Mutazione
Críticas

Mutazione: cuida y déjate cuidar

Sentimiento de comunidad | Die Gute Fabrik

Una de las grandes fortalezas del panorama indie es la capacidad de traer experiencias que no podrían sobrevivir en el mercado mainstream. Si allí generalmente se ven videojuegos sobre héroes increíbles y situaciones límite, el creciente mundo de lo indie aúna relatos más íntimos que vienen a profundizar sobre los lazos que unen a las personas. Y Mutazione, indie muy indie, es un gran ejemplo de ello.

En el ritmo social en el que vivimos puede resultar muy difícil pedir ayuda. Día a día, estamos conectados a todo lo que pasa a nuestro alrededor 24/7, y es muy normal no estar preparado para afrontar la tormenta. Somos islas, no inconexas del todo, pero unidas por puentes, a veces endebles, a veces robustos, pero siempre complicados de cruzar. Ojalá nuestro entorno estuviese preparado para acercarnos a los demás, ojalá nuestra educación cultivase la idea de que es tan importante cuidar como ser cuidado. Mutazione, precisamente, viene a hablar de eso. De cómo sobrevivir como grupo es más que llegar al final del día. Es tender la mano a quien lo necesite. Es fortalecerse a base del cariño y el amor. Es afrontar la vida juntos, convertirnos en continentes.

Kai es la protagonista de la historia, una chica de 15 años que es enviada a una isla muy especial para cuidar a su abuelo enfermo. Mutazione es esa ínsula, y es muy diferente a todas las demás. Ha pasado ya un siglo desde que el meteorito Moon Dragon se estrellase allí, catástrofe que se cobró la vida de gran parte de los habitantes. Pero no sólo eso, sino que también torció para siempre el futuro de aquellos que sobrevivieron. Pronto se vuelve aparente por qué la ínsula tiene un nombre tan peculiar, allí residen mutantes. Son distintos, son diferentes, son aquellos a los que otros no se acercan. Tal y como son atípicos en forma, su estilo de vida es ciertamente diferente. Pero no, no son malos. No dan miedo, no buscan venganza por una sociedad que los quiere lejos. Los mutantes tienen clara una cosa: deben cuidarse, sólo se tienen a ellos mismos.

Esta filosofía de vida se puede ver en varias instancias dentro de la historia. La isla, por ejemplo, no tiene un mercado convencional. Hay una tienda, sí, pero no es para gastar dinero, sino para intercambiar objetos. Sus habitantes buscan dar cosas que no necesitan para conseguir lo que les hace falta. El lucro personal queda fuera de la ecuación cuando sólo se comercia esperando que alguien más pueda usar lo que se ha dado. Otro ejemplo, un poco más spoiler, pero que creo que merece la pena mencionar, es el de un nuevo nacimiento en la comunidad. Tras un debate al respecto, los habitantes deciden que la criatura no tendrá un padre y una madre, sino que será criada por todo el pueblo. Todo el mundo tiene algo que aportar, un granito de arena que darle al recién nacido. En Mutazione, el bien propio es el bien común.

Teniendo esto en cuenta, es fácil ver cómo el papel de Kai en el poblado es clave. En los primeros compases del juego, su abuelo le revela que él es, en realidad, el chamán residente. Ahí es donde comienza el viaje espiritual de Kai, que debe aprender los métodos de su abuelo. Pero, ¿en qué consiste esto? Su labor (y la nuestra, como jugadores) será la de crear jardines para ayudar a los demás, este es el grueso jugable de Mutazione. Si bien el foco del juego es, sobre todo, narrativo, también tiene un componente mecánico muy ligero. A lo largo y ancho de la isla iremos encontrando semillas que, efectivamente, podremos plantar. Este es un pequeño aliciente para explorar, lo cual nos llevará a interactuar más con los entornos y personajes que vayamos encontrando (pues éstos van cambiando de localización a medida que avanza la historia).  Pero, ojo, no nos valdrá con hacer las cosas al tuntún, sino que se nos pondrán una serie de pautas en cuanto a qué plantas podemos plantar, y dónde hacerlo. A la hora de tomar estas decisiones, veremos que cada planta tiene un instrumento musical asociado. A través de las distintas combinaciones, podremos ejercer de director de orquesta, crear un jardín que no solo sea estéticamente bonito, sino que resuene con lo que estamos buscando transmitir. La naturaleza tiene un papel muy importante en el juego, Kai aprender a entender y entenderse a través de un contacto sensorial y astral con la isla. Las palabras pueden poner en peligro nuestra comunicación, pero la música, el lenguaje del alma, es un canal perfecto para conectar.

Si bien es verdad que cultivar jardines tiene mucho encanto, y es una idea muy original, la verdadera miga del juego yace en su historia y, sobre todo, en sus personajes. Es irónico que, estando la isla tan llena de mutantes, éstos estén tan humanizados. El kit de prensa del juego dice: “Pueden sobrevivir al apocalíptico choque de un meteorito, pero ¿pueden sobrevivir su culebrón de pueblo?”, y culebrón es lo que hay en Mutazione. Las buenas gentes de la isla tienen, además de personalidades bien marcadas, escritas y desarrolladas, bastantes inquietudes y problemas de niveles bastante variados. Es importante decir que, al hablar de drama, la cosa se aleja bastante del melodrama, los conflictos personales del juego tienen los pies bien puestos sobre la tierra y crean dinámicas muy creíbles. Nuestra labor de chamán, también, está pensada desde un punto de vista austero. Ayudamos, sí, y el papel de los jardines es esencial para esto, pero Kai no es la solución a todos los problemas. Su figura no es mesiánica, sino una mano tendida.

Cuando pienso en el juego comparándolo con historias similares hay dos elementos temáticos que resaltan. Son definitorios de la filosofía del título. El primero es cómo Mutazione trata la resolución de problemas con mucha madurez y conciencia. Esto se evidencia, sobre todo, en uno de los arcos de personaje, quizás el más duro de todos. Sin entrar en terreno de spoilers, diré que es una verdadera tragedia y que, mientras que nuestro papel sirve para levantar los ánimos y ayudar a mirar hacia adelante, Kai no cierra la herida. ¿Cómo podría? Los esfuerzos de una persona no pueden ser milagrosos, pero sí convertirse en el primer paso hacia la aceptación y la curación. El jardín y el chamán no son comodines o elixires. La otra noción fundamental del título es que no se puede vivir solo. Muchas personas estamos acostumbradas a intentar ayudar siempre que podemos, pero quizás no a recibir esa ayuda, o al menos no a buscarla. Considero que esto es algo normalizado, que viene directamente desde el aislacionismo social que mencionaba al principio. Nos relacionamos con otros, sí, pero quizás hay ciertas puertas que nos cueste abrir. La frase “es que no quiero molestar” es una que he oído repetir una infinidad de veces, y por algo será.

Mutazione brilla donde muchos guiones de videojuegos fracasan: sus personajes están muy bien humanizados y basados en lo mundano; sus temas están muy bien llevados y presentados, además de transmitir un mensaje que, lamentablemente, a veces se echa de menos dentro del panorama social en el que estamos. Creo que hacen falta más obras culturales que se centren en hablarnos sobre nuestro lugar en la sociedad y las problemas que podemos afrontar en los círculos sociales. Salvar el mundo está muy bien, y entiendo por qué es una premisa tan popular, pero pensar en cómo ayudar a los demás y ser felices con nuestros seres queridos es tan refrescante como necesario.

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