no obstante, es lo que nos dice de J.J.

The Missing es una poética de la regeneración. Física y mental. Todos los peligros que acechan a J.J. son maneras de reconsiderar sus posibilidades. Aprender a ver la adversidad como una oportunidad, convertir la amenaza en nuestra fuerza. No me gusta tener que callarme los spoilers a la hora de comentar el significado de una obra, pero en este caso creo que es necesario que cada persona experimente el final por su cuenta. Que el jugador pueda trasladar el sufrimiento, las ansiedades y miedos de J.J. a su propio mundo. Una catarsis que, de haberse trabajado más la relación entre lo que siente J.J. y lo que siente al jugador, alcanzaría un cénit sin precedentes en este clímax, pero no por ello deja de ser increíblemente bonito. Aunque sea por un solo momento, un último y estelar instante, somos uno con el personaje, y recibimos ese mensaje tan compasivo y sentimental con toda la fuerza. Empatía por aquellas personas que no merecen sufrir por ser como son.

Nos han cortado una pierna. Adivina cómo hay que parar el mecanismo. | Equilateral

Nos han cortado una pierna. Adivina cómo hay que parar el mecanismo. | Equilateral

Aceptar el dolor. Es injusto, no es culpa nuestra que tengamos que sufrirlo, pero tampoco tenemos que sobrellevarlo solos. Aceptarlo y ser más fuertes gracias a él. Nathalie Lawhead, creadora de Everything is going to be OK, habla en su juego del retorcido concepto que tenemos de las fantasías de poder. Los fuertes son los que lo tienen todo, los que no sufren; en cambio, los que han pasado por mil y una penurias son considerados débiles, maltrechos. ¿No debería ser al contrario? Una persona que ha superado traumas, que ha sido lo suficientemente valiente como para seguir adelante a pesar de su situación es mucho más fuerte que nadie. White Owls ha creado una oda a esas personas rotas, aquellas que son injustamente castigadas a consumirse en su propio abismo. The Missing trata sobre entender quiénes somos a base de chocarnos, mutilarnos, y diseccionarnos. Aceptar el dolor es aceptarnos a nosotros.

Los errores de J.J. tienen la misma consecuencia que sus éxitos: sufrir, experimentar el dolor más intenso. Es el reflejo de la calamidad interna por la que está pasando, pero nada de eso la hace desistir. Continuamente me equivocaba al pulsar el botón de coger objetos; le daba cuando estaba en la posición incorrecta. Ese botón, cuando no es para coger algo, hace a J.J. hablar, y al hablar lo que hace es llamar a Emily. Cada vez que me confundía al recoger algo, la llamaba, una vez tras otra. Eso era lo más importante para ella, estuviera ardiendo, desmembrada, o fuera solo una cabeza rodante. Porque Emily, la única persona que le entendía, merecía la pena pasar por todo ese dolor. Ella es la cura.

Avanzar es estar más cerca de morir, pero es la única vía, de lo contrario, no conseguiremos nada

Es cierto que la mecánica de recibir daño para resolver puzles es fácilmente aprovechable, y que se siente más como eso, una mecánica, que como un peligro real. Pero en cierto grado sí que lo es. Avanzar es estar más cerca de morir, pero es la única vía, de lo contrario, no conseguiremos nada. The Missing nos dice que el dolor existe, es real, viene de fuera (todas las mutilaciones de J.J. son activadas por peligros del entorno, nunca nacen de ella misma) y sumirnos en él solo nos traerá lo peor. No nos dice, o al menos quiero pensar que no, que superarlo es solamente una cuestión de optimismo y actitud proactiva. Necesitamos ayuda, evidentemente, y por eso J.J. no deja de buscar a Emily. Por ella es capaz de lo que sea, incluso de convertir el dolor en su propia arma.

Las porciones más narrativas v ienen en forma de mensajes de texto en el móvil de J.J. Muy importantes por todas las pistas que albergan de lo que está ocurriendo realmente. | Equilateral

En el móvil de J.J. ocurren las partes más narrativas. Muy importantes por todas las pistas que albergan de lo que está ocurriendo realmente. | Equilateral

The Missing es una obra imperfecta de gran poder interior. La expresión poética de una llamada de auxilio cuyo eco no alcanza a nadie más que a nosotros, jugadores, dispuestos a socorrerla pase lo que pase, y encontrar en ella un trocito de nosotros. Quizás no sea especialmente divertido, aunque sin ser ese su objetivo, se las apaña para cumplir; tampoco plantea unos puzles demasiado innovadores, pero consigue que tengan su propio carácter. Es ortopédico, su presentación visual es fea, pero que me aspen si no es justamente así como nos vemos muchas de las personas que nos hemos sentido identificadas con él. Dentro de ese envoltorio desvencijado se esconde un corazón enorme.

Casi parece que sea intencional: deshacerse de los prejuicios de un sopetón para encontrar al descubierto la belleza de estas personas rotas. Eso le viene como un guante a The Missing, un juego precioso.

The Missing: la belleza de lo roto
Comments
To Top